Obras tridimensionales de Ana Mercedes Hoyos se reúnen en exposición

"Tres D" recobra la importancia de las esculturas en la trayectoria de la artista.

La artista Ana Mercedes Hoyos.Cortesía

Ana Mercedes Hoyos inaugura este jueves en la noche la exposición "Tres D", en la que pretende darle protagonismo a sus esculturas, obras que han quedado en segundo plano si se comparan con las pinturas.

Por tal motivo, la artista de 70 años prepara una exhibición centrada en la revisión de los procesos creativos de su obra, un referente de la plástica nacional y latinoamericana. Su trabajo cuenta con un riguroso ejercicio de investigación desde lo conceptual y lo formal y la muestra que la galería Nueveochenta presentará en 3D se centra en un eje específico de su obra.  (Ver galería Retrospectiva de esculturas de Ana Mercedes Hoyos).

Aunque el enfoque de "Tres D" son las esculturas realizadas en los últimos 40 años, la muestra también cuenta con bocetos, anotaciones, dibujos y pinturas de la artista "que fueron fundamentales para el desarrollo de la obra tridimensional", explica Carlos Hurtado, director de Nueveochenta.

"La muestra evidencia cómo Ana Mercedes se mueve constantemente de lo bidimensional a lo tridimensional, siempre partiendo de la misma iconografía, enriqueciéndola en ese ir y venir casi obsesivo", agrega.

La curaduría de las 40 piezas fue un proceso conjunto entre el equipo de la galería y Hoyos.

"Es una oportunidad para poder ver muchos de sus trabajos escultóricos reunidos, así como todos los procesos que se surtieron conceptual y formalmente para llegar a los resultados finales. Es una muestra que permite descubrir los procesos íntimos de la artista y las principales motivaciones de su obra", indica Hurtado.

Muchas de las piezas que componen la muestra vienen de colecciones privadas y no están disponibles, sin embargo hay varios trabajos muy relevantes que podrán ser adquiridos por los interesados.

¿Quién es Ana Mercedes Hoyos?

La artista comparte con los lectores el siguiente texto biográfico.

Soy Ana Mercedes Hoyos, escribo desde mi estudio frente a mi último trabajo, unas pinturas sobre el Salto del Tequendama, una cascada en las cercanías de Bogotá y emblema de la mitología indígena. Recuerdo mi infancia porque a este sitio fui muchas veces con mis padres, Manuel José Hoyos Toro y Ester Mejía Gutiérrez.

Mi trabajo es cada vez más disciplinado. Hace 4 años que no viajo, instalada permanentemente en Bogotá, me he compenetrado en el entorno más íntimo que comparto con mi esposo Jacques Mosseri con quien convivo hace 46 años, con Ana nuestra hija y las nietas Ana y Helena.

Mi infancia y mi adolescencia fueron maravillosas en compañía de mi hermana María Elvira que nació en septiembre de 1946.Nuestra primera educación fue privilegiada, con clases particulares, viajes a Europa, México y los Estados Unidos y celebraciones permanentes. Estudiamos en el Colegio Marymount de Bogotá.

Pero esto no era lo que Ana Mercedes quería. Sentía que el mundo era más grande. Manuel Hoyos se había encargado de mostrarme libros y Museos, de su mano visité frecuentemente el Museo del Prado para ver las Meninas de Velázquez. En la casa había obras de Rómulo Rozo, Jesús María Zamora, Gonzalo Ariza y Luciano Jaramillo, quien sería mi primer profesor de pintura. En 1960 me graduéen el colegio y hasta aquí mi vida transcurrió entre algodones. Estaba predestinada para ser una gran señora. Pero había otros caminos. Tuve que pelear para entrar a la universidad, primero un semestre de dibujo arquitectónico en la Javeriana Femenina. Manuel Hoyos no quiso una universidad mixta. Con dificultad logré que me pasaran a la Facultad de Arte de la Universidad de los Andes y allí conocí a la crítica de arte Marta Traba quien influyó definitivamente en mi decisión de ser artista. Mi vida cambia, voy a tomar mi propio camino y esto conlleva muchos problemas familiares y personales. Ana Mercedes Hoyos empieza a pensar diferente.

Aun frecuentando y haciendo la misma vida, comienzo a descubrir el mundo intelectual, los profesores artistas y los compañeros de generación como el Momo del Villar que estudia arte en la Universidad Nacional yo lo sigo en la escuela de arte de esta Universidad, se convierte en gran amigo y cómplice, luego se nos une Manolo Vellojín y nos convertimos según Enrique Grau en "Los Tirapiedras".

Conozco a Jacques Mosseri y a los dos meses tomé la decisión de irnos a Nueva York a casarnos. Es el hecho más importante de mi vida. Dejo mi casa paterna y comienzo con Jacques una nueva vida. Tenía que alcanzar para vivir lo que entre los dos podíamos producir. El cariño era nuestra gran riqueza a pesar de las diferencias de crianza religiosa (la maravillosa familia de Jacques es judía, la mía católica) Jacques me aporta nuevas ideas políticas y artísticas; no teníamos que estar de acuerdo en todo.

Después del matrimonio civil pasamos un mes en Nueva York, instalados en una suite del Albert Hotel de Washington Square, el centro del hipismo. Pagábamos cincuenta dólares a la semana, con frecuencia teníamos que subir a pie los once pisos del destartalado edificio con un ascensor en ruinas. Era el año 1967, se presentaban exposiciones grandiosas sobre los nuevos movimientos artísticos. El Arte Pop estaba en su esplendor.

De regreso a Bogotá, nos instalamos en el pequeño apartamento de Jacques en el barrio La Macarena y desde allí empezamos a construir juntos, veíamos el Barrio vecino El Bosque Izquierdo queríamos vivir allá finalmente lo logramos y entre los dos con la ayuda de mi papá y de Julio Bonilla Plata construimos nuestra casa actual y hace 45 años estamos ahí. Yo dejo la Universidad sin grado, sigo en la universidad de la vida hasta que en el año 2000 la Universidad de Antioquia me otorga el grado Honoris Causa de Maestra en Artes Plásticas. En realidad el fundamento de mi trabajo es la construcción mi Papá al igual que Jacques son Arquitectos Urbanistas Manuel Hoyos es además constructor y autor de muchas de las casas de conservación en los actuales barrios residenciales de Bogotá.

En 1968 hice mi primera exposición individual en la Galería UD, situada en el "quiosco de la luz" del Parque de la Independencia. Fue muy exitosa y conté con el apoyo de los mejores: Fernando Martínez (el "Chuli"), Rogelio Salmona, Alejandro Obregón y mi amiga Marta Traba, entre otros.

Después participo en exposiciones colectivas y concursos de pintura. Recuerdo especialmente la de "Espacios Ambientales" que organizó Marta Traba en el Museo de Arte Moderno de la Universidad Nacional. Con Feliza Burztin, Álvaro Barios, Santiago Cárdenas, Bernardo Salcedo, Fernando Martínez y el maestro de obraVíctor Celso Muñoz. En esta ocasión obtuve el primer premio.

El 24 de octubre de 1969 nace Ana, nuestra única hija, y este hecho es para mí el evento más grande de mi vida y definitivamente el que organiza mi corazón y mi cabeza.

Todo se vuelve muy trascendental. En 1978 me otorgan el Primer Premio del XXVIII Salón Nacional de Artistas con el cuadro "Atmosfera". No dudo que este fue un gran logro pero también un motivo de problemas y desafortunadamente el primer golpe que me dio el difícil camino del arte en Colombia donde la competencia es brutal.

La obra "Atmósfera" trasciende a nivel internacional Ángel Kalenberg me invita a participar en la Bienal de París y luego, junto con Roberto Pontual organizan la exposición "GeometríaSensível" con obras de varios artistas de Latinoamérica y en homenaje a Joaquín Torres García en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro. Poco después de la inauguración se incendia el museo y se pierden todas las obras que incluyen maravillas del arte universal.

Marta Traba se va de Colombia y llega Eduardo Serrano que se convierte en mi gran amigo. Él tiene una visión muy actualizada sobre el arte y especialmente la escena de Nueva York, llega a dirigir la Galería Belarca en Bogotá, alrededor de esta se crea una visión nueva y dinámica del arte Colombiano. Luego viajamos juntos a Nueva York. Desde entonces mantengo allí una segunda casa.

En plena época de las atmósferas planeo una exposición en la Galería Alessandra que finalmente no se lleva a cabo pero me vinculo al mundo artístico de Nueva York. Me muevo entre esta ciudad y Bogotá y en una parada en Cartagena encuentro en la playa una palangana llena de frutas, conozco a su dueña, la palenquera Zenaida, una mujer maravillosa. La organización de su recipiente coincide con una investigación que adelanto sobre el constructivismo y el cubismo en la historia del arte a través del bodegón.

Desde Cèzanne, Negret, Picasso, Jawlensky, Zurbarán y Caravaggio visualizo esta conjunción en ese platón de frutas y me decido a pintarlo y a explorar un mundo que no conocía: la población negra en Colombia a través de San Basilio de Palenque, una comunidad de tres mil personas, descendientes de esclavos emancipados que se refugiaron allí por cuatrocientos años.

En Nueva York, la revista Newsweek me dedica una entrevista en su página final "People" en 1988. En 1992 la Fundación Japón me invita a visitar ese extraordinario país en un programa para artistas y jefes de estado. Luego en 1993 presento una exposición en la Galería Yoshii de Nueva York sobre el tema de Palenque. En el año 2000 el gobierno norteamericano me invita a participar en una conferencia sobre "Cultura y Diplomacia" en la Casa Blanca bajo la dirección del Presidente Bill Clinton. En el 2004 Luis Martin Lozano, Director del Museo de Arte Moderno de México me invita a una exposición retrospectiva simultánea con la de Diego Rivera cubista, para mí la figura más importante del Siglo XX. En México y con Diego Rivera consolido mi visión de América. Este país me adopta, por el tengo un gran sentimiento de admiración y gratitud.

La conciencia de nuestro pasado indígena, la conquista por los españoles y la llegada de los esclavos de África afianzan mi identidad. Soy colombiana y quiero transmitirlo a través de mi trabajo.