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Naomi Klein: lo que esconden las crisis en tiempos del libre mercado

La pensadora canadiense ha sido citada en los últimos días por su libro “La doctrina del shock”. En este libro, publicado en 2007, se manifiesta cómo los gobiernos derechistas han aprovechado las crisis para aplicar medidas económicas que benefician al sistema y condenan la desigualdad.

Naomi Klein, autora de textos como "No logo: el poder de las masas", "La doctrina del shock" o "Esto lo cambia todo".EFE

A raíz de las entregas de Relatos y reflexiones en El Espectador, donde le apostamos a darle voz a filósofos, escritores, antropólogos, sociólogos y demás profesiones que brinden una mirada paralela a la crisis sanitaria, económica y social, decidí hablar con Germán Bula, profesor de filosofía de la Universidad de La Salle y miembro de la Asociación colombiana de filosofía para pensar en las consecuencias que trae el contexto de la pandemia y del aislamiento. Entre las preguntas le pedí que nos recomendara a todos algunos libros para entendernos como individuos y también como sociedad. Como parte de la respuesta respondió que “Para el aspecto político de la situación, recomendaría “La doctrina del choque” de Naomi Klein, que explica cómo las fuerzas de ultraderecha aprovechan situaciones de crisis como esta para implementar ideologías extremistas”.

Traer a colación su recomendación y hablar de la postura contraria que la periodista y escritora canadiense ha tenido al hablar del capitalismo y el modelo neoliberal sirve entonces para pensar en una nueva postura política ante la crisis, reconociendo cuáles son esos movimientos que aprovechan los gobiernos para implantar reformas que pueden afectar a la ciudadanía. En el libro ya mencionado, Klein aborda los planteamientos del que es considerado el padre del neoliberalismo: Milton Friedman.

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Empezando por el golpe de Estado y la posterior dictadura de Augusto Pinochet en Chile, donde Friedman fue asesor del general, pasando por otros acontecimientos que marcaron una crisis social, política y económica en varios lugares del mundo en la segunda mitad del siglo XX y terminando en un análisis del libre mercado y su postura de acecho para aprovechar las coyunturas, Klein termina exponiendo un comportamiento que parece ser común y que hace pensar que muchas de las crisis terminan siendo deliberadas y planeadas para lograr acomodar las reformas económicas que terminan beneficiando la competencia de las élites a nivel mundial.

La dictadura de Videla en Argentina;  la Guerra de Las Malvinas, que sirvió para amilanar la crisis de los mineros en Inglaterra con Margaret Tatcher; la masacre de Tiananmen en 1989 en China, el ascenso de la oligarquía en Rusia en 1993; el ataque de la OTAN contra Belgrado en 1999 y el ataque a las Torres Gemelas en 11 de septiembre de 2001 son algunos de los sucesos que menciona Klein como una “antesala para la terapia de shock económica”.  Recesiones económicas y otro tipo de sucesos que desencadenaban cambios, tal como lo fue la catástrofe natural del huracán Katrina en New Orleans, y en donde también influyó la opinión de Friedman, son aprovechados por los gobernantes para implantar reformas que terminan privatizando lo público, fortaleciendo las teorías del libre mercado y aumentando el poder de los emporios, mientras que el Estado y la ciudadanía promedia se debilitan por una economía que no había dejado de disminuir su brecha.

Ahora, con la crisis económica desatada por la pandemia del COVID-19, la teoría de Klein sobre la ventana de oportunidad que tienen los gobiernos, en especial los que tienen tendencias a los totalitarismos, cobra fuerza, y más cuando la preocupación que más expresan, por detrás de un falso interés por la vida, es el de salvar la productividad y con ello la economía. Y podrá estar alejado de la realidad y leerse romántico, pero no es un secreto que las mentes de estas últimas generaciones han venido aumentando su eco para decir que el sistema debe pensar más en la vida y menos en el capital, pues ha sido esto último lo que más nos ha deshumanizado.

Por medio de una transmisión en YouTube, la pensadora canadiense afirmó que el sistema “siempre ha estado dispuesto a sacrificar la vida a gran escala en aras de la ganancia (…) “Esa es la historia del colonialismo, de la trata transatlántica de esclavos, de las intervenciones estadounidenses por el mundo... Es un modelo económico empapado en sangre”.

La deshumanización se ha dado por medio de las cifras. Y hablar de la reactivación de la economía por encima del cuidado general de las sociedades es un planteamiento que parece imponerse sin opción alguna de ser desmontado. No se trata de desconocer que el ser humano requiere del dinero para sostener su hogar, su familia y sus necesidades básicas. No obstante, el mayor triunfo del sistema es ese: hacernos creer que la economía prima por encima de la vida, que el bienestar depende del capital.

“Debido a nuestra profunda crisis ecológica, debido al cambio climático, es la habitabilidad del planeta lo que se está sacrificando. Es por eso que debemos pensar qué tipo de respuesta vamos a exigir, y esta tiene que estar basada en los principios de una economía verdaderamente regenerativa, basada en el cuidado y la reparación”, afirmó Klein, haciendo alusión a que las exigencias que deben surgir como consecuencia de este tiempo deben ir encaminadas hacia un modelo diferente, haciendo que sea un imperativo el interés universal por el cuidado del medio ambiente y de la vida en general, tal vez apostándole a una idea progresista que propende una mirada menos capitalista y mucho más responsable con el modo en que podemos llegar a producir y habitar el mundo.

La pensadora canadiense finalizó su intervención en YouTube con una idea que se ha hecho recurrente, que incluso viene desde La Peste de Albert Camus, donde se señaló que la distancia, a manera de paradoja, es lo que nos volverá a unir, es lo que tenía que suceder para ocasionar un despertar, un nuevo movimiento o el impulso que hacía falta para volver a agrupar las causas dormidas y darles por fin un sentido y una realización en un mundo que estaba inconforme, pero que tampoco se atrvía a reaccionar contra los gobiernos que abanderan la democracia mientras piensan cómo hacerse más ricos debajo de las grandes mesas donde se planea el futuro de una nación: “Estoy muy esperanzada por las formas que tienen las personas para colaborar en estos momentos, y eso conlleva una ironía, porque es cierto que nunca hemos estado tan distanciados físicamente, pero tal vez es debido a la distancia física que estamos tan decididos a llegar uno hacia el otro”. 

 

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Andrés Osorio Guillott

Cultura

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