Las notas mayores de Gomalan

Con esta actividad, que hace parte del proyecto Festival en los Barrios, los artistas demostraron que la música no tiene edad.

/ Joaquín Sarmiento

A las 9:30 de la mañana comenzaron a llegar las personas interesadas en el concierto realizado durante la segunda jornada del Festival de Barrios. La cita esta vez fue en un lugar bastante particular, un hogar donde los principales protagonistas eran los adultos mayores, el Hogar San Pedro, ubicado en el barrio El Bosque, en Cartagena. En la capilla se encontraban los abuelitos, todos organizados hacia el lado izquierdo de la iglesia, ocupada en su mayor parte por una tarima con instrumentos musicales y luces. Lo primero que llamó mi atención fue que no había micrófonos dispuestos, pero luego entendí que era para que la acústica estuviera acorde con el sonido natural de los cobres. Los rostros de los asistentes daban la impresión de que estaban a la espera de un evento poco común para ellos. Estaban recién bañados y arreglados para su encuentro con la música.

Lejos de lucir atuendos formales, ya que los músicos por lo general están en saco y corbata, el Quinteto de Metales Gomalan demostró todo lo contrario: eran cinco hombres muy sencillos que se gozaron su propio espectáculo. Lo demostraron porque no estaban arreglados, con el pelo recogido clásico de los artistas musicales. Por el contrario, uno de ellos tenía el cabello suelto y lo movía de un lado a otro, para llamar mucho más la atención de los asistentes. Su vestuario era informal: camiseta negra y pantalón, tal vez por las altas temperatura en Cartagena. Sin duda alguna, la capacidad que tuvo el quinteto a la hora de interactuar con el público fue impresionante. Se notaba que nada era improvisado.

Gomalan comenzó a tocar de una vez. El ensamble quería que sus intenciones se transmitieran a todos los rincones del lugar. Por eso uno de ellos salió corriendo de repente desde el escenario hacia la puerta de entrada para tocar desde allí la trompeta. En ese momento más de uno aprovechó la cercanía del artista y no dudó en fotografiarlo. El integrante que más llamó mi atención fue ese de cabello largo, ya que era el más alegre, y hacía gestos y sonidos jocosos para divertir a los más veteranos. Durante la presentación no se sentaron. Al contrario, no dejaron de moverse sobre el escenario, haciéndoles más compleja la labor a quienes debían registrarlos con sus cámaras de foto y video.

La coordinación del quinteto es asombrosa y los cinco integrantes parecen uno. Además, la función que hace cada uno aporta al espectáculo. No hay protocolo que valga. Los aplausos van surgiendo porque a las personas les nace expresarse, simplemente. Se notaba la felicidad en la cara de algunos con una sonrisa, cantando y aplaudiendo. Sin duda, la música les trajo muchos recuerdos, manteniendo la esencia de las obras.

Una mujer cuyas canas combinaban a la perfección con un vestido azul no dudó en pararse de su silla y comenzó a bailar al ritmo de las dos trompetas, la tuba, el trombón y la corneta. De un momento a otro les quitó protagonismo a los artistas y llamó la atención de todo el público, que la aplaudió y se dejó contagiar por su espontánea demostración de felicidad.

Al terminar el concierto, María Edilma Gómez, una adulta mayor del hogar, se me acercó y me dijo que el concierto había sido maravilloso, la música le había encantado y le recordaba mucho su juventud, ya que la música lo era todo y le llenaba el alma. Pero también le daba un poco de nostalgia recordar ciertos momentos del pasado y salir de su rutina habitual.

El Quinteto de Metales Gomalan emitió la última nota y, gracias a su presentación en el Hogar San Pedro, quedó inmortalizado en las memorias de estos sabios de pelo blanco.

* Estudiante de periodismo.