En primera persona

Nos lo hicieron creer

No es el momento de entrometerme en asuntos morales, porque nunca ha sido el momento, mas es incómodo pensar que cuando te exigen actuar de manera objetiva, tu, en cierta forma, te tragas los sentimientos que brotan a flor de piel, y que deben seguir estando dentro, no fuera, sino dentro.

/ Lorena Perdomo.

Nos dijeron que nos calláramos, que no opináramos y solo sintiéramos, y ahora nos vienen a decir que no sintamos, sino que hablemos y que, "qué tenemos que decir", y "de qué tanto alardeas", un "a ver, te escucho."

Nos hicieron sentir culpables por situaciones en la vida en la que no tomamos una decisión coherente, pero no se fijaron en que la decisión más difícil era eso: Tomar una decisión. Atravesamos con nuestros pies pequeños y grandes infinidad de soluciones, pero ellos nos empolvaron, nos metieron en una caja para que no camináramos, para que por supuesto no opináramos, porque no nos importó tener o no la razón, y eso los jodió a muchos, y eso hicieron con nosotros, empolvarnos nada más, porque sabían que nuestra voz siempre fue digna de curiosidad, y nos hicieron creer que nos estaban escuchando, cuando ellos con sus actos solo nos callaron y nos dimos cuenta de eso, cuando sus acciones siempre pergeñaban.

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Nunca nos dijeron que un acto revolucionario era sonreír en momentos de crisis, al contrario, nos trataron como mentirosos, hipócritas, solapados, y nos hicieron creer que nos estaban dando una oportunidad para decidir bien, cuando ya habíamos tomado una decisión. No nos felicitaron por ser malos negociantes, por darlo todo a cambio de nada, porque simplemente no valemos el "actuar bien", sino el "actuar mal", el ruido parece ser estar de moda, y nos hicieron creer que estábamos alzando la voz y eso, eso nos opacó, pues éramos un: "Háblame, pero no pienses."

Nos dijeron que gritáramos, que teníamos la lucha en nuestras manos, pero nunca nos dijeron que ya habíamos nacido con un grito, un llanto, y un acto revolucionario, de que no habíamos nacido sin causa, pues nos mintieron una vez más. Nos dijeron que éramos vulnerables, y nos hicieron pensar que no debíamos ser débiles, que la debilidad no había que abrazarla, y que la fortaleza era la solución de una situación ya estando heridos. Y no, no quiero ser tiesa como un tronco y fuerte, sino flexible y débil como una hoja, liviana, que vuela, que se junta con el oxígeno, pero nos quitaron eso, el oxígeno, porque no quieren que nos juntemos con "malas relaciones", cuando de allí nace la curiosidad, el conocernos, nuestra hidalguía, y nos siguen insistiendo en que debemos ser fuertes, tiesos, muertos.

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También, nos hicieron creer que a todos nos pasaría lo mismo si actuábamos de tal o tal manera, y no se fijaron en que el derecho es nuestro y no es ajeno, de que el sentido común no es ser otra piel, sino otra escucha, otra oportunidad, otra humildad, otra verdad, no nos dejaron escuchar, porque sabían que teníamos todas la posibilidades de hacerlo, el miedo siempre fue el de otros, no el nuestro, pero nos hicieron creer que eso es lo que teníamos: Miedo.

Nos vinieron a visitar a nuestras casas, nos jodieron la cabeza, llegaron a dar consejos, y los recibimos, los atendimos con tinto, con escucha, con una sonrisa, pero no nos preguntaron si nos sentíamos satisfechos de recibir visitas, de que, dar por sentado algo, no quiere decir que uno sea esa generalización, esa masa a quien le guste, en este caso, recibir visitas, pero los atendimos, se desahogaron con nosotros, la visita no era para nosotros, sino para ellos mismos, porque nosotros nunca pedimos su voz, eran ellos quienes gritaban para escucharse, y nos hicieron creer que necesitábamos eso, consejos nada más. Y no, solo no quiero arder allí afuera con la sociedad, déjame sola, no quiero atenderlos. 

Eso han hecho conmigo, con ustedes, con nosotros, catalogando la vida entre lo que se está bien, o en lo que se está mal, cuando somos infinitas posibilidades, pero acomodan su discurso y nos dicen que estamos vacíos. Te hacen creer que te están fichando, pero no es así, no le importas a nadie, y no está mal, y nos siguen haciendo creer eso: "No importarle al otro está mal." Pero aquí estamos, escuchando atentamente, haciéndoles creer a ellos que nos están disfrazando pero lo que ellos no saben, es que somos eso: Vacíos que están dispuestos a volverse a llenar. 

 

 

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2019-03-19T16:30:28-05:00

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María Acosta @paunks

Cultura

Nos lo hicieron creer

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