"Las películas no son de lo actores; son de los directores": Javier Cámara

El actor español, nominado a Mejor Interpretación Masculina en los Premios Platino, cree que lo mejor de la vida es no tomarse nada muy enserio. ¿Por qué sin ser el mejor en su escuela de artes dramáticas, Cámara es uno de los actores más reconocidos?

Reuters.

¿Para qué sirven los premios?

Los premios cuando van cogiendo prestigio y se van convirtiendo en representantes de un país y una cultura son importantes por la vitrina que son: pueden impulsar las ventas y las promociones de las películas que allí se mueven. Estos son los terceros Premios Platino y yo confío en que se vuelvan en unos premios muy importantes en el tiempo. Hay una excitación muy interesante por los medios que vienen y eso nos hace ver que se están tomando en serio esta celebración. Creo que todo el mundo se está empezando a sentir muy orgullosos de todo esto, están viendo que no era solo una cosa de un año y confío en que llegue el aniversario treinta de estos premios y que ganarse un Premio Platino sea de repente la oportunidad para que tu película se estrene en un montón de lugares porque es símbolo de algo importante. Lo que más me gusta de estos premios es lo que pasa detrás de la alfombra roja, detrás de las cámaras: la cantidad de gente interesante que hay, desde los que comienzan a producir una película hasta una estrella mediática o un periodista. Toda esa infraestructura industrial, artística y creativa que se genera tras bambalinas de los premios es lo que es más rico e interesante. Hay que enfocarse en que haya más técnicos pendientes de esta maquinaria. 

¿Cómo controlar el ego con tanto reconocimiento?

Mira, cuando te dan un premio eres importante y dos horas después tienes que llegar a tu casa a meter la ropa a tu lavadora: pones el Goya encima de la lavadora y te das cuenta de que también tenés que planchar. Los premios te dan un prestigio que sirve como visibilidad, porque mucha gente ve ciertas películas porque han ganado o han sido nominadas a distintos premios. Es bonito que te den un premio porque no solo te lo dan a ti sino a toda la película. En el caso de los Goya que son los más importantes de España, luego de la celebración Truman multiplicó su taquilla, entonces eso es buenísimo para la película.  Tu ego está un poco controlado si eres un poco humilde, un poco sencillo y un poco normal. En el momento en que te dan un premio te metes en un coche, luego te quitas el esmoquin y lo entregas a la tiendo en donde lo rentaste. Te vas a trabajar o a buscar trabajo. Es bello que te den un premio porque son tus compañeros y porque claro que te llena un hueco en el ego y en la ilusión que tenías cuando eras joven y soñabas con ganártelo. Uno se da cuenta de que el resultado no es lo más importante: el camino de hacer una película sí.

¿Qué ha encontrado en ese camino?

Me he encontrado de todo: momentos horribles, momentos de quererme ir a mi casa y no volver nunca más en un set. También momentos de gran ilusión, ahora mismo, por ejemplo, estoy en un momento de felicidad porque estoy haciendo películas que me gusta hacerlas y porque tengo cierta relajación para afrontar las películas. Antes de decir “acción” estoy relajado, estoy tranquilo y no me come la ansiedad. He ido adquiriendo un peso personal que me deja respirar y me deja hacer lo que siempre he querido. Empezaré a examinarme cuando tenga 50 años, mientras tanto no. Todos mis nervios soy yo, todos mis miedos soy yo, todas mis inseguridades soy yo, y todos mis aciertos también soy yo. Me perdono un poco.

¿Por qué nunca se fue para su casa en esos momentos horribles?

Nunca me fui porque había una mezcla de inconsciencia y determinación que hacen de mí la persona que soy. No es falsa humildad, realmente no era el que más talento tenía en la escuela de artes dramáticas. No lo era. Pero los que tenían más talento ya no están. Se marcharon a su casa. Igual no solamente necesitas talento, igual necesitas determinación, inconsciencia, ser un poco absurdo y tener aguante. Uno no se puede venir abajo cuando le hayan dicho no a diez o quince castings. Creo que lo más importante es tener una especie de pasión, de decir: “coño que si me encanta esto. Que me encanta hacer películas. Qué mundo precioso” y luego, cuando entras darse cuenta de que sí es muy hermoso; muy destructivo a veces, pero maravilloso.

¿Cómo asumir la derrota después de tantos no?

Es difícil. Lo que yo hago es entendiendo que hay otras cosas después. Cuando es algo muy potente me digo: “qué lástima, tan bonito que estaba el papel”. Sabes que tienes una vida, por ejemplo, tienes una pareja, una casa, unos amigos que te invitan a cenar. Siempre cuido de tener un poquito de dinero en el banco para que nada me pille. Si no hago cine hago teatro. No valoro otras circunstancias más peregrinas para volver a trabajar como camarero porque me va bien como actor, pero no lo desecharía. Me la paso muy bien en la vida.

El cine iberoamericano se destaca por la manera de narrar las historias. Sin embargo, en las salas de cine las personas siguen prefiriendo las grandes películas de Hollywood.

Las pantallas donde se ponen todas esas películas son americanas. En España, por ejemplo, el 90% de las pantallas son americanas o francesas. Son ellos quienes deciden. Tú tienes películas y te toca ir y vendérselas a ellos. Los dueños de las salas no son españoles, hay un porcentaje muy mínimo y aquí, en América Latina, pasa lo mismo, entonces ellos ganaron por la mano eso y de repente nos llevan esa ventaja. Obviamente hay películas comerciales en Hispanoamérica, están hechas para que el público se entretenga: de terror, de género, de comedia, de aventuras...Tenemos un cine que está mucho más cercano a lo documental y que está copando todos los premios de los grandes festivales, eso quiere decir que hay una calidad en el cine que hacemos. Hispanoamérica tiene todo tipo de cine y todo tipo de públicos, lo que tenemos que hacer es que ese cine llegue a esos públicos. 

¿Cree que todo arte es político?

Creo que detrás de cada frase hay una idea y una intención. Otra cosa es que el director quiera llevarla a cabo o que te lo explique bien o que el actor se haga dueño de la idea y quiera mostrarla como desea. Yo pienso que las películas son de los directores, las películas no son mías. Yo soy un instrumento que ayuda a contar una historia. En ese sentido, no es que me distancie de la historia, pero sí quiero hablar con el director para que me diga que lo que él quiere contar. Si en Truman quiere contar una historia de amistad pues lo hacemos así, todo depende de lo que el director quiera porque no vamos hacer mi historia, una que yo haya leído y pensara “ay qué maravilla, leí o vi esto y me imaginé así”. Creo que las películas son armas muy poderosas y lo que tenemos que hacer es que lleguen al público que está deseoso de recibir y empatizar con las historias que estamos contando. A veces no llegan y produce mucha angustia.

Javier Cámara en una frase

No te creas nada.