Extractos literarios

Nacionalismo y Notting Hill (De Chesterton)

Un día deambulaba yo por las calles de North Kensington contándome historias a mí mi mismo sobre salidas y asedios, a la manera de Walter Scott, e intentando vagamente aplicarlas a la selva de ladrillos y cemento que me rodeaba.

G.K. Chesterton, quien escribió que "Una nueva filosofía generalmente significa en la práctica la alabanza de un viejo vicio". Cortesía

Un día deambulaba yo por las calles de North Kensington contándome historias a mí mi mismo sobre salidas y asedios, a la manera de Walter Scott, e intentando vagamente aplicarlas a la selva de ladrillos y cemento que me rodeaba.

Sentía que Londres era ya demasiado grande y destartalada para ser una ciudad, en el sentido de ciudadela. Me parecía mayor y más destartalada que el Imperio Británico. Inexplicablemente mi mirada se detuvo cautivada ante la visión de un pequeño bloque de tiendecitas iluminadas y me divertía imaginando que ellas serían las únicas en preservarse y defenderse como una aldea en medio de un desierto. Encontraba emocionante contarlas y darme cuenta de que contenían las cosas esenciales de la civilización: una farmacia, una librería, una tienda de comestibles y un bar. Y por último, para gran regocijo mío, había también una pequeña tienda de antigüedades erizada de espaldas y alabardas, destinadas obviamente a pertrechar a la guardia que lucharía para defender aquella sagrada calle.

Me preguntaba vagamente qué atacarían o hacia dónde avanzarían, y, al mirar hacia arriba, vi, gris en la distancia, pero que parecía tener una inmensa altura, la Torre de las Aguas junto a la calle donde yo había nacido. De repente, se me ocurrió que la toma de la Torre las Aguas podía significar la posibilidad real de una acción militar en la que se inundara el valle; y con aquel torrente y aquellas cataratas de aguas imaginarias, me vino a la cabeza la primera idea fantástica de una historia titulada El Napoléon de Notting Hill.

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Traducción y notas de Olivia de Miguel

Autobiografía. Barcelona. Acantilado. 2003. Págs. 121-122.

 

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