HISTORIAS DE VIDA*

"No pretendo ser un modelo pero sí un buen ejemplo de vida": Mauricio Rodríguez

Presentamos una entrevista a Mauricio Rodríguez de la serie "Historias de vida", escrita por Isabel López Giraldo y publicada semanalmente por El Espectador.

Mauricio Rodríguez es administrador y exdiplomático. Isabel López Giraldo

Mauricio, quisiera abrir preguntándole ¿cuáles son sus pilares de vida?

Mi amor por mi familia, mi país, el estudio y la cultura. Todo lo que he hecho gira a su alrededor.

Empecemos entonces hablando de los orígenes, el primer pilar que es la familia.

Mis ancestros juegan un papel protagónico en mi vida. Mi padre - Jorge Rodríguez - fue un santandereano clásico: recio, íntegro, de carácter, de palabra, muy exigente, muy estricto, muy disciplinado, un hombre consagrado al trabajo, de una sola pieza. Obviamente ese carácter lo marca a uno profundamente desde muy temprano en la vida. Mi papá falleció hace 10 meses pero su gran ejemplo para mí jamás morirá.

El lado de mi mamá - Cecilia Múnera -es de familia antioqueña. Mi madre siempre alegre, simpática, conversadora, curiosa, divertida, súper familiar, muy mamá gallina. Mi mamá tenía ya ocho hijos con apenas veintiocho años, hoy tiene ochenta y cinco años . Tiene ella otra forma de impresionarme y es a través del afecto, del amor, de la jovialidad, de las ganas de vivir. Mi mamá ama la naturaleza, los pájaros, la música, las flores, la caracteriza la alegría de vivir, y disfrutar  intensamente todo lo que la apasiona. Siempre está sonriendo, nunca la vi brava, nunca de mal genio ni ofuscada y ha vivido absolutamente obsesionada por sus hijos. Gracias a Dios todavía está con nosotros.

Mis abuelos paternos, Gregorio Rodríguez y Eva Rodríguez, -porque yo no soy de los Rodríguez bien sino de los bien Rodríguez (risas)-, fueron maravillosos, muy longevos y los dos, santandereanos - de Charalá. Gregorio, muy estricto pero querido y la abuela Eva, muy cariñosa y tierna, murió de ciento cuatro años sin pisar un hospital. También tuvieron muchos hijos, pues en casa de mi papá fueron seis y vivieron con muchos sacrificios y esfuerzos para sacarlos adelante a todos.

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Mi abuelo materno, José Urbano Múnera,  influyó en mi amor por la literatura, por los libros, por el estudio. Fue un abogado muy prestante, diputado por la Asamblea de Antioquia, miembro del Partido Conservador, muy cercano a Mariano Ospina Pérez, Consejero de Estado, director de un periódico conservador en Antioquia que se llamaba “La Defensa”. Mi vena periodística de pronto viene de ahí. Por el otro lado, el paterno - Gregorio Rodríguez -, también fue de una familia conservadora pero línea Laureano Gómez. Mi abuelo José Urbano fue un intelectual reservado, muy serio pero bondadoso, siempre vestido de traje oscuro y corbata , de pocas palabras, se la pasaba leyendo,  escribió en el periódico numerosos editoriales y publicó un libro sobre economía política. Yo acabo de publicar un libro con aforismos de liderazgo y se lo dedico a él porque cuando yo era niño iba a su finca en San Pedro de los Milagros -donde nació mi mamá- y recuerdo que veía frases célebres, citas, aforismos, sentencias que él recortaba de los periódicos y las pegaba detrás de las puertas en los cuartos y a mí me encantaba leerlas. Cincuenta y tantos años más tarde, publico el libro que te menciono y he publicado otros cinco de aforismos gracias a su inspiración.

Mi mamá, como mi abuela, Lile Cambas, -de origen griego: los antepasados llegan a España antes de venir a Colombia, personaje puro de Zorba el Griego-, fueron muy católicas, apostólicas y romanas, rezanderas, de rosario en mano, de ir a misa de seis todas las mañana. Vivimos todas las fiestas religiosas muy plenamente. Cuando nos íbamos a la finca en el carro rezábamos el rosario a la ida  y al regreso; mi mamá  anda siempre con medallitas y estampitas y su casa está llena de imágenes religiosas. Fuimos una familia muy tradicional.

¿Cómo se unen las dos familias?

Se encuentran porque mi papá estudia en la Universidad Nacional arquitectura y mi mamá viene a vivir a Bogotá, aquí en La Candelaria, con quince años de edad, cuando a mi abuelo lo nombran magistrado del Consejo de Estado -en la época en que ésta era toda una dignidad, personas que no les gustaba figurar y que se dedicaban a los libros y las leyes.

Se conocen pues mi papá, Jorge Rodríguez, y mi mamá, Cecilia Múnera, él ya graduado y trabajando en la Secretaría de Obras Públicas en el Distrito, ella muy joven, terminando su colegio. Se casaron muy jóvenes, fue madre a los dieciocho años, tuvo seis mujeres y dos hombres, en este orden : María Mercedes, María del Rosario, María Clara, Mauricio, Andrés, María Clemencia, María Cecilia y María Margarita.

Tuve un padre muy exigente y una madre muy cariñosa, lo que le da a uno un balance y un ejemplo de vida maravilloso. Ellos dos, mi papá y mi mamá, nos marcan, de manera muy positiva a mí y a todos mis hermanos. Ambos vienen de pueblos pequeños, Charalá y San Pedro de los Milagros, y nos transmiten ese amor por sus orígenes, por sus pueblos, por lo colombiano, por la comida nacional, por las costumbres, por la música, por los paisajes, por las tradiciones, por los campesinos y por la tierra.

¿Cómo influye hacer parte de una familia tan numerosa en la que priman las mujeres?

El hacer parte de una familia tan grande hace que desde muy temprano se aprenda a convivir con las diferencias, a respetarlas, pero también a apreciarlas y a gozarlas. Eso es parte esencial de mi talante, a pesar de que yo tengo mis ideas, mis convicciones y mis creencias, soy una persona muy abierta y tengo amigos de todas las religiones, de todas las convicciones políticas, de todos los niveles económicos y clases sociales, porque me crié en un ambiente muy diverso y aprendí a convivir con personas muy distintas  - con un papá con un carácter fuerte y una mamá muy dulce.

La presencia femenina en mi vida  es muy importante porque mis abuelas, mi madre, hermanas y tías tuvieron mucho protagonismo:  sabias, tiernas, cariñosas, divertidas. Ese afecto de mi mamá que es de una ternura infinita, la que consiente de manera permanente al grado que a mi hermano Andrés y a mí aún hoy nos dice ‘los niños’: que si ya llegó el niño, que dónde está el niño, que le sirva un tinto al niño…y el niño - yo -  ya tiene sesenta años. Ese afecto tan especial es único.

Pero es que también tengo seis hermanas - muy distintas, todas maravillosas a su manera. Y súmale que en la casa había varias empleadas que eran de la familia porque en mi casa  no se marcaron diferencias de clases, las empleadas eran como unas tías o como hermanas mayores, fueron parte de la familia - por ejemplo Anita, Carmen, Victoria y  Lilia -que me crió. Nuestra relación siempre fue respetuosa, de gratitud y cariño.

Mi papá fue un gran trabajador, hecho a pulso - modelo perfecto de meritocracia - pues tenía que esforzarse mucho para sacar adelante a una familia tan numerosa. Y tenía un estilo de formación muy tradicional:

¡Yo soy su papá, usted obedece y punto!

No como los de hoy en día que es el papá amigo, compinche, conversador, sino fue la autoridad, disciplinado, exigente, muy duro. Ese era su estilo de manifestar su amor puro, su entrega, nos formaba con disciplina -  esa era su misión - que cumplió con excelencia. Él fue muy generoso en todo sentido- sobretodo para los viajes y los libros. Hizo en la casa un estudio y la dotó con una muy buena biblioteca. Era austero, pero en materia de libros nunca lo fue; por ejemplo, fuimos socios del Círculo de Lectores, llegaba la revista y uno podía escoger todos los  libros que quisiera y mi papá nunca puso límites, tampoco nos obligaba a que los leyéramos. Llegaba de la oficina con sus cajas llenas de libros y nos iba llamando a cada uno para entregarnos nuestras escogencias. La casa estuvo llena de enciclopedias, por ejemplo recuerdo la Salvat, la Temática y Mis Primeros Conocimientos. Sabía muy bien  mi padre del gran poder transformador  de los libros.

Mi papá fue muy generoso no solo con los libros que despertaron mi amor por el conocimiento, por la cultura, por descubrir y explorar  diferentes temas, sino que también lo fue con los viajes, nos llevó a todos adolescentes a viajar por Europa, por Suramérica, a EEUU, por el mundo. Dándonos visión global, lo que es muy importante. Por eso, desde muy temprana edad entendí que el mundo es ancho y ajeno, que es muy  diverso, y eso me despertó una gran curiosidad permanente.

Belisario Betancur me impactó de manera muy importante desde que yo era niño. Él era estudiante de Derecho de la Universidad Pontificia Bolivariana, compañero de un tío mío y se volvieron muy amigos. Belisario pretendía a mi mamá -una joven muy linda- pero ella lo quiso siempre solo como amigo . Es así como el Presidente se vuelve el protegido de mi abuelo que ve en él a un muchacho muy inteligente, culto, intelectual, con una gran visión política.  Y fue tanta su cercanía a mi familia que  Belisario  fue mi padrino de nacimiento. Yo participé en  política desde mis doce años en la campaña del 70 con afiches que recuerdo eran rosados y azules y que decían ‘Belisario es necesario’. Él, un gran intelectual, un gran lector, siempre me regalaba libros, en todas las fechas especiales, pero no se limitaba a eso sino que me preguntaba: ¿leyó el libro? ¿cómo le pareció? Me enganchó para siempre  con la política y con los demás temas claves del país. Mi papá aportó a su campaña para la impresión de los afiches y con él fuimos a Villeta - donde teníamos una finca y a Charalá - pueblo natal de mi papá, a manifestaciones organizadas por él. Leí  muy joven un libro de Belisario que se llama ‘Despierta Colombia’, que me sensibilizó mucho acerca de los problemas sociales, económicos y políticos  del país. Y cuando  tenía yo 24 años Belisario gana la Presidencia y quedo completamente enganchado - para siempre - con la política.

¿Cómo se manifestaba ese carácter desde pequeño?

De niño fui terriblemente necio y rebelde. Mi papá me regañaba mucho y me castigaba con correa. Fue una relación muy dura porque yo era muy vago en el colegio pues sólo me interesaba jugar voleibol, conseguir novias y leer y leer libros que nada tenían que ver con mis clases . Estudié en un colegio muy estricto y exigente, el San Carlos, con un estándar académico muy alto, además un colegio católico. A mitad de quinto bachillerato me iban a botar por vago: iba yo perdiendo ocho materias de once, estaba en el momento más alborotado con las niñas, con el deporte y con la literatura, desconectado completamente del estudio. Mi papá me dijo:

”Mauricio, usted no se va a graduar del colegio, va a perder el año. Yo ya me aburrí de castigarlo porque no le sirvió. Ya no le voy a dar  más correa, no lo voy a castigar más, no lo voy a regañar más  porque eso no le ha servido para nada. Ya hice todo lo posible con usted,  así pues que me desentiendo. Si quiere, el último favor que le hago es que su tío Armando tiene unas vacas y yo puedo hablar con él para que lo reciba en la finca y usted le ayude allá con el ordeño”.

Fue muy curioso porque eso que me dijo sí me marcó mucho. Yo estaba esperando a que mi papá me diera una fuetera, me castigara, pero ese día me cuestioné ¿cómo así que mi papá dice que yo no sirvo para nada? ¿cómo así que ya no va a estar pendiente de mí? Eso me golpeó y a partir de ese momento me puse las pilas. Es en ese momento que cambié 180 grados, y de pasar de ser el más vago del San Carlos, me convertí en el más estudioso, el más nerd, el más ñoño de todos. Pasé a ocupar los primeros puestos, súper pilo, me volví monitor en la universidad desde segundo semestre y me gradué con honores.

¿Qué estudió?

Estudié Administración en el Cesa.

¿Y porqué se decide por esa carrera?

Esa es una anécdota muy curiosa. Yo iba a estudiar Derecho porque mi abuelo era abogado, por los libros, porque me gusta hablar, escribir, leer, me gusta ese mundo, el de mi abuelo materno y porque no me gustaban las matemáticas. En diciembre del 74 y enero del 75 -yo me gradúo del colegio en junio del 75- estando en Villeta en la finca de mis papás con Adolfo Carvajal y su familia (Presidente del Grupo Carvajal, amigos de mis padres y vecinos en la 93 con 15 en el Barrio Chicó -María Fernanda Carvajal era y sigue siendo una de las mejores amigas de mi hermana Tutina-) me pregunta Adolfo, que era un hombre serio, parco, gran empresario, muy buen ser humano , un gran dirigente del Valle del Cauca y del país :

 - Y usted ¿qué va a estudiar Mauricio?

- Yo voy a estudiar Derecho.

- ¿Va a ser abogado?

- Sí

- Pues ya hay muchos abogados en el país. ¿A usted no le gustan las empresas, el mundo empresarial?

 - No en particular

-¿Usted conoce Carvajal?

- Sí, yo sé que Carvajal es una empresa muy grande, sí señor.

- ¿Y le gustaría conocer sus plantas y negocios?

- Sí, claro que me gustaría.

- Pues lo invito una semana para que se vaya a Cali a la casa nuestra, le organizo una agenda para que conozca varias empresas del grupo.

Me voy a Cali, quedo descrestado con ese mundo, me parece una maravilla y decido que es eso lo que quiero y que voy a estudiar Administración de Empresas.

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-  Pero eso tiene algo de números…

Exacto, no me gustaban mucho los números pero me atrapó tanto ese mundo que hice el esfuerzo. Fíjate lo que puede cambiarte la vida una conversación.

Comienzo la carrera y me va muy bien desde el primer semestre. Yo era muy vago en el colegio pero el San Carlos es tan bueno que incluso a los malos estudiantes nos va bien (risas).

-  ¿Y el ICFES?

Esa fue mi primera gran sorpresa porque yo estaba convencido de que yo no iba a salir con nada ahí y me va bien. Logré un resultado lo suficientemente bueno que me sirve para entrar a Los Andes, me presento pero como quien no quiere la cosa porque consideraba que no había espacio para mí, solo para los matemáticos, para los científicos y de pronto voy a mirar la lista de admisión y resultó que pasé.

- ¿Porqué prefirió el CESA?

Porque me llamó la atención el que fuera una escuela de negocios formada por empresarios y dirigentes como Carlos Lleras Restrepo, Hernán Echavarría Olózaga, Francisco Mejía, Gilberto Arango Londoño, personajes importantes del país. Me pareció que era un modelo más personalizado de educación y fui a una charla y me gustó.

- ¿Cómo supo de su existencia?

Por un compañero del colegio cuyo padre era uno de los fundadores, Aurelio Correa. Curiosamente, él que me dijo que entrábamos al CESA, ingresó a  Los Andes. Yo comencé con otro gran amigo del colegio que fue mi compañero de la universidad todo el tiempo y que desafortunadamente murió hace un par de años, que en paz descanse, Juan Manuel Mora.

Fui estudiante estrella, me hice monitor desde segundo semestre.

-  ¿Hubo tiempo de leer?

Siempre lo hubo, lo hay y lo habrá para leer - que es mi gran pasión. Y en mi época universitaria empiezo a desarrollar un gran interés por el mundo de la cultura.

- ¿A qué se refiere con desarrollar un gran interés en el mundo de la cultura?

Me refiero a aprender de música, de arte - en todas sus Bellas manifestaciones, de literatura, de historia . Su origen se da en el momento en que mi padre nos lleva a los grandes museos de Europa y nos compra las grandes enciclopedias del arte. Es ahí cuando empiezo a desarrollar esa sensibilidad.

En primer semestre de universidad empecé a tomar cursos de cultura, en un sitio maravilloso que existía en Bogotá y que se llamaba ‘El Muro Blanco’. Lo hice por cuenta propia y voy a clases  con dos grandes maestros, Andrés Holguín y Luis Antonio Escobar. Aprendí de apreciación de la música, del renacimiento, de pintura contemporánea, de literatura universal. Estudiamos también con Amparito Ángel -una pianista destacada-. Me exijo tanto en El muro blanco como en la Universidad. Contamos con unos profesores maravillosos, unas clases muy enriquecedoras y agradables.

El presidente Belisario, que es un hombre muy culto, no me daba libros de economía ni de política, sino de literatura y de arte. Y uno de mis mejores amigos, la persona más cercana  afectivamente a mí desde mi infancia es Álvaro Restrepo - gran artista, bailarín, coreógrafo, director del ‘Colegio del Cuerpo’, una persona muy sensible, muy buen lector y a través de él me sumerjo  en ese maravilloso mundo: leemos poesía en la adolescencia, escuchamos música de todas partes, hablamos de libros,  de música, de cine al que íbamos y él escribía muy buenos poemas. Una vez en el colegio él contestó un examen de física con un poema. Álvaro como Belisario, me marcan muchísimo en  el amor por la cultura.

Me vuelvo muy bueno en matemáticas , me hago profesor de economía, estadística y finanzas, al punto de que años más tarde hice modelos econométricos en uno de mis trabajos en Dow Suiza -son las matemáticas aplicadas a la economía para hacer modelaje financiero con variables  como las tasas de interés y los tipos de cambio-.

- ¿Qué pasa una vez graduado?

Hice mi práctica en Compensar donde el doctor Germán Collazos y yo como su asistente, fuimos los dos primeros empleados de esa Caja de Compensación Familiar, pues fue el lugar de mi práctica en octavo semestre de la universidad.

Luego comienzo en el Citibank, porque uno de mis profesores, Jaime Lizarralde, que era Presidente de una empresa, uno de los fundadores del CESA y miembro de junta del Banco, se fija en mí al ser el alumno que obtiene las mejores notas por lo que me toma mucho cariño, me presenta y soy contratado. Estando allá me llama Rafael Pavía, de Dow Química, otra persona que tiene mucha importancia en mi vida, porque están buscando un gerente de crédito, me presento a las entrevistas pero decido no irme al sector real, estaba muy contento en el banco y acababa de regresar de un curso en Puerto Rico con treinta y cinco jóvenes, el semillero de los banqueros del Citi en América Latina, curso en el que obtuve el primer puesto. El cargo en Dow no me llamó la atención, pero me insisten diciéndome que me iban a mandar a Venezuela a trabajar afrontando un reto grande. Yo tenía veintitrés años, era el año 81. Luego me dicen nuevamente que el doctor Pavía quería conocerme personalmente, él había oído hablar de mí a través de mi hermano que fue compañero de sus hijos en el colegio. Esa entrevista cambia el curso de mi historia pues me ofrece irme a trabajar a Planeación Financiera de Dow en Estados Unidos.

A mis veintitrés años me establezco en Miami, trabajo en la oficina para América Latina, me dieron casa y carro. Es en ese momento cuando decido casarme, llevaba con mi novia cuatro años, Carla Tarditi, ítalo-brasilera, su familia llega a Colombia porque a su padre lo traslada al país una multinacional de ingeniería. Nos conocimos muy jóvenes cuando ella tenía quince y yo diecinueve; es la mamá de mis dos hijos mayores - Santiago y Federico.

- ¿Me imagino el orgullo del papá por todo lo que está ocurriendo?

Él no  lo puede creer, soy el hijo caspa, la oveja negra de la familia, termino siendo buen estudiante, que recibe buenas ofertas de trabajo y que se establece bien para conformar una familia.

Trabajé en Estados Unidos un año, regresé al país porque me nombran Vicepresidente financiero para Dow en  Colombia a mis veinticuatro años. Tres años más tarde, en el 85, nació mi hijo Santiago que hoy vive en Los Ángeles y dos años después Federico que vive en Nueva York. Ellos y Miranda- mi hija de mi segundo matrimonio son la adoración de mi vida , mi mayor felicidad y orgullo.

En el 88 Dow me mandó a Europa, me va muy bien en mi carrera. Pavía era mi gran mentor y Enrique Larroucau, el vicepresidente financiero para América Latina, habló bien de mí pues están buscando gente para promover sus carreras internacionales, por lo que a mis treinta años soy nombrado gerente  financiero de Dow en Suiza.

Estaba muy joven pero tenía un mundo grande, gracias no solo a los viajes que te conté sino a los libros que me formaron, me cambiaron la manera de ver el mundo desde muy niño. El amor por los libros es lo más importante que me ha pasado en la vida, yo me debo a ellos y por eso los amo, claro que la familia es protagonista como todo lo demás que te nutre, como los amigos, los jefes y todas las personas con las que tienes relación, pero los libros son mis alas, son mi mayor y mejor influencia, factor definitivo de mi vida.

Hago una carrera de doce años en la empresa, tres de ellos en Suiza antes de que me envíen a Italia, la tercera o cuarta operación más grande de Dow en el mundo. Ya estoy en las grandes ligas a mis treinta y un años viviendo en un muy buen apartamento a tres cuadras de La Scala de Milán, con un Alfa Romeo , muy exitoso y con un gran futuro en Dow pero con una  gran inquietud...

¿Qué inquietud?

Estando en Italia mi amigo Peñalosa decide lanzarse a la alcaldía y yo ya venía considerando que quería regresar pese a que tenía una carrera bien proyectada. Para Carla no fue motivo de alegría porque ella estaba en su tierra, para la empresa tampoco porque tenía planes para mí. Todo está perfecto en mi vida y por lo mismo aquí destaco el por qué Colombia es un pilar de vida, toda su situación me genera mucha inquietud y siento que tengo algo  que aportar para ayudar a resolver tantos problemas.

Antes de que continúe ¿cuénteme cómo conoce a Peñalosa?

Aquí me devuelvo al año 85 cuando yo era profesor de finanzas de Los Andes -soy profesor desde hace treinta y cuatro años enseñando doce materias distintas también en el CESA y en el Externado-. Un día de ese año me llama Enrique Peñalosa, me dice:

- Usted no me conoce, soy hermano de Guillermo Peñalosa. -yo había sido su monitor en el CESA- Estoy buscando un profesor de finanzas para el CESA.

A él lo acababan de nombrar decano de la Facultad de Administración.

- Muchas gracias pero no puedo porque ya mi tiempo académico está comprometido.

- Bueno, de pronto el semestre entrante, pero me gustaría de todos modos conocerlo y contarle mis planes aquí en la facultad y quisiera oír su opinión. ¿Me acepta un almuerzo?

Él era columnista en El Espectador y a mí me gustaba leerlo, así que yo ya tenía esa buena referencia. Me fui para el Externado a un almuerzo que empezó a las doce del día y que terminó a las doce de la noche en la casa de él. Hubo conexión total y no ha pasado un solo día desde ese momento en que no hablemos. Somos grandes amigos, los mejores sin duda, somos como hermanos.

Más adelante acepté ser profesor del CESA, Peñalosa se retiró para comenzar su carrera política y yo viajé a Europa. Cuando decidí regresar, Enrique está en campaña pero un año antes, en el 91, Juan Manuel Santos viajó a Milán, (estaba recién casado con mi hermana y yo no lo conocía tan bien y es cuando yo estoy en Europa, Juan Manuel y Tutina se conocen y se casan) el hecho es que me visitan, vamos a un restaurante a la vuelta de mi casa y le digo:

- ¿Ustedes en El Tiempo han pensado en hacer un periódico económico? Todos los países tienen uno.

- Ahí tenemos la sección económica de El Tiempo.

- No es lo mismo, hablo de un periódico especializado.

Le escribí un memorando porque me pidió darle ideas para llevárselas a Luis Fernando, su hermano.

Regresé a Colombia un año después pensando en montar mi oficina de consultoría financiera, retomar mis clases, y ayudarle a Peñalosa en su campaña. La primera semana, una vez instalado en el país, me llamó Luis Fernando Santos a contarme que la idea del periódico está en marcha y que quisiera hablarme. Me pidió que lo asesorara y le buscara un director-gerente.

Ya estaba vinculado Silverio Gómez, yo me voy involucrando, le doy un par de nombres pero Luis Fernando me propone que sea el director y gerente. Mis ideas surgieron porque soy muy buen lector de prensa económica , sin ser periodista, pero él consideró que yo era la persona que estaba buscando y acepté porque me había encariñado con el proyecto.

¿Quién le dio el nombre al periódico?

Enrique Santos lo llamó Portafolio, a manera de un abanico de información  financiera, económica y empresarial. Es un muy buen nombre, un gran nombre.

¡Y usted lo ideó!

Fui su primer director, y lo creamos con mi subdirector editor - el gran periodista Silverio Gómez. Los siguientes catorce años trabajé en él. Fue un éxito desde el inicio, empezamos como semanario y un par de años más tarde nos convertimos en diario de economía y negocios.

Pasado un tiempo me nombran vicepresidente de medios de Casa Editorial El Tiempo. Luis Fernando Santos reestructura, hace un plan estratégico y me invita a colaborarle en otros proyectos, sin dejar Portafolio, desde el 93 hasta el 2007.

Seguí en la academia, también aconsejé a Peñalosa, y en años siguientes hice parte de juntas directivas como la de El Tiempo, Casa Luker, Movistar, y el Grupo Aval. Hice ese trabajo hasta el 2007 cuando se acercan un par de miembros del grupo directivo del CESA y me dicen:

- Mauricio, el doctor Rocha está en plan de retirarse después de más de treinta años como rector. Usted es uno de los egresados ilustres del CESA y a usted le encanta la academia, ha sido profesor, por lo tanto, queremos que asuma la rectoría.

Pensé que sería un buen momento para cambiar pues llevaba catorce años en Portafolio y en Casa Editorial El Tiempo. La vida es una sola, yo amo la academia, amo al CESA. El Tiempo estaba ya en proceso de transformación, se iba a vender, como en efecto sucedió, por lo que mi ciclo estaba cumplido. Acepté el cargo, decidí volver a casa. Pasado año y medio renuncié porque tuve una seria diferencia con algunos miembros del Consejo Directivo pues unos querían un modelo de institución con la que yo no estaba de acuerdo. Para mí debería ser una súper escuela de negocios, mi modelo estratégico se llamaba - internamente - Súper CESA, exclusiva para administración, con pocos estudiantes pero con un nivel muy alto. Algunos de los miembros del consejo querían que el CESA se ampliara, que tuviera otras carreras, que se masificara. Como eso a mí no me interesaba decidí retirarme de manera amigable.

Y no implementaron los cambios…

Finalmente por fortuna no lo hicieron pero como en todas las juntas, a veces hay diferencias de opiniones - algo normal , respetable.

Y luego  ¿qué ocurre?

Seguí en la academia, hice algo de consejería, entré a la mesa de trabajo de Darío Arizmendi en Caracol Radio y estando yo de panelista en la mesa, Noemí Sanín renunció a la Embajada en Londres para venir a hacer política. Llamé a Alicia Arango y a Jaime Bermúdez -Canciller en ese momento- quienes son mis amigos, les pedí como periodista el nombre de quién iba a ser el nuevo embajador -porque sonaba Alicia Arango, pero ella me dijo que no y Jaime me pidió que pasara por la Cancillería al día siguiente para contarme.

Me voy para la Cancillería, un jueves tres de la tarde, y le pregunto nuevamente:

- ¿Quién va a ser el embajador?

- Usted

- Ay, no me moleste. Dígame ¿quién va a ser?

- Usted

- ¡Dígame y después charlamos, pero dígame! Necesito una chivita para llevar a Caracol.

- Mauricio, le estoy hablando en serio. El presidente Uribe quiere que usted sea el Embajador en Londres.

- ¿Yo? 

¿Y quién le habló de usted?

Pues me devuelvo en el tiempo para contarte. Yo conocí al presidente Uribe, primero, porque hay una relación familiar, fue  amigo de Fabio Echeverri Correa y de mi tío Luis Ignacio Múnera (ama los caballos, vive en Medellín, cafetero, que a su vez era amigo del padre de Álvaro Uribe, Alberto, que también conocía a mis abuelos y a mis padres;   mi mamá estudió con la madre de Uribe en el mismo colegio y mi tío Luis Ignacio está casado con una prima de Álvaro Uribe, Martha Luz Gómez Sierra). Cuando estoy en Portafolio hice informes sobre temas económicos sobre la Ley 50 y la Ley 100 mientras Uribe como senador trabaja en esos temas. Lo entrevisté para Portafolio y para un programa de televisión que yo hacía para El Tiempo, Sala de Redacción, y él siempre preguntó por mi familia y les envió saludos, pero también me invitó como periodista a ver lo que él estaba haciendo en Medellín, una vez cuando era alcalde y otra cuando era gobernador; me mostró y me explicó todo; me pareció muy comprometido,  muy trabajador, me llevé una muy buena impresión de él. Cuando se lanzó a la Presidencia, yo no estoy en ese momento tan metido en la política, no participo de esa campaña pero está con él Alicia Arango, que se vuelve su mano derecha desde esa época y yo la había conocido porque había sido directora del Instituto de Recreación y Deporte de la primera administración de Peñalosa y es ella quien me dice que quiere que les ayude para que Peñalosa, que acaba de salir de la alcaldía con mucho prestigio, apoye a Uribe. Y terminamos reunidos en una cena donde Alicia, con Peñalosa y Uribe, buscando acercarlos. Ahí nos reencontramos y en esa conversación le doy ideas a Uribe por lo que a partir de ese momento me llaman de vez en cuando a escuchar mi opinión. Y en  una reunión con Uribe y con Alicia, me dice Alicia:

- Oye Mao, y tú ¿porqué no eres la fórmula vicepresidencial de Uribe?

Me insisten porque se le está acabando el tiempo a Uribe para inscribir su fórmula vicepresidencial. Le respondí :

- Me honra y lo agradezco mucho pero yo soy periodista y académico, no político. Pero con  mucho gusto después le ayudo con mis consejos cuando los quieran.

- Entonces por favor  ayúdanos  a encontrar un buen candidato a la vicepresidencia.

- Deme 24 horas o máximo  el fin de semana (era viernes).

Y me comprometí a que si no encontraba a alguien para la fecha de inscripción del candidato, contara conmigo, pero solo en caso de que no pudiese encontrar una buena alternativa.

¿Porqué no aceptó el ofrecimiento?

Porque a mí no me gusta la política en la línea de frente, no me gusta estar en la primera línea. A mí me gustan la estrategia, las ideas, los programas. Yo soy el consejero, el asesor, el que está tras bambalinas. No tengo el hígado para eso, no me gusta el desgaste en el Congreso, ni con los periodistas, ni figurar ante la opinión pública, no me gustan las giras, ni cargar bebés, ni abrazar señoras para conseguir votos, ni echar discursos, no tengo el temperamento para eso,.  Me gustan las grandes ideas para el país, diseñar programas de gobierno y políticas públicas. Eso es otra cosa completamente distinta.

Sígame contando ¿qué pasó ese fin de semana?

Me voy pensando, buscando nombres. Uribe viajó a San Andrés y a las dos horas llamé a Alicia, le di dos muy buenas opciones para vicepresidente:

- Juan Lozano y Pacho Santos son perfectos. Juan fue Ministro más tarde y Pacho, vicepresidente.

¿Y cómo se da el nombramiento como embajador?

Estando en el último año del segundo gobierno de Uribe,  ya me había separado de forma amigable de mi primera esposa, teníamos los hijos en la universidad. Para ese momento yo ya tenía una novia, que es mi actual esposa, Sugey Pinzón, con la que ya pensaba casarme, era agosto y proyectaba hacerlo en diciembre. Me sonó la invitación al cargo porque se trataba de explicar bien la realidad de Colombia. Y trabajar por el país en Europa.

Me fui de embajador y pasado un año llegó Santos a la Presidencia y no me hubiera podido nombrar ni yo le hubiera podido aceptar, porque es mi cuñado, pero no tuve que retirarme porque quien me nombró fue Uribe.

Ratificar en el cargo sí, nombrar no…

Exacto. No tengo que renunciar ni Santos me tiene que pedir la renuncia tampoco, así pues que me pidió que continuara porque a él Londres le interesaba mucho, para él es muy importante y tiene vínculos muy fuertes pues allá estudió y vivió diez años.  Me quedé tres años más, hasta octubre del 2013 cuando se empiezan a presentar muchos problemas en el país como el paro agrario y las demoras en el proceso de paz. Yo siempre he creído en el presidente Santos, admiro y apoyo todo lo que ha hecho y me ofrecí a volver a Colombia a ayudarlo y a él le pareció buena idea. 

Yo ya había completado cuatro años en Londres y me parecía suficiente tiempo porque uno no se puede eternizar en esos puestos y en cuatro años se alcanza a hacer una muy buena tarea.

Estuve un tiempo en Palacio, pero no nombrado como funcionario del Gobierno sino con un contrato público del BID, totalmente transparente, ético, legal, de consultoría para la Presidencia en temas relacionados con La Paz y la economía, con la obligación de presentar  informes sobre mi trabajo.

Terminando ahí, regresé a mis actividades en la academia, a juntas directivas y periodismo. Monté el programa de radio que tengo en este momento y que se llama Líderes RCN, pues le propuse a Carlos Julio Ardila hacer entrevistas a la gente que hace cosas buenas, le gustó la idea y el dr. Molina, presidente de RCN radio, me dio el  espacio diario de lunes a viernes, por la noche - de 8:30 a 9 pm. He hecho 700 entrevistas, es maravilloso, disfruto  mucho haciendo  ese programa que destaca a gente estupenda que hace cosas muy buenas en favor de Colombia.

Unos meses más tarde el presidente me llamó a decirme que necesitaba que lo volviera a ayudar. Regresé a Palacio durante cuatro meses sin contrato del BID, sin contrato del Gobierno, simplemente a asesorar a Santos por cuenta propia sin recibir un solo peso.

Y más tarde, hace dos años (mediados del 2016), hablando con el presidente sobre cómo destrabar el proceso con el ELN para que la  paz no quede incompleta, le insistí en eso pero todo el mundo estaba cansado por las muchas dificultades que genera el ELN en ese proceso, y el Presidente me dice : 

- Bueno, si cree que ese diálogo se puede reabrir, ¿por qué no lo hace usted?

- Muy bien presidente, lo asumo porque yo creo que sí se puede hacer y no habrá ningún inconveniente en que yo sea su cuñado porque no es para negociar en sí, sino que es para descongelar el proceso, para disponerlos y restablecer los puentes.

Se trataba de establecer unas condiciones mínimas para restablecer el diálogo, pero una vez lo logré, la negociación la tenía que asumir una persona oficialmente nombrada. El presidente me nombró jefe de delegación del gobierno para descongelar el proceso, sin remuneración alguna. Esta es una labor que adelanté durante cuatro o cinco meses en los que me reuní cinco veces con el ELN en Caracas en compañía de un equipo negociador, hasta que logramos restablecer el diálogo y asume Juan Camilo Restrepo en propiedad la negociación.

Esa es otra de mis grandes obsesiones:  la Paz de Colombia.

¿Luego qué ocurrió?

Comencé también a trabajar en la campaña más reciente de Enrique Peñalosa, la ganamos y desde que llegó a la alcaldía lo asesoro en asuntos estratégicos.

¿La asesoría es en qué temas?

En todo lo que tiene que ver con estrategia, con los grandes proyectos, las grandes políticas públicas y las grandes decisiones. Soy uno de sus  consejeros porque cuento con su plena confianza, conozco muy bien los temas y su visión y su estilo de Liderazgo porque estuve en su primera alcaldía, también conozco bien la ciudad, lo que me permite hacerle recomendaciones. Y además  cada tres o cuatro meses nos reunimos un par de días con todo el equipo de alto nivel  para alinearlo, para organizar y revisar todos los temas.

Hábleme de sus libros.

He escrito nueve libros: de alta gerencia, uno sobre literatura, de liderazgo, y recopilaciones de  editoriales y otros escritos. (Brújulas I, II y III, Brújulas Curiosas, Perfiles Empresariales, Glosario Económico, Fuera de Serie, El sueño posible, Cien remedios para la soledad, cinco libros de aforismos y el más reciente sobre Liderazgo)

Cuénteme de sus hijos.

Son la adoración de mi vida. Mis mayores viven por fuera, ya están grandes y con sus vidas muy bien proyectadas. Santiago estudió Ciencia Política en Los Andes y Federico, Filosofía en La Nacional.

Miranda es mi niña de cinco años y medio de mi segundo matrimonio - mi esposa, Sugey Pinzón. Miranda es el amor total, la más divertida, inteligente, divina,  me tiene totalmente embobado, fascinado.

¿Qué hay de sus abuelos y de sus padres en usted?

Yo soy mi papá, está clarísimo, en la integridad, en la rectitud, la disciplina, la puntualidad, el carácter, la ética absoluta y en eso soy el tipo más pulcro, más transparente y cuidadoso, soy de una sola pieza y mi papá era muy exigente con todo esto. Mi carácter es su carácter, es la firmeza, el temple del santandereano del que me siento muy orgulloso.

De mi mamá tengo ese amor por la vida, esa capacidad de disfrutar intensamente todos los momentos, de la naturaleza, de los amigos, de la familia, tengo ese goce de vivir, esa apreciación de la belleza. Incluso tengo una página en Instagram que se llama ‘Ojo a la belleza’ donde publico fotos que tomo de cosas bellas.

¡Claro! Yo la sigo.

De mi abuelo materno tengo esa curiosidad por los libros y el amor por los aforismos en concreto y por eso mi más reciente libro de liderazgo se lo dedico a él, porque a través de él los descubrí, que como te contaba los recortaba de los periódicos y los ponía en la parte de atrás de las puertas en San Pedro de los Milagros.

El lado cariñoso, sociable, afectuoso, afable, amable, es de las mujeres de mi familia, de mis abuelas, de mi mamá que es una cajita de música. Es la mujer más amorosa, más afectuosa y más risueña del planeta, es la más gocetas de la vida. Eso lo heredé de ellas  sin lugar a dudas.

¿Qué ve de usted en sus hijos?

Esa apreciación de la belleza y el amor por la cultura. Tengo unos hijos muy cultos, han viajado muchísimo. Mi hijo mayor tiene treinta y tres años, y los dos conocen más de cincuenta países del mundo y hablan cuatro idiomas. Son fotógrafos, poetas, lectores, escriben ensayos y columnas, van a conciertos permanentemente, tienen sus propias bibliotecas y ese inmenso amor por el estudio. Tienen mi misma curiosidad intelectual -que ha sido una característica en mi vida, ellos y yo queremos saber de todo. Entre más pasa el tiempo más quiero aprender, más quiero estudiar, soy el nerdo, ñoño en su máxima expresión.

Nada que ver esto último con el estudiante de colegio…

Cierto, mis profesores de colegio que sufrieron tanto conmigo, si me ven hoy en día no podrían creerlo. Es impresionante el cambio que di, 180º completos. Amo estudiar, amo aprender, lo único en que pienso es en eso y en seguir viajando, en preguntar todo el tiempo, por eso soy periodista y académico, me gusta investigar, averiguar, conocer.

¿Y cómo se ve en Miranda?

Es una chiquita muy curiosa, porque también le he inculcado ese deseo de explorar y de aprender. Es muy entusiasta, llena de energía, de ganas, es muy activa. Es un volcán en erupción , quiere estar en todo, estar en todas partes, hacer de todo.

¿Quién asesora al asesor, quién lo aconseja?

En lo intelectual y en lo espiritual, me aconsejan mis libros. Me rodeo de miles de pensadores, de ellos salen las luces, la guía, las sugerencias. En la vida cotidiana, mi esposa es mi polo a tierra, ella es la práctica, la realista, la sensata, porque si por mi fuera, me olvidaría de comer. Sugey es exactamente lo opuesto a mí en ese aspecto, es muy organizada, muy ordenada, muy práctica. Yo soy muy idealista, muy disperso, muy curioso, estoy metido en todo y ella me centra, me aterriza.

Se requiere ser muy organizado para que el tiempo rinda y así atender tantos frentes. ¿Cómo lo logra?

Soy muy cuidadoso con mi tiempo y con mi agenda, en la que siempre estoy pensando. Con esto sí desespero un poco a mi esposa, pues hasta el fin de semana lo tengo siempre planeado hora a hora.

Los imprevistos ocurren en la vida, entonces me pregunto, cuando no logra lo propuesto ¿cómo maneja la frustración?

Envejecer tiene problemas, pero una de las muchas ventajas es que uno se toma las cosas con más calma, nada es el fin del mundo. Estoy en una etapa de la vida donde ya me jugué mis  grandes cartas. Y empiezo ahora una fase más reflexiva.

Ahora en octubre cumplo formalmente cuarenta años de vida profesional porque fue en este mes en el que comienzo mi práctica profesional, como aparece en mis registros, estando en séptimo semestre de la universidad.

He hecho lo que no hubiera podido imaginar: he sido financista, académico, periodista, escritor, profesor, diplomático, consejero, emprendedor, asesor, ejecutivo multinacional, rector,  he aportado algo a la paz… He hecho muchas cosas distintas, todas muy gratificantes.

Todo eso ha sido, pero ¿quién es?

Soy una persona que ama intensamente la vida, que aprovecha al máximo cada instante, consciente de lo frágil que es la vida pues la vida es un milagro, es un ratico, que hay que gozarla y aprovecharla al máximo, la vida es algo mágico por lo mismo hay que asombrarse, maravillarse con las cosas impresionantes que trae, incluso hasta con las menos afortunadas.

Tengo sentido de la responsabilidad, esa que implica el ser un privilegiado porque a los privilegios hay que corresponderles: tengo que aportar a mi ciudad y a mi país en reciprocidad por haber tenido la fortuna de haber nacido en la familia que la vida me dio, de haber trabajado en los muy interesantes proyectos y con las estupendas personas con las que lo he hecho.

¿Cuál ha sido la crisis más grande que ha tenido que afrontar?

Te va a sorprender porque la crisis más grande la tuve hace un mes (mayo de 2018). Es un momento crucial en mi vida porque me descubrieron un tumor en la cabeza y a los diez días me operaron. La noticia me la dio mi hermano médico, Andrés. Eso te sacude de una manera impresionante. Gracias a Dios y a los médicos, la operación fue un éxito y el tumor resultó totalmente benigno: me lo extrajo el Doctor Fernando Hakim en la Santa Fe, hicieron la biopsia - que salió bien,  y caso resuelto.

¿Cómo vio la vida a partir de ese momento?

Lo valioso de eso es que uno necesariamente piensa: ¡Se me acabó la vida! Y durante los días de incertidumbre uno reflexiona sobre lo que  ha hecho, sobre lo que falta y por supuesto, la primera reacción que recuerdo fue:

- ¡Qué es esto tan terrible! Pero gracias a Dios me pasó a mí y no a mis hijos.

Porque si a alguien le tenía que pasar debía ser a mí y no a ellos. Yo ya viví una vida intensa y plena, quiero vivir más pero si se acabó, fue suficiente y maravillosa. Ese problema en mis hijos me hubiera enloquecido.

La segunda reacción fue:

- Si me tengo que ir, solamente tengo gratitud con Dios, con la vida y con el destino, porque he tenido una vida llena de bendiciones, de experiencias extraordinarias, sin remordimientos, sin deudas pendientes.

Quiero hacer más de lo mismo pero sé que la vida es un milagro. He vivido plenamente, he aprovechado todas las oportunidades, he servido a la sociedad y me he  entregado  entero a todos mis proyectos y a las personas que he amado. Y lo seguiré haciendo feliz hasta el fin de mis días.

Imposible no pensar en la niña tan pequeña…

Es cierto, y yo quiero ver crecer a mis tres hijos, pero también sé que si me voy en cualquier momento les dejo un buen ejemplo y un futuro organizado. Miranda cuenta con una súper mamá y hermanos magníficos, y una familia que la adora pero dejar a una viuda joven con una hija pequeñita por supuesto sería muy doloroso.  Eso me estimula a vivir todo lo que pueda, pero estamos en las manos de Dios.

Afronté con serenidad el asunto. mis hijos vinieron de Estados Unidos a acompañarme, hablé con ellos y con mi esposa porque cualquier cosa hubiera podido pasar, me hubiera podido morir en la operación - que era delicada, o la biopsia hubiera podido salir mal, también hubiera podido quedar afectado de alguna manera. No es fácil pero me dio mucha alegría saber que pude manejar la situación con serenidad, con mucho  amor, con agradecimiento total a la vida y con relativa  tranquilidad. Dios mediante podré vivir más tiempo pues mis médicos dicen que estoy totalmente curado del tumor que me apareció.

¿Cuando recibe la buena noticia, ese renacer lo llena de propósito?

Esa es una pregunta muy importante, porque siempre que se sale de una situación de crisis se piensa que uno va a cambiar en su vida algo y aquí es donde viene lo más interesante pues yo creo que no tengo que cambiar nada en especial porque yo ya tenía plena conciencia de que la vida es un milagro y siempre la he aprovechado al máximo

Está bien no cambiar nada, pero ¿se piensa en hacer cosas nuevas, diferentes?

Los propósitos son los mismos, créeme. No quiero dejar de hacer nada de lo que he venido haciendo, no siento la necesidad de hacer cosas nuevas porque disfruto todo lo que he hecho,  entonces, ¿cuál es el cambio de fondo que tengo qué hacer? Suena poco modesto pero tuve la confirmación de que yo estaba viviendo como debería vivir, quizás sí podría hacer ajustes menores, cosas marginales, pero no voy a hacer grandes cambios en mi vida.

¿Qué es el tiempo en su vida?

Es una noción muy extraña . Mis cuarenta años de trabajo me han parecido cuarenta días. La vida es un ratico. Cuando te dan la noticia de un tumor en la cabeza, el tiempo se comprime totalmente y la pregunta es: ¡¿esto era todo?! La vida en ese momento duro no es 60 años,  ni sesenta  días, ni sesenta  horas, sino sesenta  nanosegundos. Durante los días previos a la operación, cada vez que hacía una cosa, cada vez que hablaba con alguien pensaba: esta puede ser la última vez .…eso te hace apreciar mucho más todo y a todos

Hubo un momento en que yo pensé que no iba a ser capaz de mantenerme sereno - cuando me despedí de mis hijos antes de ingresar al quirófano sin saber si iba a salir con vida porque mi operación tenía riesgos. Obviamente que estaba asustado y triste, pero en el fondo estaba sereno porque el balance de mi vida era para mí muy satisfactorio.

Recuerdo ahora que hablo de esta experiencia difícil  una frase muy bella, y sabía que dice: Uno debe tratar siempre a la gente como si fuera la primera o la última vez que la ve.

¿Qué le gusta dejar en las personas que se acercan a usted?

Una frase que es uno de los imperativos morales de Kant; es extraordinaria y probablemente es la guía más importante de  mi vida, porque con ella no necesito leyes ni mandamientos:

- Que cada uno de tus actos sea digno de convertirse en un bello recuerdo.

La otra frase  es el título de un libro, es una anécdota en la que un periodista se acerca a Gandhi cuando está en su revolución pacífica viajando por la India, se está subiendo al tren y le dice:

- Mahatma Gandhi, soy del periódico local, por favor para el pueblo: ¿qué mensaje nos deja?

- Mi vida es mi mensaje, respondió ese gran líder.

Hice una reflexión: ¿le escribo una carta a mis hijos de despedida en caso de que muera en la operación o poco tiempo después? ¿Para que la tengan de legado, resaltando lo importante, lo que hay que hacer y no hacer, consejos, sugerencias y demás? Llegué a la conclusión de que no lo haría porque también en mi caso - para dejarles a ellos - mi vida es mi mensaje.

¿Qué debería decirse de usted el día de mañana?

Que Mauricio fue una persona que vivió intensamente y aprovechó al máximo sus oportunidades, dejando huellas positivas para su familia y la sociedad. No pretendo ser un modelo pero sí un buen ejemplo de vida y de servicio a buenas causas. Quisiera concluir mi vida - ojalá el día esté lejano -  sintiendo lo que sintió Neruda con su vida y que plasmó en el título de uno de sus libros:  Confieso que he vivido. Que he vivido una vida plena, bien aprovechada, para goce mío y de mis seres queridos pero también aportando a Colombia a través del periodismo, la política, la academia, las finanzas y la economía.

¿A qué se va a dedicar en el futuro?

Quiero seguir haciendo Líderes RCN, enseñando Liderazgo en el Externado y Los Andes, asesorando al Alcalde Peñalosa, dictando conferencias sobre Economía, Liderazgo y Alta Gerencia, en el Consejo Editorial de la revista Dinero, en juntas directivas y escribiendo un libro sobre todo lo que he aprendido acerca del Liderazgo. Además, quiero dedicarle buen tiempo a la formación de líderes para el Postconflicto, líderes de regiones azotadas por la violencia en el pasado que ahora tienen con la paz buenas oportunidades de progreso. Para ese propósito estoy participando en el diseño de un estupendo proyecto llamado ALAPAZ cuyos detalles serán dados a conocer en los próximos meses. Y una vez se inicie, seré profesor en ese programa de formación de líderes para una nueva Colombia- una nación en paz.

 

 

 

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