Paterson: La belleza discreta de lo cotidiano

La más reciente película de Jim Jarmusch, Paterson, es una sencilla prestación de los espacios y los días, los objetos y las fotografías, pero sobre todo del tiempo.

Escena de "Paterson".

En la Atenas de hoy el transporte público tiene el nombre de “metaphorai”, metáforas. Los trenes y los autobuses, al igual que las metáforas, recorren lugares, pero también reúnen, encuentran, de manera más o menos fortuita gente, pero también historias.

Los códigos diarios, compartidos y personales, nuestras conductas que ordenan y regulan el paso del tiempo y nuestro recorrido por el espacio, son nuestro transporte por lo cotidiano, nuestras metáforas. Paterson es una de ellas. Paterson, la ciudad y su homónimo conductor. Refiriéndose a lo cotidiano, el filósofo y sociólogo francés Michel de Certeau contundentemente dice: “Todo relato es un relato de viaje, una práctica del espacio”.

La repetición: los fósforos, las gemelas, los niños, su rutina. La repetición, al disfrazarse de rutina oculta la potencia significativa de lo cotidiano.

El tiempo, las fotografías, los objetos ¿qué significado tienen en una vida? Aparentemente sólo están ahí, ocurren, aparecen, estáticos, siempre en el mismo lugar. Lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo. Sin embargo, Paterson les da un lugar, los vuelve poesía, no porque Paterson sea alguien excepcional, de hecho es un conductor de autobús de una perdida ciudad en algún lugar de norteamérica, sino gracias a lo cotidiano.

Aquí no ocurre nada “extraordinario”. Al menos eso es lo que simula la rutina. Nos subimos a su autobús, escuchamos las líneas de su “Love Poem” una y otra vez alabando la cabeza azul de los fósforos “Ohio blue tips”. Y entendemos que hay miles de esos fósforos, pero uno de ellos puede encender el cigarrillo de la mujer que ama y todo puede cambiar después. Sutiles diferencias en nuestras rutinas que marcan la diferencia, diferencias que Paterson percibe día a día a pesar de su rutina.

Acostumbrados a los acontecimientos, a los grandes y espectaculares acontecimientos, Paterson es lentitud y belleza, allí radica el germen de lo extraordinario. De hecho, Paterson, la ciudad y nuestro conductor, huye de la intoxicación de lo extraordinario

Y todo empieza a encajar, a adquirir sentido, nada es gratuito. 

El libro de Melville sobre su mesa de noche, los paseos nocturnos con su bulldog inglés hacia el bar, la hora del almuerzo frente a las cataratas, las mañanas junto a su amada, quien cada día le dice un sueño distinto, aunque sigan ellos, aunque insistan en ser los mismo.

Paterson es un anarquista. Nos recuerda que los objetos, las charlas, nuestras rutinas no son inocuos. Encuentra belleza y estupefacción sin esperar un gran acontecimiento, pues la vida es ya un gran acontecimiento. 

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