¡Oye cómo suena!

Pop, rock, salsa, hip-hop, folk, reggae y bachata son los estilos musicales que dominan el más reciente trabajo discográfico del artista nacido en Jalisco, México.

Juanes y Diego Torres participaron en la grabación del nuevo álbum del artista chicano. / Cortesía Sony Music

Carlos Santana es un ensamble latino al servicio del rock. La disposición que tiene sobre el escenario el grupo del guitarrista nacido en Jalisco (México), pero radicado en Estados Unidos desde los primeros años de la década del 60, puede suponer o bien una descarga de aires tropicales o una avanzada de sonidos cercanos a las manifestaciones anglo. Lo curioso es que en este pulso musical no hay un dominador definido, porque en algunos pasajes la balanza se inclina hacia la salsa y el jazz latino, mientras en otros se destacan los golpes de batería y los punteos de guitarra eléctrica, en lo que resulta siendo un diálogo afortunado, lúdico y, sobre todo, pluricultural.

El chicano, que en los 70, siguiendo sus influencias espirituales, adoptó el nombre de Devadip, camina por todo el frente de la tarima con su guitarra y se ve cómo durante ese desplazamiento le da la espalda a un ensamble percutivo impecable, en el que se rotan el comando el timbal, el bongó, la tumbadora o la conga. No hay una guerra para establecer cuál logra exhibir más sus destrezas interpretativas, simplemente se complementan, se ayudan y se compenetran para hacer que la ejecución de piezas como Oye cómo va, Samba pa’ ti y No One to Depend On, entre muchas otras, sea una experiencia vital. Cuando Santana llega al otro extremo del escenario, lo recibe el rock en su más pura expresión con teclado, bajo, guitarras armónicas y, cómo no, batería.

A grandes rasgos, ese fue su comportamiento en el Festival de Woodstock, en 1969, cuando se sumó a la gran oleada de amor y paz. También mostró la misma nómina en su primera presentación en Colombia, realizada el 14 de octubre de 1973. Luego repitió la dosis en 1996, cuando alternó con Soda Stereo en el estadio El Campín, en Bogotá, y reprodujo el esquema en su concierto de 2009, para el que se anunció que se interpretaría una versión especial de El ratón junto al puertorriqueño Cheo Feliciano, aprovechando la presencia de varios artistas de la Fania en la capital colombiana. Sin embargo, lo que sucedió allí fue totalmente contrario, porque los salseros fueron tratados como músicos de segunda y obligados a desalojar el escenario para darle paso a quienes el empresario consideraba las verdaderas luminarias de la noche: Carlos Santana y su corte musical.

Esa noche el guitarrista tocó más de dos horas y realizó un recorrido emotivo por los temas más representativos de sus álbumes de antaño, pero también mostró que no se quedó en el pasado y que en el último lustro ha publicado temas exitosos sin la necesidad de recurrir a fórmulas facilistas. Hace poco presentó Corazón, su nuevo corazón, en el que está acompañado por grandes figuras de la música latina. A pesar de tantas colaboraciones, el guitarrista es el centro.

Ahí no hay discusión, no hay espacio para las dudas: el eje es el instrumento con cuerdas electrificado con el que Santana es capaz de desplazarse sin mediar contemplación por escenarios familiares como el pop, el rock, la salsa, el hip-hop, el folk, el reggae y la bachata. Su banda lo ayuda y le da un respaldo único, en el que aparece el órgano Hammond como coequipero. Pero además de los músicos con los que ya lleva tocando y girando desde hace varios años, en este trabajo discográfico hay invitados tan variados como la misma propuesta sonora.

Corazón comienza su viaje con la versión en español de Saideira, en la que canta el brasileño Samuel Rosa. Es un tema permanentemente arriba y en él el diálogo establecido entre la guitarra y la voz humana se va dando de forma natural. Después el convocado es Juanes, quien interpreta La flaca, la tradicional composición de Pau Donés, el fundador y líder de la banda española Jarabedepalo. El inicio se torna cercano al blues con percusión menor. Luego es el órgano el que se encarga de acelerar la exhibición melódica para darle paso a la descarga Mal bicho, interpretada al lado de Los Fabulosos Cadillacs. Es un ska potencializado gracias a la participación de la banda de Carlos Santana.

El argentino Diego Torres es el siguiente invitado y aporta su voz en la canción Amor correspondido, uno de los temas más tranquilos del registro, sin llegar a ser una balada. Una noche en Nápoles es la reunión de las voces femeninas de Lila Downs, Niña Pastori y Soledad. En esta canción, el grupo adelanta un viaje desde el flamenco, pasando por la música tradicional mexicana, hasta llegar a una descarga rítmica al mejor estilo de Carlos Santana.

Besos de lejos, con Gloria Estefan; Indy, a cargo de Miguel; Oye, con Pitbull, y Margarita, con la interpretación de Romeo Santos, conforman el grueso del nuevo registro discográfico del reconocido guitarrista.

La parte final es algo más experimental, con temas como Yo soy la luz, en el que aparecen el saxofonista estadounidense Wayne Shorter y Cindy Blackman; después viene I See Your Face, para culminar con Iron Lion Zion, al lado de Ziggy Marley y ChocQuibTown.

El 20 de julio Carlos Santana cumplirá 68 años y de seguro continuará creciendo al ritmo de su guitarra, porque, como él mismo dice citando a Bob Marley, “el futuro es brillante, fructífero y positivo”.

 

jpiedrahita@elespectador.com

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