Ni tango que queme al santo…

Los ecos de tango y el folclore son inevitables en su música, la experiencia de oírlo es única. Esa es la gran característica del sonido Saluzzi: que remite a muchas cosas y a la vez a nada que haya alguien escuchado antes.

Dino Saluzzi. / Fundación Salvi

Cuando se le hace notar al músico Dino Saluzzi que probablemente nadie ha estado tan al servicio de la vanguardia y las búsquedas sonoras cercanas al tango como él, después de Astor Piazzolla, simplemente responde, como lo hizo ante el autor de estas líneas en Buenos Aires en 2013, después de un concierto: “Tal vez sea así, qué sé yo. He tocado con tanta gente, con tantos músicos populares y clásicos... Yo agradezco ese comentario profundamente, pero de eso no sé nada”.

Es que detrás de la ejecución de este virtuoso del complejo instrumento aerófono alemán, nervio y alma del tango y de algunas músicas folclóricas argentinas, se encuentra un pensador que siempre alude a la raíz como el valor primigenio de cualquier expresión estética. “¿Cómo podemos revivir la emoción y la sensibilidad si carecemos de las posibilidades que nos otorga la libertad? ¿Cómo podemos ver la belleza, si la cubre un manto inútil de lodo? Como tan a menudo cuentan los músicos, hemos olvidado el valor de la melodía”, afirma un Saluzzi categórico, citado por Steve Lake y Paul Griffiths en el libro Tocando el horizonte: la música de ECM.

Pero la reflexión, la desnudez y la libertad rezuman también en la música de este nativo de Salta, tierra de Los Chalchaleros, Eduardo Falú, Jaime Dávalos, César Isella y Los Fronterizos, entre otros grandes exponentes de la zamba y la chacarera. Hijo del músico Cayetano Saluzzi, se crió en una familia donde cada hermano asumió un instrumento, y normalmente son ellos, más su hijo y alguno que otro sobrino, quienes lo suelen acompañar aún hoy.

Muy joven partió hacia Buenos Aires, en donde integró algunas orquestas típicas como la de Radio El Mundo, y conoció a sus grandes colegas. De todos ellos guarda un recuerdo especial por Ciriaco Ortiz, un bandoneonista tan recordado por su ductilidad en el “fuelle” como por su ácido sentido del humor. “Fue un hombre muy inteligente —recordó Saluzzi en aquella entrevista—. Él tocaba sin intentos de demostraciones de poder, nos enseñó a hablar de la cultura tal y cual debe ser: una cultura sin agresividad”.

En la década del 70, Saluzzi empezó su trasegar en las grabaciones folclóricas para el sello RCA. Por esas mismas épocas fue convocado por el cantautor León Gieco, inmortalizando su bandoneón en ese himno de la canción social que es Sólo le pido a Dios; así como por el saxofonista Gato Barbieri para participar en su trabajo Chapter One: Latino América. Esas colaboraciones le permitieron conocer a personajes lejanos del círculo tanguero que se sorprendieron uno tras otro con el sonido de su instrumento.

A oídos del pianista suizo George Gruntz llegaron esas mismas buenas nuevas sonoras. Fue Gruntz quien lo invitó a participar de un festival en Noruega al lado suyo, y fue allí donde su vida artística dio un absoluto giro: entre el público del evento se encontraba Manfred Eicher, productor discográfico y fundador del sello alemán Ediciones de Música Contemporánea ECM. A partir de ese momento, esa selecta casa disquera se convirtió en su casa, y así el bandoneón, instrumento alemán que había llegado como un advenedizo a Argentina para hacerse centro de la música de aquel país, regresó por cuenta suya a su país natal, convertido en estandarte de vanguardia, jazz, tango contemporáneo y música de cámara.

Dino Saluzzi ha vuelto a establecer sus cuarteles en Buenos Aires, y desde allí graba para ECM mientras puede disfrutar de su familia y su hogar. Con la libertad que Eicher siempre le ha concedido ha logrado hacer discos de bandoneón solo, piezas de cámara para cuarteto de cuerdas, grabaciones en formatos instrumentales no convencionales, colaboraciones con grandes exponentes del jazz y el avant-garde europeo y, por supuesto, su obra acaso más íntima al lado de sus hermanos Celso, también bandoneonista, y Félix, saxofonista, entre otros parientes.

Algo de eso, y a la vez mucho, es lo que podrán ver los privilegiados asistentes a su recital de hoy 11 de enero, dentro de la Serie del Nuevo Mundo. Garantizamos de una vez que aun cuando los ecos de tango y folclore son inevitables en su música, la experiencia de oírlo es única. Esa es la gran característica del sonido Saluzzi: que remite a muchas cosas y a la vez a nada que haya alguien escuchado antes. 

* Jefe musical Señal Radio Colombia.