Hoy, en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán

“Otra vez en Bogotá, che”: Fito Páez

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El célebre cantante argentino celebra su cumpleaños número 54 en compañía de su público capitalino, en la segunda fecha de la gira “Sólo piano”.

El piano empezó a sonar. Todo estaba oscuro y sólo se podían vislumbrar unos sutiles parpadeos entre el público. Se escuchaban las agitadas respiraciones de los más de 1.600 asistentes que estaban completamente en silencio. En el ambiente se sentía una mezcla de tensión y ansiedad con cada tecleo, aunque él no aparecía aún. Los espectadores permanecían expectantes y emocionados.

Se abrió el telón y apareció Fito Páez vestido de negro y sentado al frente de un piano grande y reluciente. Los ojos perplejos de los asistentes se dejaban ver gracias a la luz violeta que rodeaba al artista rosarino. La gente gritaba y aplaudía con todas sus fuerzas, con todo su amor, con toda su admiración. Los gritos cesaron y los tecleos retomaron. “Dar es dar y no fijarme en ella y su manera de actuar”, fueron las primeras palabras que pronunció el argentino en su primera fecha de la gira Sólo piano.

Al terminar la canción Dar es dar, del álbum Euforia, de 1996, se levantó de la silla rodeado de júbilo, saludó a los asistentes y con su acento argentino los emocionó al decirles: “Otra vez en Bogotá, che”. Los aplausos se hicieron más fuertes y un coro alzó su voz: “Olé, olé, olé, Fitoooo”. Se dio la vuelta, se sentó y les dijo: “Guarden energía, la van a necesitar”. Se puso en posición con su amado instrumento, que aprendió a tocar cuando era pequeño, esta vez rodeado por unas luces color magenta. Las notas indicaron que se trataba del tema 11 y 6, en el que habla de una historia de amor y hace referencia al mítico café La Paz en Argentina, lugar en el que se reunían desde la década del 40 varios intelectuales y artistas.

Los seguidores capitalinos del argentino disfrutaron de un recital en la noche del sábado, en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán. No pasó un año para que Fito Páez regresara al país, luego de su presentación en junio en el Palacio de los Deportes. En esa ocasión celebró los 30 años de su icónico álbum Giros. Ahora vino en un formato más íntimo, más él, y que no realizaba desde hace algunos años.

Páez logra apropiarse de los escenarios, cautivar a su público, hacerlos gritar o guardar el mayor de los silencios. Su característico cabello, su piano negro, resplandeciente, y él, se mueven como un compás. Los guía, con sus manos, por un viaje en el tiempo y los invita a recorrer el pasado con sus composiciones inspiradas en musas, lugares y nostalgias.

Durante su presentación, el rosarino hizo mención de la situación actual con el presidente estadounidense Donald Trump y sus políticas de gobierno, entre ellas el muro que planea levantar para separar a México de Estados Unidos. “Bogotá y todos somos América, y América soy yo”, dijo, expresando su rechazo a las medidas. Pese a ser consciente de que es el dueño del espacio, le hizo homenaje a Pablo Milanés con el tema El breve espacio en que no estás, y a Charly García, a quien agradeció por ser su tutor.

El cantautor y su piano les ofrecieron a los espectadores un recorrido por temas de los álbumes Giros, Euforia, El amor después del amor y Circo Beat. Durante unos minutos el público volvió a quedar en silencio gracias a un solo de piano que generó una atmósfera fascinante en la que las notas musicales tocaban lo más profundo del alma. En otro momento, y a pesar de estar en un ambiente teatral, los hizo ponerse de pie a ritmo de Cadáver exquisito (1996) y Tumbas de la gloria (1992). Recordó a una de sus musas, Cecilia Roth, con Un vestido y un amor, del álbum El amor después del amor.

Con la canción Brillante sobre el mic, de ese mismo álbum, los fanáticos presenciaron el instante más romántico de la velada: Páez les pidió que encendieran las linternas de sus celulares, mientras él y su piano, con un juego de pequeñas luces de fondo, envolvieron con magia el recinto, al tiempo que las estrofas, “Hay recuerdos que no voy a borrar / personas que no voy a olvidar / silencios que prefiero callar”, eran coreadas por su gente.

Rodolfo Páez, uno de los más reconocidos exponentes del rock argentino, tomaba agua y continuaba. El público, en silencio, con la mirada puesta en él, quedó atónito cuando se puso de pie y, sin su piano, entonó para los capitalinos Vengo a ofrecer mi corazón.

La velada llegaba a su fin. Los fanáticos se levantaron al reconocer las notas de Mariposa tecknicolor. Fue imposible que permanecieran sentados: la canción era motivo de alegría y lo reflejaban al cantarla con una flamante sonrisa. La coreaban y levitaban cuando él hablaba, como cuando dijo: “Buenas noches, Bogotá”. Se levantó, alzó las manos, agradeció y dejó el escenario.

Los más de mil asistentes se negaban a marcharse. Familias enteras, parejas y seguidores de la época del Walkman se negaban a irse. No se sentaron, no se fueron, no hicieron más que esperar. Y así fue. Así volvió y cerró su primera fecha en Bogotá y de su gira Sólo piano con la canción Y dale alegría a mi corazón. La gente aplaudió, silbó y gritó mucho más fuerte que lo que se había escuchado durante el recital. Se levantó por última vez, como quien dirige una orquesta. Movía las manos al ritmo en que los asistentes debían cantar y aplaudir al unísono. “Bogotá en mi corazón” expresó con total agradecimiento antes de dejar el escenario.

Hoy se llevará a cabo la segunda fecha de la gira en Bogotá, también en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán, Pero más que una presentación, es una celebración. En 1963, Rosario se convertiría en la cuna del compositor, cantautor y director de cine que hoy, 13 de marzo, conmemora sus 54 años de vida cargados de música, premios y más de 20 álbumes. Eligió la capital de Colombia para estar al lado, primero, de su piano; segundo, de un teatro, y tercero, del público bogotano, en una fecha única: la celebración su vida.

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