Música para sentirse 'Vivo'

Esta es la más reciente producción de una banda que involucra elementos tradicionales en una propuesta que no tiene nada de tradicional.

El primer álbum de la banda se tituló ‘Pelao’. / Cortesía: La Chiva Gantiva - Damien Gard

El tema de la nacionalidad es una de las cosas que más sobresalen en La Chiva Gantiva. En varias entrevistas explican que, sí, son colombianos, belgas, vietnamitas, franceses; que en otra época tuvieron a alguien de Japón en sus filas. La cosa inquieta porque en la aparente contradicción que habita esta banda sin patria fija, aunque con domicilio en Bruselas, lo que sobra es ritmo: hay música colombiana y africana, tambora, guacharaca, clarinete, saxofón. Hay un flamingo rosado que pende de la cabeza del cantante durante sus conciertos. Hay una variedad muy particular de rock que no riñe con las maracas y con la voz que de tanto en tanto se resbala hacia el francés y un poco más adelante sigue cantando: “Chofer, chofer / más velocidad / espiche la chancleta y verá cómo le va”. (Escucha aquí ‘Vivo’, el más reciente sencillo de La Chiva Gantiva)

El coro lo repiten cientos de personas en un festival en Portugal, en Inglaterra, en un teatro en Bélgica, algunos bares de Bogotá, un escenario en Medellín. En cierto momento del concierto, el público va de izquierda a derecha, de derecha a izquierda; en el fondo apenas hay algo de guitarra y un bajo que sostienen la melodía de una canción que devino en actuación colectiva. Poco más adelante, los espectadores están de rodillas. El truco suele no fallar: salas grandes, salas pequeñas, todas a sus pies, literalmente hablando.

“Hoy en día ya todo tiene su precio. / Tú me comercias, yo te comercio. / Si no te pagan ya no haces nada. Si no es por plata no mereces nada / Y al final yo no comprendo a cuánto precio te aprecio. ¿Cuánto precio tiene tu tiempo? / El valor tiene mareo”.

Para el verano del año pasado, La Chiva habitaba el piso sobre un bar en el centro de Bruselas, un lugar medianamente abandonado convertido en estudio de grabación. Tres cuartos adaptados para el ensayo, colchones en las paredes para insonorizar, micrófonos comprados, micrófonos prestados, un computador y las letras y algunas melodías para Vivo, el segundo álbum de una banda que “no suena como si lo estuviera intentando, sino que es”.

Las palabras son de Joel Hamilton, productor del disco, un hombre que se ha parado detrás de la música de artistas y bandas como Pretty Lights, Gaby Moreno, Tom Waits y Bomba Estéreo. La llegada de Hamilton se traduce en una pesadez intencional, un adjetivo que no designa lentitud o densidad, sino un peso musical que arriba en forma de una guitarra distorsionada que invita, bueno, a mover la cabeza, a moverla duro mientras suenan un saxofón, una tambora, y la voz se va alzando para cantar “Refregando restregando ando y el otro estrenando”.

Punk es una palabra que ha sido escrita varias veces para intentar describir la música de esta agrupación. Y, claro, no es punk lo que hacen, aunque tampoco habría demasiadas etiquetas musicales para encasillar lo que propone el grupo. Quizá alguien hablaría de “música del mundo”, un cajón amplio (que parece contener todo y al mismo tiempo nada) en el que se encuentran miles de propuestas que suelen partir de un sonido autóctono. La Chiva toma, en efecto, elementos tradicionales, pero su destino no es nada tradicional, aunque sí un lugar pleno en sabor y matices.

Lo del punk se ve en el camino que recorre el grupo, en sus presentaciones en vivo, con el flamingo que se mece rápido en la cabeza de Rafael Espinel, el cantante, mientras éste contribuye con la percusión para luego cantar cosas como: “Da dolor en la barriga cuando todo se contamina / me está oprimiendo la cabeza y ni me salva buscapina / es que yo ando acelerado porque aquí todos están armados / de los pies a la cabeza, pura fibra, peso y pesa”. Lo del punk es todo un asunto que, más que una actuación para un público, se siente como la constante despreocupación que emana de una música hecha para el goce, para mover la cabeza y hacer caso cuando el grupo pide en vivo que todo el auditorio se agache y vaya de izquierda a derecha.

¿Qué ha cambiado en la banda desde sus primeros días? La Chiva acaba de regresar de una serie de conciertos en Benín, África. “Allá alguien nos decía que, eventualmente, todo el mundo será mestizo”. Lo que cuenta Espinel, la imposibilidad de ser de un solo lado, en últimas podría pasar por el alma musical del grupo. “El mestizaje es la música del futuro. Este es un grupo que se volvió más que todo universal. Es cierto que tenemos una raíz colombiana que nadie podrá quitarnos; por más que no utilicemos instrumentos colombianos, igual se va a sentir. Pero hay tantas mezclas que se pueden hacer, tantos universos posibles, que uno no puede quedarse frenado en una sola cosa”.

“Pégate un vuelto / por las tierras del pelao / pa’ que sientas lo que sienten los que bailan apretao. (…) Venga, monito / péguese un vuelto / por estas tierras del pelao / pa’ que le apriete / pa’ que lo goce / pa’ que lo sienta (…) Que lo gozo /que lo siento / yo te lo digo, que esto viene de adentro / que lo goce / que lo sienta / que lo ponga a vibrar a todo el planeta”.

 

 

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@troskiller

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