Papallaqta Estéreo, la emisora de la montaña

En medio del Macizo Colombiano, donde a duras penas entra la señal del celular, existe una emisora comunitaria que une en un solo dial a ocho veredas del suroriente del Cauca.

Es probable que usted nunca escuche Papallaqta Estéreo, 89.7 FM. Para sintonizarla, tendría que adentrarse en el corazón del Macizo Colombiano: ir hasta la terminal de Popayán, buscar la oficina de Coomotoristas del Cauca y tomar el único transporte que va hasta el corregimiento de Valencia. Tendría que estar allá a las 10:00 a.m. Puntual. No sea que lo deje el bus. Busque un buen asiento porque el camino que le espera es largo. Son ocho horas por trocha hasta el sur –bien al sur– del Cauca. Lleve mecato, compre un Mareol y mastique chicle, eso evitará que se le tapen los oídos por los cambios de altura. Recuerde que ascenderá hasta los 3.000 metros sobre el nivel del mar (msnm).

Cuando llegue, antes de bajarse en el pueblo, póngase unos guantes y prepárese para ver la puesta de sol. Siéntase privilegiado por estar ahí, en medio de  rosados y violetas salvajes que pintan el cielo. Vaya a la tienda. Tome un café y pídale a doña Pelchita que sintonice la emisora. Que le preste la radio. Su teléfono inteligente poco servirá. Y si necesita o quiere wifi, le tocaría subir unos 50 kilómetros hasta la caseta del Parque Nacional Natural Puracé. El único punto Vive Digital.

Papallaqta Estéreo es una emisora comunitaria que nació en 2016 como una iniciativa de los habitantes del corregimiento de Valencia, ante la necesidad de tener su propio medio de comunicación. Gracias a Parques Nacionales Naturales de Colombia, la Corporación Autónoma Regional del Cauca, CRC y la Institución Agropecuaria Valencia, se consiguió un transmisor de 24 watts, que les permite llegar a ocho veredas aledañas.

 

La idea venía rondando en la cabeza de Gustavo Adolfo Papamija, operario del Parque Nacional Natural Puracé, desde hace varios años. Como campesino de sangre, bien sabe que la mejor compañía siempre será una buena radio. Junto con Faber Jiménez, gobernador del Resguardo Indígena Papallaqta, aunaron esfuerzos para ser escuchados.

Comenzamos con esta iniciativa con una radio de poca cobertura, es decir, que cuenta solo con 20 kilómetros de alcance. Nuestra meta es crecer y crecer”, dice Gustavo mientras hace un gesto y abraza a la inmensidad con sus brazos.

Lo más difícil fue conseguir los equipos y adecuar un salón de la Junta de Acción Comunal para que se convirtiera en emisora. Lo más fácil, bautizarla: ‘Papallaqta’, palabra indígena que significa ‘Valle de las papas’, nombre con el que se le conoce al páramo donde está la cuna de la Laguna de la Magdalena; allí nace el ‘Río de la patria’.

Para los indígenas y campesinos es un lugar sagrado. Y no es para menos, de ese pequeño espejo lagunar de siete hectáreas, equivalente a once cuadras de una ciudad, depende más de la mitad del país. El 86 por ciento del Producto Interno Bruto, el 70 por ciento de la energía hidráulica, el 75 por ciento de la producción agrícola y el 50 por ciento de la pesca de agua dulce, según cifras de The Nature Conservancy (TNC).

Para llegar al Páramo de las Papas desde Valencia, se debe subir hasta la vereda La Oyola y ascender durante tres horas de caminata hacia La Magdalena, ubicada en la vereda San Antonio del municipio de San Agustín. El páramo divide los departamentos de Cauca y Huila, y comprende parte de las 83.000 hectáreas del Parque Nacional Natural Puracé.

Carlos Sánchez, técnico del PNN Puracé, destaca la importancia del trabajo realizado por Gustavo y Faber, y asegura ser testigo del cariño que le ponen a su labor: “La emisora se ha convertido en una herramienta muy valiosa para todos nosotros, pues a través de ella hemos logrado concientizar a la gente de la importancia de su territorio. Gustavo y Faber son dos trabajadores incansables. Siempre están con ganas de hacer más y más”, dice.

Ganas, empeño y trabajo duro son las palabras precisas para describir a Papallaqta Estéreo. Basta con entrar a la ‘cabina’ para comprender que cada centímetro está lleno de esmero. Repleto de amor. Las paredes de ese salón de cinco metros por dos y medio, están recubiertas por panales de huevos que aíslan el sonido, así la acústica rebota en un 20 por ciento. Para ellos, nada que envidiarle a una cabina profesional.

Un monitor, dos torres, un computador portátil, una consola de audio, dos micrófonos alámbricos, dos pares de audífonos de diadema y dos mesas plásticas, son los equipos con los que cuenta esta emisora comunitaria para llegar a las casas de los habitantes del Valle de las Papas. Para hacer las transmisiones desde las diferentes veredas, cuentan con una grabadora Tascam que les permite archivar clips de audio para luego editarlos y reproducirlos a su audiencia. Eso de editar y transmitir lo aprendieron por Internet. Gustavo y Faber son orgullosamente autodidactas.

Aunque el espacio es pequeño, siempre habrá un lugar para todos. Además de los equipos hay seis sillas Rimax para acoger a sus invitados.  “Cuando me invitaron al programa y escuché cómo hablan los locutores, creí que se trataba de periodistas profesionales. ¡Es increíble el manejo que tienen del lenguaje y la dicción!”, asegura Ricardo Guzmán, comunicador social y periodista que viaja por el lugar.

Todos los días, a las 7:00 p. m., empieza el programa ‘Voces de conservación’, dirigido por Faber y producido por Gustavo. Allí no solo se las ingenian todas las noches para ganar más oyentes, sino que invitan a los turistas que se encuentran de paso a hablar sobre su experiencia en el Páramo. “Nos gusta que la gente de lejos les hable a los de acá sobre la belleza de estos paisajes. Eso hace que recordemos la responsabilidad que tenemos de cuidarlos. Una responsabilidad ancestral”, afirma con seguridad Papamija.

Aunque la 89.7 FM es todo un éxito en estas montañas, Faber Jiménez explica por qué necesitan más: “De momento estamos trabajando en mono, no en estéreo y solo tenemos dos salidas para micrófonos. Lo que queremos es conseguir un procesador de audio para que no se escuchen tantos baches y para que podamos ampliar nuestra cobertura. Queremos llegar a más veredas, a más gente”.

Desde que existe Papallaqta Estéreo, Analía Anacona, habitante de la vereda La Oyola, dice que sus días son más alegres. En las mañanas, además de escuchar el canto del gallo y los ladridos de su perro Tarzán, sintoniza la frecuencia y se pone a bailar. Pocos son testigos de su felicidad. Apenas los viajeros que se aventuran a recorrer las entrañas del Macizo Colombiano por las montañas del suroccidente y su esposo, Gulbert Papamija, lo notan.

A Analía le encanta su emisora y prefiere cocinar con música porque dice que así la sopa de maíz pringao’ le sabe más rica. Cuando suenan canciones donde se escucha la quena, Tito, su gatito negro de ojos verdes, se le enrosca en los pies. Es una lástima que usted, probablemente, nunca llegue a sintonizarla.