¿Qué pasó con la editorial Norma?

Los libros de ficción y no ficción serán distribuidos hasta diciembre de 2012.

La noticia sacudió el mundo editorial latinoamericano a principios de este mes. La editorial colombiana Norma, con injerencia en 13 países de manera directa y cuatro indirecta de toda Latinoamérica, anunció que no contrataría más novedades para sus líneas de ficción, no ficción, autoayuda e interés general para adultos.

La decisión tomaba de forma sorpresiva a autores nacionales como William Ospina, Antonio García, Santiago Gamboa y Óscar Collazos, entre otros que habían cerrado contratos con el sello. Dejaba también tambaleando a otros autores internacionales como los chilenos Roberto Ampuero, Pablo Simonetti y Sebastián Edwards, que habían cerrados jugosos negocios con la prestigiosa editorial.

Desde hace algunos años, el sello editorial del grupo Carvajal, que durante 40 años había construido un catálogo impecable que podía ufanarse de tener los derechos de Gabriel García Márquez para Latinoamérica, de haber publicado a Álvaro Mutis, Andrés Caicedo, Adolfo Bioy Casares, decidió aventurarse a posicionar sus apuestas literarias a la altura de las grandes ligas de la edición de estas latitudes, como eran Planeta, Alfaguara y Random House Mondadori. Por eso se iniciaron importantes contrataciones que incluyeron desde la invitación al editor Gabriel Iriarte, uno de los más reputados de Colombia y para entonces editor de Planeta, a trabajar con el grupo, hasta importantes inversiones con autores internacionales como la de 400 mil dólares que según el diario La Tercera de Chile se pagaron por los derechos de los tres ponderados escritores chilenos.

El catálogo de 80 escritores colombianos y 280 internacionales y su premio anual de literatura La Otra Orilla, de 30 mil dólares, que ganaron escritores como el mexicano Ignacio Padilla y la nicaragüense Gioconda Belli hacían pensar a los autores y agentes literarios que la editorial era un terreno seguro.

Sin embargo, dentro del grupo empresarial la realidad parecía apuntar a una dirección contraria. “Desde hace tres años veníamos en un proceso de rehabilitación y refocalización en todas las empresas del grupo Carvajal y vimos que teníamos muchas fortalezas en el tema de educación. Somos la compañía que ofrece los paquetes más completos para los colegios y decidimos ir convirtiéndonos en la empresa que mejor atendiera este mercado, que cobija a 151 millones de estudiantes en todos los países en los que hoy actuamos”, explica la presidenta de Carvajal Educación, Gladys Helena Regalado, quien añade: “De toda la facturación de América Latina, las líneas en las que hemos decidido desinvertir paulatinamente representaban tan solo el 3%, de tal forma que el tamaño de ventas de nuestro sello siempre fue más grande en educación”.

A pesar de que los ingresos en los segmentos de ficción y no ficción para adultos se habían mantenido en un nivel estable, “ni aumentaban, ni decrecían”, un punto empezaba a preocupar a la compañía: el bajo nivel de lectura en Colombia y Latinoamérica. “Norma es una casa matriz ubicada en Colombia, en donde hay un nivel de 1,6 libros por habitante al año, en comparación con España que registra, por ejemplo, siete libros por persona; Alemania, 15; Noruega, 18, y Japón, 47. Estábamos compitiendo en este rubro de ficción para adultos con editoriales de grandes ligas que tienen su casa matriz fuera de América Latina, ubicadas en Europa y Estados Unidos, y nos enfrentábamos a un problema de escala. No nos daba para competir y conseguir el autor grande, porque ellos podían amortizar sus gastos en el país de su casa matriz”, añade Regalado.

Estas situaciones hicieron que el grupo empresarial tomara la decisión de focalizarse en su segmento de libros de texto y papelería escolar y desinvertir en sus fondos de ficción. “Desinvertir quiere decir que no vamos a contratar más novedades, pero hoy tenemos un fondo muy amplio de autores, así que tan pronto hicimos esta comunicación salimos a hacer cita con los agentes. Es un proceso largo, que se hace de persona a persona, dando la cara. No queremos dejar a los autores en el aire, estamos llegando a un acuerdo con ellos de cuál es la mejor forma de hacer esto. Les ofrecemos distribución hasta diciembre de 2012”.

Autores como Óscar Collazos, que publicó con el sello editorial Señor Sombra, aseguran que la editorial está buscando realizar el proceso de devolución de derechos de la forma menos burocrática posible. Sin embargo, lamenta profundamente la decisión: “Es una gran pérdida para la producción literaria colombiana, se trataba de la única casa editorial nacional con circulación internacional y con una política editorial a la par de las grandes editoriales de habla hispana. En ese sentido se cierra una puerta muy grande y quedamos los autores en manos de un mercado mucho más restringido”, explica Collazos. El lamento se deja sentir también por parte de otros escritores. “Norma tenía un catálogo extraordinario, tenían traducciones hechas por ellos mismos de autores brasileños. De hecho, ellos dieron a conocer muchos escritores brasileños desconocidos en el continente y ayudaron a difundir más la literatura latinoamericana”, explica por su parte Santiago Gamboa, ganador del premio La Otra Orilla en 2009. “Son días de duelo en el mundo de la edición, en Latinoamérica y en España”, expresó por su parte el agente literario Guillermo Schavelzon.

El mundo de la cultura ha dejado ver su tristeza e indignación en algunas columnas de opinión, que ponen de manifiesto que una editorial no sólo tiene obligaciones comerciales, sino también morales y que sugieren que la estrategia de buscar una alianza, como incluso lo hizo recientemente la editorial Anagrama, que se unió al grupo italiano Feltrinelli, hubiera sido más sano para la industria.

Sin embargo, desde la Cámara del Libro dicen entender la decisión. “Es comprensible desde el punto de vista estratégico, la industria no tiene un decálogo para afrontar la crisis y cada uno tiene que ver cómo lidiar con el nuevo escenario. Consideramos que esta decisión obedece al enfoque del negocio en el que ellos quieren permanecer. Hoy parecería que las industrias se están enfocando en nichos, ellos son muy fuertes en libros de textos, gerencia e infantil, lo que ellos hacen no se diferencia de lo que está sucediendo en el mundo”, concluye Manuel Sarmiento, secretario general de la Cámara, quien asegura que el hueco dejado por Norma será llenado por la industria.

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