La fábrica de sueños

Naná Vasconcelos: El rey viajero de las artes vivas*

Otro de los músicos a los que en este libro (Músicos del Brasil) agrupé bajo el título de Generación del 44, es Naná Vasconcelos (Recife, estado Pernambuco, 2/sept/44; 2/ago, para el Diccionario del Jazz, de Carles, Clergeat, Comolli et al.): percusionista, compositor, pedagogo.

Juvenal de Holanda (Naná) Vasconcelos, nacido el 2 de agosto de 1944 en Recife, Pernambuco, Brasil, y fallecido el 9 de marzo de 2016 en la misma ciudad. Cortesía

Cualquier injusticia contra una sola persona,

representa una amenaza hacia todas las demás.

Montesquieu

 

A los doce años toca con su padre, guitarrista, y en la banda de la ciudad. Arranca su carrera como baterista en un cabaret de Recife, antes de convertirse en percusionista de la orquesta municipal y de trabajar con el cantante y compositor Gilberto Gil. En 1967 se muda a Río y luego a Capibá, donde conoce a Milton Nascimento, con quien graba dos LPs. Naná Vasconcelos, voz y percusión, y Milton Nascimento, guitarra y voz, en el tema São Vicente, título dado por el nombre de una de las islas del archipiélago de Cabo Verde, en el océano Atlántico, frente a las costas de Senegal. De São Vicente, a propósito, es oriunda la cantante de fado portugués Cesária Évora (1941-2011) (1) Hasta 1970, la vida de Naná se divide entre Río y São Paulo; se presenta con el guitarrista Nelson Angelo, el cantante Geraldo Vandré y la cantante Gal Costa. El futuro socio de Naná, Hermeto, con su Quarteto Novo (“grupo que influenció en el Brasil a casi todos los grupos y que surgió gracias a la idea de Geraldo Vandré”, H. Pascoal) integrado además por Heraldo do Monte, Théo de Barros y Airto Moreira, acompaña al cantante Geraldo Vandré en el III Festival de Música Popular Brasileña (MPB), 1967. (2)      

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Con dicha colaboración, Angelo-Vandré-Costa, Naná Vasconcelos comienza a hacerse célebre: en 1970, compone la banda sonora de Pindorama (1970), ópera-prima de Arnaldo Jabor que participó en Cannes/71 y fue rodada en el auge de la represión de la dictadura militar en Brasil (1964-1985) durante los Años de Plomo (1969-74), que coinciden con el régimen que les dio tan deshonroso título, el de Emílio Garrastazu Médici. En la lengua genérica de los indios, el término pindorama significa tierra de los árboles altos y en dialecto tupí-guaraní, pindó-rama o pindó-retama, tierra de las palmeras: una designación pre-cabralina (por el descubridor Pedro Álvares Cabral, 1467-8—1520-6) dada a regiones que más tarde formarían al Brasil y, por extensión, el nombre indio por excelencia del vecino lusófono. El filme narra la historia de una ciudad imaginaria en el Brasil del siglo XVI y es una alegoría sobre los orígenes de la formación del país en la que se mezclan guerras, negros, indios, colonos y aventureros.

Al hacer mención de la dictadura brasileña, no puedo obviar un hecho que es más que una coincidencia. Ya en los capítulos dedicados a Veloso, Lôbo y Buarque, por obvias razones había hecho énfasis en tal situación. Mientras trabajaba en el ensayo sobre Naná Vasconcelos encontré una noticia del diario El Mundo aparecida en El Espectador del 15/mar/2012: “La dictadura, una herida abierta en Brasil”. Y en el subtítulo, lo que ya se esperaba: “Hay malestar en varios sectores militares por la creación de una Comisión de la Verdad”. Lo que, en otras palabras, quiere decir que por primera vez en la historia se investigarán los crímenes de lesa humanidad cometidos por miembros de la dictadura militar (1964-1985), la misma de “el día que duró 21 años”. Todo a raíz del caso de un coronel de la reserva del Ejército brasileño: “El 14 de marzo de 2012 fue presentada la primera demanda penal por estos crímenes. Un grupo de procuradores presentó a la justicia de Marabá (estado amazónico de Pará, donde actuó la guerrilla del Araguaia) una denuncia que acusa al coronel de la reserva del Ejército Sebastião Curió Rodrigues de Moura del ‘secuestro’ de cinco exguerrilleros en los años 70, ‘hasta hoy desaparecidos’, informó el fiscal Tiago Rabello”. Hecho histórico dados la ferocidad y el horror de quienes, como en 1984, de Orwell, hicieron del ministerio del amor el ministerio de la tortura, siempre con el patrocinio de EE.UU. Por eso, hay que respaldar con valor la decisión de Dilma Rousseff: “Resulta fundamental conocer el pasado, sobre todo el más reciente cuando muchos brasileños fueron encarcelados, torturados y asesinados”, aseguró la 1ª presidenta. Y es que la iniciativa de revisar la amnistía de 1979 para poder enjuiciar a los torturadores militares y civiles de esa oscura época del país, propuesta por Lula da Silva antes de dejar el poder, levantó ampollas entonces e incluso provocó primero la protesta y luego la renuncia del ministro de Defensa, Nelson Jobim. El tema parecía haber quedado quieto hasta nov/2011 cuando Dilma Rousseff sancionó las leyes que dieron luz a la Comisión Nacional de la Verdad. El 10/dic/2014 salió a la luz la relatoría final de dicha Comisión en el diario Folha de São Paulo. (3)

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Noticia que me hizo pensar, los ecos de Cálice al fin han sido escuchados y tal vez no sea vano el trabajo realizado con pasión sobre alguien que fue víctima de la situación descrita, víctima de un error que puso en peligro a los demás, como ha sido el caso del viajero, a veces negado, Naná Vasconcelos. En efecto, en 1974, Egberto Gismonti aceptó una invitación para tocar en un festival en Berlín y pidió a Hermeto y a Naná reunirse con él en su presentación. Al volver a Brasil, en 1975 recibió una carta de Manfred Eicher, de ECM, invitándolo a grabar con ellos. Al ignorar el valor futuro de tal invitación, aplazó la respuesta hasta fines del 76, para luego aceptarla, imaginando que podría grabar con el grupo brasileño con el que tocaba entonces: Robertinho Silva, batería y percusión; Luíz Alves, bajo; Nivaldo Ornelas, saxofón y flauta. Sin embargo, la dictadura militar impuso precios demasiado altos para salir del país, por lo que finalmente viajó solo a grabar. Así, Gismonti iba a Noruega para comenzar la que sería la explosión de su carrera internacional al lado, entre otros, del saxo Jan Garbarek.

Pero como no todo ha de ser color de hormiga, más tarde, ya en Noruega, Gismonti se reunió con Vasconcelos, a quien le explicó el concepto del disco. Se trataba de la historia de dos jóvenes vagando a través de un denso y húmedo bosque tropical, lleno de insectos y animales, manteniéndose siempre a 180 metros de distancia uno del otro. Sabía que Naná aceptaría sin dudarlo y lo hizo. Su primer disco con ECM, Dança das cabeças (1976), recibió diversos reconocimientos internacionales, fue nominado a álbum del año por Stereo Review y obtuvo el Grosser Deutscher Schallplattenpreis, a la vez que recibió disparatadas categorizaciones que reflejan la riqueza cultural de Brasil y la incomprensión de la crítica: en Gran Bretaña, se le llamó pop; en EEUU, folclore; en Alemania, música clásica. De dicho álbum se escuchará el tema que le da título, en una interpretación que coincide con el vigésimo aniversario de su estreno y que se efectuó en el Kaiser Bock Winter Festival, Plaza de la Paz, Parque Ibirapuera, de São Paulo (30/jun/1996). Naná, voz y percusión, y Egberto, guitarra de 10 cuerdas. Ya el oyente conoce tres categorías de las que no hace parte el álbum Dança das… ¿A cuál otra cree el mismo oyente que corresponde realmente, conociendo el sonido, la Weltanschauung, las búsquedas artísticas de Vasconcelos y, como se ha visto, las de Gismonti? (4)           

Hacia 1975, Naná conoce al saxo tenor argentino Leandro Gato Barbieri (1932 o 34-2016), quien lo lleva a NY. Allí, igual que su colega Airto Moreira, se relaciona con la nata de la crema jazzística y participa con ella en diversos festivales de verano y en giras por Europa. Graba también con el trompetista Don Cherry (1936-1995), el saxofonista, clarinetista, compositor y arreglista Oliver Nelson (1932-1975), el violinista, teclista y compositor francés Jean-Luc Ponty (Avranches, 29/sept/42). De este último es el álbum de fusión Storytelling, de 1989, para Columbia Records, que no debe confundirse con el homónimo de Naná Vasconcelos grabado en 1995: dichos álbumes tampoco tienen que ver con el filme Storytelling (2001), del gringo Todd Solondz. Al ser imposible escuchar a todos, o sea, a Cherry, Nelson y Ponty, con Naná, se ha escogido el trabajo del free-jazzman Don Cherry en una presentación de 1994, con ocasión de los muy promocionados Conciertos Heineken, llevados a cabo en el Hotel Nacional, de Río, y en el Palace, de São Paulo, con un tema en el que Naná se anima con la batería dentro de una atmósfera netamente jazzística, enriquecida con la labor de Hugo Fattoruso, piano; Cherry, trompeta y dsoughoni; Carlos Ward, saxofones; Vernon Reid, guitarras; Bob Stewart, tuba; Arthur Maia, contrabajo; Marçalzinho, percusión. (5)        

Toda su vida Naná prefirió los instrumentos de percusión y en la década de 1960 se hizo conocido por su talento para el berimbau, en el cual fue/es un auténtico maestro a la vez que un verdadero embajador, no siempre voluntario. Como no han sido voluntarias las embajadas musicales de Caetano Veloso, Edu Lôbo o Chico Buarque. Un chiste brasileño dice que el berimbau es un instrumento tan aburridor como el acordeón: quizás eso sea cierto respecto al instrumento típico del vallenato, pero no respecto al del sonido característico de Vasconcelos. Ha tocado con los gringos John Hazle, John Zorn, Ralph Towner y Pat Metheny, el noruego Jan Garbarek y, entre otros, el notable percusionista indio Trilok Gurtu (Bombay, 1951), intérprete de tabla: el instrumento membranófono más popular de la música clásica del norte de India, usado no sólo como acompañamiento rítmico sino también como instrumento solista. La voz tabla se refiere tanto al par de tambores (usados en algunas variantes de música india) como solo al tambor melódico: consiste en un pequeño tambor de madera llamado sidda (tabla, tablá, dayan o dahina) y otro más grande llamado dagga (bayan). El sidda se toca con dedos y palma de la mano derecha, mientras el dagga se toca con dedos, palma y muñeca de la mano izquierda: de hecho, dayan significa derecha y bayan, izquierda. Los tambores se acomodan en dos cojines con forma toroide (como los donuts) llamados chutta, hechos de fibra de planta y envueltos en tela. Naná, berimbau, y Trilok, tabla, interpretan la pieza Dado en el Sant’Anna Arresi Jazz Festival de 2008. La polirritmia resultante produce como efecto uno de los pocos sincretismos agradables. (6)

En 1972, Naná se instala en Francia, donde graba su primer álbum como líder: Africadeus, del cual viene enseguida el tema que da título al LP. Naná, en el berimbau, acompañado por los guitarristas Angelo y Novelli en una pieza evocadora. (7) En 1973, Naná grabó el disco Amazonas. Desde mediados de la década de 1970, repartió su tiempo entre América y Europa. Después de presentarse con los citados guitarristas Novelli y Nelson Angelo, grabó con su también coterráneo el pianista, guitarrista, compositor y creador de escuela Egberto Gismonti (otro empedernido viajero, a veces involuntario) y con el pianista y acordeonista italiano Antonello Salis. Tres años después, aparece Dança das cabeças (1976) en dúo con Gismonti, del cual ya se escuchó el tema que da título al disco. Luego de Dança das Cabeças sale a la luz el LP Sol do meio-dia (1977), también con Gismonti, y en 1978 Kundalini, del cual se ha tomado el tema Always Backwards, con Naná, el clarinetista Perry Robinson (NY, 17/ago/1938) y el tablista indio Badal Roy (Bengal, India, 1945), a través del cual se evidencia que Naná, como Hermeto, pertenece a la élite de la que éste llama música mundial. Los ecos de los ragas, del jazz, de la selva y sus misterios sonoros, no encierran aquí, por contraste, misterio alguno. (8)      

Naná realizó viajes al África y luego en Europa, específicamente en Portugal, graba un disco en uno de los dialectos de Angola, el quinbundo. De vuelta a América, no el país de los gringos sino el continente, participa en sesiones y grabaciones con Don Cherry y forma el trío Jazz Codona que completa el percusionista e intérprete de tabla india y sitar Collin Walcott (Nueva York, 1945-Magdeburg, RDA, 1984), combo con el que entre 1978 y 83 editó tres discos: Codona Vols. 1, 2 y 3, en su orden de 1979, 82 y 83. De esta misma época es el LP Saudades (1979). Del trabajo de Naná con Walcott, acompañados por Aïyb Dieng y Ed Blackwell, en el Woodstock Jazz Festival/81, una pieza en la que los matices indios y jazzísticos rebasan fronteras entre música clásica y música popular para tomar una forma universal, más acorde con los tiempos que corren: con los que se desean, no precisamente con los que hay, como recuerda Gismonti, quien se formó escuchando a músicos tan dispares como el gitano-belga Django Reinhardt y el afrogringo Jimi Hendrix (1942-1970): los logros de éste en la guitarra prueban que las músicas popular y clásica no tienen que estar en las antípodas. (9)      

Al regresar a EEUU, en el mismo año 83, Naná también trabajó con cajas de ritmos y se asoció con jóvenes breakdancers del Sur del Bronx; y grabó con el ya citado Oliver Nelson igual que con Art Blakey (1919-1990), baterista líder de los Jazz Messengers y Tony Williams, el recordado baterista del quinteto de Miles Davis entre 1963 y 69, años del comienzo de su celebridad como miembro de la sección rítmica al lado de Herbie Hancock (12/abr/40) y de Ron Carter (4/may/37). En 1983 y 84 aparecen los álbumes Zumbi y Duas vozes. En 1984, se encuentran Naná y Egberto de nuevo, esta vez para grabar en Australia un trabajo sobre la búsqueda del sonido, del ritmo, del tempo. (10) Y en 1986 surge el álbum Bush dance del cual se escuchará Futebol, una suerte de danza impresionista, con Naná Vasconcelos, voz y percusión. (11) Naná figura también como artista invitado en el álbum Irresistible Forces (1987) del baterista y teclista Jack DeJohnette (9/ago/42), compañero de batallas musicales del pianista y multiinstrumentista Keith Jarrett (8/may/45) y del contrabajista Gary Peacock (12/may/35). La década termina para Naná con la salida, en 1989, de Rain Dance. Y ya en la de 1990 se conocerán diversos trabajos suyos: Vernal Equinox y Lester, de 1990; If You Look far Enough, 1993; el citado Storytelling, del 95 y No tempo da bossa nova, del 97. Del guitarrista argentino, preservador de BN y choro, Agustín Pereyra Lucena, acompañado por el maestro de la percusión Naná Vasconcelos, el tema Bossa Nova. (12)            

Entre los años 2004 y 2006, Naná Vasconcelos produce los álbumes Isso vai dar repercussão, para el sello Elo Music y Boitatá, con Itamar Assumpçao; Chegada; y Trilhas. En 2011 desarrolló el Projeito Língua Mãe con 120 niños de tres continentes, Europa-África-América (a los que pertenecen Portugal-Angola-Brasil) convocados para celebrar el Quincuagésimo Aniversario de la fundación de Brasilia. Entre sus obras más conocidas están Batuque das Águas, San Vicente, Berimbau. Fuera de grabar con Egberto Gismonti y Milton Nascimento ha interpretado a Villa-Lobos. Almir Chediak (XV en Músicos del Brasil) quiso recoger su trabajo en los ya reconocidos Songbooks sobre música tradicional brasileña, pero su propósito se vio truncado por el asesinato, aún sin explicar, del profesor de guitarra, editor y productor, ocurrido cerca de Petrópolis en la sierra de Río de Janeiro, el 1º/jun/2003 y registrado, que se sepa, apenas por El País, de España, el lunes 2/jun del mismo año. Del Proyecto Lengua Madre, el tema Brasília, en el cual Naná canta, co-dirige y se muestra si no como creador de escuela, casos Hermeto Pascoal o Egberto Gismonti, al menos con una gran vocación pedagógica, caso Pascoal Meirelles: como quien sabe que la educación consiste en enseñar a pensar, en no meter muchas cosas en la cabeza sino en meter la cabeza en muchas cosas, en ser ecléctico y en ayudar a vivir libremente y sin temores. (13)

Sin duda alguna, Naná Vasconcelos alcanzó reconocimiento con la versión brasileña del arco musical angoleño, el berimbau. Una sola cuerda de metal tendida sobre un madero se toca con una especie de moneda, empleando una calabaza casi completa pero hueca en su extremo inferior y que se oprime contra el cuerpo del intérprete, como resonador y modulador. En ese instrumento, procedente de Bahía, Naná descubrió una riqueza sin fondo de posibilidades de expresión. En muchos de sus discos, sin emplear instrumentos, hace artes vivas o lo que él llama música corporal, al utilizar su cuerpo como instrumento de percusión: con las manos, los dedos y los pies contra el pecho, estómago y torso, así como sobre los brazos, piernas y hombros, produce los sonidos más diversos, igual que con el berimbau. A partir de ritmos nordestinos, que conoció tan bien como Hermeto Pascoal —hay que señalar que son considerados los dos músicos mayores de esa cantera insondable de músicos que es Brasil— y con ese instrumento de percusión tan simple que para él es su propio cuerpo, Naná recompone una fusión afro-brasileña de sonoridades inéditas y llenas de hechizos de todo tipo: en relación con ellas y con él se ha llegado al colmo de hablar de “música surrealista”, expresión que en realidad no existe sino por el prurito de darle nombre a lo que no lo necesita: a lo que, sencillamente, es mejor oír y sentir. De él se dice que es el único músico que ha aportado al jazz ese tipo de instrumentos, el berimbau y su cuerpo, en los que ha quebrantado la que se creía su función principal, la de acompañamiento: en efecto, no vacila en emplearlos a fondo y en largos solos, para al filo (suspendido) del tiempo terminar por devolverles toda su magia, su misterio, su encanto. Encanto, misterio y magia que, se aclara, no está en los instrumentos mismos sino en la capacidad de trabajo, investigación y desarrollo de la potencia musical de este viajero, no siempre voluntario, Rey del Berimbau… llamado Juvenal de Holanda Vasconcelos, mejor conocido como Naná. Berimbau solo y voz en el Servicio Social del Comercio (SESC) Pinheiros, de São Paulo, en el cierre de la celebración del año de Francia en Brasil. (14)

Antes del cierre, nada mejor que oír tocar a los dos mayores músicos de Brasil, por primera vez juntos, Hermeto, teclados, y Naná, tambor, junto a intérpretes de pandeiros, bajo, saxo tenor y percusiones, en grabación inédita realizada en el SESC Itaquera, Parque do Carmo del distrito de São Paulo, 2004. La relevancia de dicha grabación radica en la calidad de los intérpretes, no precisamente en la del sonido: en todo caso, siempre es mejor ver soles y estrellas donde otros solo notan pústulas y llagas. (15)     

En conclusión, Naná Vasconcelos, además de un avezado percusionista, compositor y pedagogo, es el Rey de un exótico instrumento, para algunos tan aburridor como el típico de cierto y aburrido vallenato, sobre todo de aquel que no se hace con acordeón, caja ni guacharaca. También, otro miembro de la que he llamado Generación del 44 y quien, por su fecha de nacimiento, se ubica entre Chico Buarque y Pascoal Meirelles. Naná alcanzó reconocimiento con la versión brasileña del arco musical angoleño, el berimbau. Por sus condiciones musicales, su concepción intelectual del universo y sus búsquedas artísticas y de expresión puede catalogarse como un colega más de la ya amplia familia de los “músicos mundiales”: los que no obedecen a caprichos de la crítica ni a osadas o arbitrarias categorizaciones; tampoco a tontas diferencias entre música clásica y popular, sino que responden a los hallazgos en la nuez del sonido y no a simplistas catalogaciones de la música. Ha tocado y/o grabado con reputados músicos brasileños y extranjeros: Gilberto Gil, Milton Nascimento, Hermeto Pascoal, Geraldo Vandré, Gal Costa, Egberto Gismonti, Gato Barbieri, Don Cherry, Oliver Nelson, Jean-Luc Ponty, John Hazle, John Zorn, Ralph Towner, Pat Metheny, Jan Garbarek, Trilok Gurtu, entre muchos más. Naná ha sido, además, compositor de bandas sonoras para cine e igual que Hermeto Pascoal es un amante de la naturaleza, sin privilegiar la animal sobre la vegetal o viceversa, pero confiando con desconfianza en la naturaleza humana, por obvias razones: las que lo privaron en alguna ocasión de hacer un viaje para dar a conocer su trabajo allende las fronteras de esa especie de isla continental que es su país.

Pese a todo, uno abierto al mundo y aún, no obstante, con las taras del provincianismo, catolicismo, militarismo, conservatismo, en fin, del atraso promovido por los políticos para su beneficio personal y a su vez para desgracia de todo un pueblo que, aun con todo eso, sigue creyendo en la voluntad política, en la posibilidad de cambio, en el juicio a los responsables por las atrocidades de la dictadura militar y, por contraste, en la apertura a una educación para todos, no para unos pocos privilegiados. Naná hizo parte de ese país distinto y posible como músico y pedagogo que fue y es: un hombre que supo que los niños son fuente de creatividad, antes que depósito de la misma; que los jóvenes están hartos de las promesas de los políticos y ávidos de conocimiento; que los adultos, por su propia condición, no tragan entero, y no solo porque les falten dientes, ni están dispuestos a cohonestar el engaño, la corrupción ni el desangre del Estado. Artista con un amplio oficio de hombre, como desearía (no solo) Rossellini, y quien en su fuero interno quizás contenga el que tampoco es un deseo de onanista solitario ni de lúcido dipsómano: ojalá algún día se entendiera que la educación es y tiene que ser, sin el lastre del deber ser, libre, abierta, independiente, laica y sin prejuicios raciales ni sexuales; que para que la educación deje de ser sinónimo de dirigir, domar, vigilar, adoctrinar y castigar hay que transformarla; que, en últimas y desde el comienzo, la educación está hecha para la libertad de niños/niñas, jóvenes de ambos sexos, hombres y mujeres, no para la obediencia o a la sumisión ni mucho menos —siempre hay que repetir lo obvio— para la esclavitud eterna respecto al sistema financiero en el mundo de la globalización: globalización para lo perverso y lo dañino, no para mejoramiento del ser humano ni de lo que en él subyace antes que, como promesa, como potencia de acto, evidencia de realización, logro de hecho. Por todo eso, se hace clave el trabajo hecho sobre una víctima de los desafueros del poder, injusticia que puso en peligro a sus coterráneos, como ha sido el caso del viajero, a veces impotente para serlo y otras para hacerlo, Naná Vasconcelos. Rey de las artes vivas antes que del berimbau y embajador cultural del Brasil por el mundo, más allá de fronteras geográficas o musicales. Ahora que tanto se cita la inminente muerte del arte, más bien su asesinato por los políticos enemigos además de la educación y la cultura, nada más grato/necesario que presentar su vida y obra, detrás de lo cual el atropello del que fue víctima rebasa al Brasil y, hoy más que nunca, acecha al resto de la única raza que hay, la Humanidad. (16)

Notas:

(1) http://www.youtube.com/watch?v=ltLNHls9FR0&feature=endscreen&NR=1 (3:42)

(2) http://www.youtube.com/watch?v=na4oXQcmxAU (2:04)

(3) https://www1.folha.uol.com.br/poder/2014/12/1560369-acesse-a-integra-do-relatorio-final-da-comissao-nacional-da-verdade.shtml

(4) http://www.youtube.com/watch?v=K1EwZPvdmvw (11:57)

(5) http://www.youtube.com/watch?v=mIZDGch9YAc&NR=1&feature=endscreen (9:46)

(6) http://www.youtube.com/watch?v=tJi9LRq7iNc&NR=1&feature=endscreen (9:22)

(7) http://www.youtube.com/watch?v=uH7Fr1I0dTw (10:07)

(8) http://www.youtube.com/watch?v=GvL6R11PWlA (15:46)

(9) http://www.youtube.com/watch?v=XG1NmFxrrw8 (6:47)

(10) http://www.youtube.com/watch?v=NCw8HfpFZ6Q (10:00)

(11) http://www.youtube.com/watch?v=Y9EN0Pell8g (3:30)

(12) http://www.youtube.com/watch?v=bAlu-RjZlR8 (2:13)

(13) http://www.youtube.com/watch?v=jcaMafJXing (6:44)

(14) http://www.youtube.com/watch?v=HwP52ZA0Rik (6:19)

(15) http://www.youtube.com/watch?NR=1&list=AVGxdCwVVULXfYCtQDBGL-dXk47lpaaw16&v=FOwZGGaW_fg&feature=endscreen (6:49)

(16) http://www.youtube.com/watch?v=Tbj9-i7XlN4&feature=endscreen&NR=1 (10:03)

 

* Este es el capítulo IX (de XV) del libro inédito "Músicos del Brasil".

 

** (Bogotá, Colombia, 1957) Padre de Santiago & Valentina. Escritor, periodista, crítico literario, de cine y de jazz, catedrático, conferencista, corrector de estilo, traductor y, por encima de todo, lector. Colaborador de El Magazín de EE, desde 2012, y columnista, desde el 23/mar/2018. Corresponsal de revista Matérika, Costa Rica. Su libro Ocho minutos y otros cuentos, Colección 50 libros de Cuento Colombiano Contemporáneo, fue lanzado en la XXX FILBO (Pijao Eds., 2017). Mención de Honor por Martin Luther King: Todo cambio personal/interior hace progresar al mundo, en el XV Premio Int. de Ensayo Pensar a Contracorriente, La Habana, Cuba (2018). Invitado por UFES, Vitória, Brasil, al III Congreso Int. Literatura y Revolución – El estatuto (contra)colonial de la Humanidad (29-30/oct/2019). Autor, traductor y coautor, con Luis Eustáquio Soares, en portal Rebelión. E-mail: [email protected]

 

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