“No hay que pertenecer, hay que huir”: Édouard Louis

El autor francés Édouard Louis habló con El Espectador sobre su obra y de cómo su vida dura y de exclusión por su homosexualidad refleja los males del siglo actual.

No es muy frecuente leer jóvenes que escriban con tal profundidad que su mirada poética termine siendo un abismo para quien se asome en ella.

Pero cuando el dolor desgarra la vida y marca la existencia sucede lo que le pasó al francés de tan sólo 23 años Édouard Louis, el autor del éxito en ventas Para acabar con Eddie Belleguelle (su verdadero nombre, por cierto): creció en medio de la pobreza, vivió gracias a un subsidio del Estado, tuvo un padre desempleado y una madre que ocasionalmente bañaba enfermos para sobrevivir y, además de todo, su condición homosexual marcó su vida por el desprecio y el matoneo que eso le generó. (Vea aquí el especial de la Feria del Libro de Bogotá)

Hoy es Édouard Louis. Y ha escrito para contarse y contar lo que otros sufren en silencio. En la Filbo habló con El Espectador y sus respuestas fueron tan profundas y dolorosas como el pasado que carga e intenta aliviar con sus palabras.

¿La literatura es una forma de defenderse de las agresiones o de cobrar una sutil revancha del acoso?

La literatura, para mí, es una manera de combatir la violencia. A veces me preguntan si cuando escribo lo hago por catarsis, si escribo para sentirme mejor. Pero no pienso jamás en eso. Cuando escribo no intento escapar del sufrimiento. Al contrario, lo busco. No porque me gusten el sufrimiento o la violencia, sino porque creo que hay mucha violencia de la que no sufrimos. Mi madre, en Para acabar con Eddie Belleguelle, habla de ella, de su vida en un pequeño pueblo obrero del norte, una vida muy dura, pobre, en la que ha habido muchos problemas y dificultades, y ella describe esta vida y al mismo tiempo no para de decir que no tiene de qué quejarse, que su vida podría ser mucho peor.

¿Por qué siente que tanta gente se sintió identificada con su historia?

Al contar la infancia de Eddie Belleguelle, al hacer un bosquejo del retrato de su pueblo y de la gente que lo rodea, es la experiencia de la dominación la que en un principio he querido mostrar. La violencia y la humillación que atraviesan nuestras vidas y nos constituyen, y que son como las fundaciones más o menos visibles de nuestras existencias. ¿Quién no ha vivido eso? No me gusta mucho la idea de lo universal, pero si hay algo que sé acerca de ello es la dominación. El hecho de ser una mujer, un homosexual, un judío, un inmigrante, de venir de clases populares, de arribar desde la provincia a la capital, en un momento de su trayectoria todo el mundo, o casi todo, ha llegado a vivir las injurias o la inferioridad.

¿Se siente valiente tras escribir su historia o las letras hacen valientes a quienes no son rudos?

He querido que mi libro les dé a los sectores las ganas de huir. La idea de la huida me interesa mucho porque creo que se trata de algo nuevo en la forma de pensar la política. Tengo la convicción de que ahora mismo se está produciendo un cambio importante en nuestras maneras de pensar. La cuestión política, filosófica, la cuestión artística en el siglo XX era: cómo podemos integrar lo individual a lo colectivo, cómo podemos vivir nuestra vida en las clases populares, dentro de una sociedad, dentro de una familia. Esta era la cuestión que trató Sigmund Freud en La enfermedad de la civilización, la que ha tratado la sociología también con Emile Durkheim y que ha estructurado una gran parte del pensamiento del siglo XX. Hoy en día la cuestión no es cómo podemos reintegrarnos en estos colectivos que nos son impuestos integralmente, sino cómo podemos huir, escapar de esos colectivos que nos asfixian.

La homosexualidad es un tema de debate en Colombia. ¿Por qué cree que es tan fuerte la homofobia?

Cuando vemos las leyes homófobas promulgadas por el régimen de Putin en Rusia, las discriminaciones que hacen que más de la mitad de los países no permitan a lesbianas y gais casarse, igual a como los esclavos africanos no podían casarse con los blancos en la América segregacionista, nos damos cuenta de que la homofobia es una de las formas de odio más representadas hoy. En Para acabar con Eddie Belleguelle, en el pueblo en el que yo he crecido, todas las relaciones entre los individuos están definidas por la exclusión de la homosexualidad: llegar a ser un verdadero hombre quiere decir “no seas maricón”, las mujeres deben tener hijos muy jóvenes o si no sospecharán que son lesbianas. Todo eso lo describo en el libro.

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Enrique Patiño

Cultura

“No hay que pertenecer, hay que huir”: Édouard Louis

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