Oído absoluto

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El barítono argentino, que se hizo célebre cantando y tocando guitarra en la calle Florida de Buenos Aires, debuta en ópera con este montaje ambicioso dirigido por Rolf y Heidi Abderhalden.

El bajo fue su superación, mientras que la guitarra ha sido su realidad. Nahuel Pennisi hace parte de una familia musical y gracias a ese impulso filial logró evidenciar que su felicidad radicaba en la oportunidad de compartir con los demás un talento que sigue en proceso de evolución.

Sus padres lo motivaron a descubrir sus habilidades. Jamás le enseñaron el modo tradicional de colocar los dedos sobre el bajo. Más bien lo dejaron explorar el instrumento y le dieron el permiso para indagar sus alcances.

Él, por su cuenta y riesgo, inventó un modo particular de acercarse a los instrumentos de cuerda. Los encontraba sobre la cama o sobre un sofá y se ubicaba como si se tratara de un teclado. Nunca se los ha colgado del cuello, ni los ha apoyado sobre la rodilla para hacerlos sonar. Su procedimiento es distinto. Simplemente va pulsando las cuerdas en la medida en que va necesitando su nota.

“Lo que pasaba, también, es que el bajo me quedaba muy grande para mi estatura. Yo tenía en ese entonces tres años, así que me acostumbré a tocar de esta manera especial. Sin embargo, no es la única particularidad, porque yo no soy zurdo, y como me pusieron la parte del mango para el lado derecho, me acostumbré a interpretar el instrumento así”, cuenta Nahuel Pennisi, a quien le robaron el bajo y, como necesitaba un cómplice para hacer música, descargó su pasión en la guitarra, que resultó siendo un complemento perfecto para sus composiciones.

Gracias a la guitarra descubrió también la voz, y con ella su facilidad para contar historias. La calle Florida, ese pasaje peatonal característico de Buenos Aires (Argentina), lo acogió con instrumento y todo. Allí se volvió una figura llamativa. Era un joven talentoso, con una forma singular de hacer música y, además, no vidente. Los transeúntes disminuían su marcha para escucharlo y aplaudirlo.

“La calle es lo más importante, porque te enseña la vida. Me ha dado mucho como ser humano y como artista supe desarrollar la voz, porque me tocaba proyectarla sin micrófono. Lo más lindo es que el público lo va identificando a uno como artista callejero y uno se acostumbra a compartir su día a día con los demás. Me gustaba regalarles un poco de mis canciones a quienes iban de camino a sus trabajos. Estoy muy agradecido con la vida por ser artista callejero”, dice el barítono argentino que comenzó divulgando la multiplicidad del folclor de su país. Incluso dentro de poco publicará su primer disco, El sueño de la canción.

Nahuel Pennisi se hizo fuerte en conocimientos sobre la música tradicional. Luego cayó en la tentación de las sonoridades étnicas y amplió su repertorio entendiendo que las fronteras no existen en este arte. Estableció elementos conectores y se aventuró a componer para darles gusto a sus seguidores espontáneos de la calle Florida. Muchos de sus fans lo grabaron, subieron sus contenidos a la plataforma You Tube y su rol comenzó a cambiar.

“Yo llego a participar en Orfeo gracias a una selección que hicieron a través de You Tube, en donde existen algunos videos de los que soy protagonista. Me vieron ahí y pensaron en mí para hacer este personaje e integrarme con la gente que desde hacía algún tiempo ya estaba trabajando en Colombia. Recuerdo que estaba en Buenos Aires y recibí una llamada en la que me invitaban a hacer parte de este inmenso desafío porque jamás había hecho algo semejante”, confiesa Pennisi, quien dice que incursionar en la ópera sin una formación académica previa es un desafío.

Orfeo es una producción del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, con la coordinación escénica de Rolf y Heidi Abderhalden y con la dirección musical de Christina Pluhar. Además de Nahuel Pennisi participan en este montaje cantantes, acróbatas y los músicos de la Orquesta L’Arpeggiata, de Francia.

“Más allá de que esta sea una propuesta distinta sobre Orfeo a lo que se ha hecho, creo que a toda la música que se puede interpretar uno debe darle su propia identidad. Me gusta pensar que mi presencia en cada montaje puede ayudar a la gente a llevarse algo especial que rebase la atmósfera artística”, agrega el italiano, quien tiene oído absoluto, característica que se traduce en la capacidad de reconocer las notas musicales en el momento. Para él, Orfeo es colorido, no porque lo ve sino porque lo siente, lo huele y lo intuye.

 

 

 

jpiedrahita@elespectador.com

Viernes 28 y sábado 29 de noviembre, 8:00 p.m. Teatro Mayor, calle 170 Nº 67-51. Información y boletería: www.primerafila.com.co.

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