'La Nena' Jiménez: una mujer en tonos mayores

Durante más de 40 años fue la voz femenina del humor subido de tono en Colombia.

Más de una vez se escapó de Dios y de las monjas salesianas de Medellín para ocultarse en la última fila de un cine barato a ver una película de María Félix. Más de una vez se encerró con llave en la habitación de su madre para maquillarse con sus coloretes y creerse Sarita Montiel. Entonces cantaba. Pasaba de la melancolía de las canciones que le escribía Agustín Lara a la Félix, a la alegría de El último cuplé. Bailaba y, cuando la dejaban sola en casa, encendía la vieja radio de sus padres y sintonizaba un programa de humor, lleno de interferencias, que guiaban Mario Jaramillo y Jorgito. Eran tiempos de radio. De imaginación. De lecturas prohibidas, de rosarios y procesiones, pecados, el infierno, Dios se apiade de tu alma, el Diablo está en las palabras. Ella había aprendido a leer antes que a hablar, o eso decían. Y a oír antes que a repetir.

De la radio aprehendió sus primeros cuentos. Blancos, lozanos, cuentos que podía referirles a sus compañeras de colegio. Luego, el tono fue subiendo. El tono y la vida, porque se enamoró de un hombre mucho mayor que ella. Un hombre prohibido, viejo amigo de su padre, que había fallecido cuatro años antes. Como escribió la periodista Adriana Pacheco en 1991, era un “hombre apuesto, adinerado, con una sólida posición social, varonil”. Apenas cumplió 18, Rosa Helena Jiménez se casó. Luego llegaron los hijos. Uno, dos, tres. Y de nuevo el enclaustramiento. De nuevo las prohibiciones. Como cantaría mucho tiempo después Silvio Rodríguez, “Una buena muchacha de casa decente no puede salir, qué diría la gente el domingo en la misa si saben de ti, qué diría Dios”.

El matrimonio y la maternidad la agobiaron. Sus cuentos, su humor, quedaron relegados para reuniones muy íntimas con amigas de confianza. Durante siete años, su vida fue un constante y rutinario ir de la casa a la iglesia y de la iglesia a la casa. Un día, sin embargo, poco después de cumplir 25, dijo y gritó basta, se acabó. Se marchó y pidió el divorcio y la gente la señalaba en la calle y no la dejaron volver a entrar a misa. Ella amaba y desamaba sin la iglesia y sin la ley y, para terminar de enredarlo todo, le había dejado los hijos a su exmarido. “Fui la comidilla de Medellín, ya que en esa época nadie se imaginaba que las mujeres se separaran y mucho menos que dejaran a sus hijos al cuidado del padre. Él quiso tenerlos y yo se los dejé”.

Lo único que le hacía falta para completar el retrato de “pecadora” era contar sus chistes en la calle. Y lo hizo. Lo hizo, disfrazada de vendedora de seguros. Su fama trascendió, hasta que una tarde cualquiera de 1968, Guillermo Estrada Gómez, un ejecutivo, le propuso que fueran a ver a los hermanos Fuentes, de Discos Fuentes, y allá le grabaron un disco que luego fue copiado sin autorización de nadie. Rosa Helena Jiménez comenzaba a ser ya ‘La Nena’ Jiménez. Su voz retumbaba por toda Medellín, pero ella tenía que seguir viviendo de vender seguros. A principios de los setenta, en 1974, los Fuentes la volvieron a citar para extenderle un contrato. La grabaron de nuevo y le prensaron un disco, Chistes de color, que se multiplicó por miles. Cuando le preguntaban si era ella la de los chistes subidos, respondía que no, que no eran ni su voz ni sus cuentos los que estaban ahí. Sin embargo, un año más tarde tuvo que responder que sí. La fama había empezado.

Sus cuentos, su irreverencia, su tono de aguardiente y sus improvisaciones la llevaron a grabar más de 25 obras y a presentarse en los más recónditos escenarios del mundo. Su estilo, en ocasiones criticado, en otras aplaudido, marcó una época. “En el chiste no hay pornografía, sólo diversión”, decía. Hasta que ella irrumpió, nunca una mujer se había atrevido a contar chistes subidos de tono. Quizá por eso, pocas veces aceptó presentarse en televisión. Su público, al fin y al cabo, era particular, siempre fue exclusivo. “Yo representaba un enigma para el público”, solía repetir. Era y fue un enigma, desde el día de su nacimiento en una fecha y un lugar que pocos conocieron, hasta ayer.

La Nena en twitter

@bacteriaopina Cambio a Suso y Alejandra Azcárate por la Nena Jiménez.

@ErikaFontalvo Murió la gran humorista y comediante, la Nena Jiménez! Paz en su tumba. Abrazo solidario para su familia y amigos cercanos. Triste la risa.

@diazsalamanca Se nos adelantó en el camino ‘La Nena Jiménez’, humorista que hizo reir a los colombianos por varios años, con su humor verde.

@gusgomez1701 GustavoGómezCórdoba Miriñaques, pingüiñoños y estrolines, de luto por la muerte de la Nena Jiménez.

@FernanMartinez La Nena Jiménez era ecológica por lo Verde. Humor sostenible.

@bocasdeceniza Camilo Jiménez La #NenaJiménez es tía mía por parte de puta madre.

@radnalcolombia El humor colombiano de luto tras la muerte de ‘La Nena Jiménez’.

@damianoficial Paz en la tumba de La Nena Jiménez, gran humorista colombiana... El arte de luto!!!

@afcardozo Como diría la finada Nena Jiménez: “el mundo es muy picho, pero entre más picho más me gusta”.

@Jairitoe En mi niñez, un casete de La Nena Jiménez era equivalente a la Caja de Pandora.