Palabras de Molano

Alfredo Molano Bravo habló en la Feria del Libro de Bucaramanga entre otros temas, de la paz y de su más reciente libro, A lomo de mula, Viajes al corazón de las Farc, editado por Aguilar y El Espectador.

Alfredo Molano Bravo. /Archivo

En la fila de 500 metros que antecedió a la charla de Alfredo Molano Bravo sobre A lomo de mula, viajes al corazón de las Farc, la ansiedad de la espera se mezclaba con frases como “Ese hombre es el que realmente conoce las verdades de este país”, o “Yo quiero oír la versión que nunca nos han dejado escuchar”. Había estudiantes de colegio, de universidad, profesores, señoras, curiosos, hombres mayores asentados en sus bastones y un clima como de sol y fiesta con algo de escepticismo por la firma de la paz, por la prostitución de la palabra paz, por las dudas que dejaba el tratado, por la convicción de que la paz no iba a ser posible por un simple decreto.  “Todos debemos estar comprometidos, este no es un asunto de políticos solamente”, dijo un muchacho con gesto de autoridad. Después de una pequeña pausa, añadió que la tan mencionada paz sólo sería posible si el pueblo trabajaba por ella, y los gobiernos empezaban a trabajar por el pueblo.

Molano comenzó a hablar luego, muy luego de la hora prevista.  Entre tantas cosas, dijo que su más reciente libro era el penúltimo capítulo de una especie de saga, que se inició con Selva Adentro, y que trabajando en aquellos textos tuvo contacto por vez primera con los guerrilleros de las Farc. Antes, aclaró, los conocía por informaciones de prensa. Algunos minutos después habló de la prensa y las prensas y de las versiones oficiales, y afirmó, como tantas otras veces, que haber intentado romper esas versiones oficiales le ha generado muchos problemas, hasta el punto de haberse tenido que ir al exilio. “Toda explicación es entendida como una apología y por tanto como una colaboración. He sido siempre consciente del costo de romper las imágenes oficiales. No me he escondido ni he dejado lo que debo hacer, pero a veces me ha tocado hacerlo desde el exterior”, le había dicho tiempo atrás al periodista Santiago Cruz Hoyos, de El País de Cali.

La paz era el tema. Su tema, el de Claudia López, que hablaba en un recinto vecino casi a la misma hora, el de los estudiantes y los medios, el de los profesores y los jubilados, y el de quienes sólo han vivido inmersos en violencias. El de Colombia y el continente. Molano era claro y como una especie de sentencia, la sentencia de un hombre que ha recorrido el país una y mil veces, y que ha hablado con los campesinos y ha conocido sus necesidades y sus lamentos, sus tristes historias y sus anhelos, dejaba caer sobre el auditorio un nítido “mientras no haya justicia, no habrá paz”. Claudia López decía que no había Estado en muchas regiones del país, que todas las desmovilizaciones, por malas que fueran, han llevado cierta prosperidad a las poblaciones vecinas al conflicto, que no entendía la posición de Pastrana de oponerse al proceso de paz, y que las nuevas generaciones tenían un papel histórico para el futuro.

Mientras Molano hablaba y clavaba profundos estiletazos con su digno tono, una estudiante revisaba en su celular su biografía. Que había nacido en Bogotá en el año de 1944, decía. Que era sociólogo, periodista, columnista de El Espectador, docente, investigador, escritor. Que había obtenido premios Simón Bolívar, de Colcultura, y el Nacional en Ciencias Humanas, y que en los primeros años del gobierno de Álvaro Uribe había tenido que viajar a Stanford y Barcelona, exiliado, y que algunas de sus obras eran, ‘Selva Adentro’, una historia oral sobre la colonización del Guaviare; ‘Siguiendo el corte’: relatos de guerras y de tierra; ‘Aguas arriba’: entre la coca y el oro; ‘Trochas y fusiles’; Del Llano llano: relatos y testimonios; ‘Rebusque mayor’ ‘Desterrados’, crónicas del desarraigo; ‘Ahí le dejo esos fierros’, y su más reciente obra: ‘A lomo de mula, Un viaje al corazón de las Farc’, de la editorial Aguilar y El Espectador.

En una esquina, un profesor revisaba una entrevista a Molano de Cecilia Orozco. Entre varios otros temas, algunos de los cuales tocaba en su conferencia, decía que “En Tumaradó, Chocó, los paramilitares patrullan uniformados y armados. En Ataco, Tolima, se mueven hacia Planadas. En Meta y Casanare hacen retenes. Yo le creo a la gente que me cuenta, con detalles, la reorganización paramilitar en algunas zonas donde fueron fuertes. Escuchan a Uribe. Más aún, bajo la consigna de que los acuerdos de La Habana son impunidad disfrazada, lo que se transmite es que las Farc harán política armadas de fusiles. En Chocó, en el Magdalena Medio, en el sur de Tolima, en los Llanos, la gente ha sido envenenada con consignas de guerra. La historia se da una vez como tragedia y otra como comedia, escribió Marx. Se trata de una campaña que pone a temblar a la gente, que termina por creer como verdades mentiras mil veces repetidas”.

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