La novela que eterniza la memoria del almirante José Prudencio Padilla

"Allá en la Guajira arriba", de Óscar Perdomo, fue ganadora del programa estímulos de la Secretaría de Cultura de Cali y fue presentada en la Feria del Libro de Cali de este año.

Novelizar la historia siempre será necesario. El novelista, a diferencia del historiador, no es tan exacto y acucioso en la presentación del dato, pero en cambio es fecundo en la recreación de los sucesos y los personajes. En las academias aborrecen esos libros que hacen historia a partir de la ficción. La controversia es de larga data y resulta innecesaria para efectos de este texto; de modo que vamos a cerrar diciendo que la novela puede resucitar eso que en los anaqueles las polillas carcomen.

Vivimos en tiempos en que aludes de información obstaculizan la memoria. Recordamos con facilidad los acontecimientos que fueron titular ayer y, de la misma forma, olvidamos los hechos que han suscitado tantos desvaríos.

Acierta el proverbio anónimo que reza: quien no conoce su historia está condenado a repetirla. Precisamente, ese es uno de los grandes problemas del pueblo colombiano, que ignora su historia y, por ello, sucede sus desdichas.

A todo lo cual habría que añadir la ligereza y precariedad con que desde los primeros años de estudio nos presentan el país. Fechas, batallas, próceres y los mismos apellidos.                            

Y la reflexión, nula. De ahí, pues, la pertinencia de libros que rescatan nombres injustamente mancillados y lacerados por las vicisitudes. Personas que fueron fundamentales en la formación de la patria, pero cuya suerte no fue la misma que la de esos prohombres que han sido documentados como los protagonistas de las más faustosas gestas.

Dentro de ese listado de mártires está José Prudencio Padilla, el almirante, el mujeriego, el temerario, el ingenuo, quien luchó por su pueblo, su etnia, sus raíces, sus convicciones, pero que tuvo que padecer la codicia y mezquindad del mitificado Bolívar.

Hay que leer ‘Allá en la Guajira Arriba’ para sumergirse en las peripecias que el hijo del mar libró.  Una novela que, con nostalgia, acierta en la presentación de un héroe marginado, que sabe presentar las vilezas que forjaron ese destino.

Óscar Perdomo Gamboa, autor del libro, apela a una estructura en la que desde el pasado y el presente destaca lo relevante que fue la presencia del almirante en batallas trascendentales en el despojo de la corona española.

Ello logrado a través de la reivindicación que hace de José Prudencio, en una investigación que leyendo el libro se nota rigurosa, el lector vivirá los andares del niño que nació viendo el mar, el adolescente que se sumió en el mismo y el adulto que desplegó feroces reyertas; pero también del Padilla ávido por las féminas, fácil de enemigos, incauto ante los deseos de los libertadores y ambicioso en sus objetivos.

Para ilustrarlo baste con mencionar algunas de los hechos más significativos presentados a lo largo del libro: el triunfo sobre Bocachica, la liberación de Cartagena del yugo español, su romance ardiente y rijoso con Anita, sus sospechas ante el Código Boliviano que quería imponer el hoy  denominado prócer de la patria, su enemistad con el coronel Mariano Montilla y Antonio Díaz, y cómo dejar de lado la felonía y el escarnio al que es sometido tras la vesania que posee a Bolívar, quien es el que finalmente enturbia las aguas claras por las que navegó el creador de la Armada Colombiana.

Esto, vale la pena repetirlo, esculpido con una urdimbre en el que la prosa convenientemente barroca logra su cometido con en el personaje principal.
Lo anterior como elemento principal, porque la novela también cuenta con dos historias que evitan que el libro se quede en eso que el historiador Fabio Zambrano cuestiona en sus colegas, a saber, que escriben para sus pares.

Con la historia del acordeonero que le cuenta a su enamorada las andanzas de José Prudencio y que no desaprovecha la ocasión para lanzar ciertas críticas al voyerismo actual, Perdomo Gamboa atina en la fabulación.

Lo cual es complementado con la magnífica historia de Rafael Escalona y el Tite Socarrás, cómplices de parrandas, contrabandeos y de la vida misma.
Y es que ‘Allá en la Guajira arriba’ no podía exonerarse de hacer honor a ese memorable vallenato. En efecto, en las páginas hay un sentido homenaje a la materia prima de este género.

Y no podemos irnos sin dejar de lado, la interesante propuesta cosmogónica y mitológica que hace el autor con las raíces afroindígenas del personaje. A manera de chismorreo hay que señalar que hace poco Perdomo recibió el doctorado en Humanidades corte Historias, Sociedad y Culturas Afrolatinoamericanas. (Para que vean que no siempre la inversión se pierde).

Así, al encerrarse en las 278 páginas que componen el libro se puede sentir el calor y la brisa de la Guajira, el fervor del que nació para hacer de su existencia una proeza, las peripecias del enamorado por ser correspondido.

Y, claro, la sensación de que es un libro que se inscribe en una lista de ficciones que han utilizado la novela como mecanismo de reconstrucción de memoria nacional, entre ellos, La serpiente sin ojos (toda la trilogía) de William Ospina; La carroza de Bolívar de Evelio Rosero; Buen Viaje General de Benhur Sánchez; El cuarteto de la memoria de Jorge Eliécer Pardo; entre muchos otros.

En definitiva, ‘Allá en la Guajira Arriba’ le hace honores a esa gran figura que fue José Prudencio Padilla. Rescata sus proezas, miedos, cualidades, defectos.
En una de sus mejores líneas, Juan Gustavo Cobo dice: “poesía es convertir un momento histórico en un instante eterno”.   Perdomo hace de ese momento histórico una eternidad.

 

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