Pequeño soliloquio de un muerto enamorado (Cuentos de sábado en la tarde)

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¿Qué gran novela muestra cómo dos amantes se vuelven amigos? No hay historia que resista esa trama, así como el hombre no resiste el amor que intima con la muerte.

Una vez algún célebre idiota, de cuyo nombre prefiero no acordarme, dijo que el sexo después de los 45 años era repugnante. Y sí que lo es, aunque prefiera ignorarlo, así como ignoro esa silueta que se despierta a mi lado cada mañana y se acuesta cuando yo todavía lucho contra el insomnio.

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La ignoro y al mismo tiempo la deseo. La deseo como la deseé el día que me prendí de ella y comprendí por qué dicen que el amor es la cúspide, la corona y el motor del cosmos. Me enamoré, o al menos eso creo. Lo creo porque dolía, porque el mundo se redujo a ella, porque sentía morir, y moría porque, así como los cuerpos se buscan y se funden, el amor tiene intimidad con la muerte.

Sentía morir, y aquello era violento y embriagador a la vez. Agonizaba, agonizo, y ya estoy lo suficientemente sobrio como para darme cuenta de que el amor es el motor del cosmos y su destrucción.

Claro que pienso en volver a amarte. Pienso en volver a abrazarte y besar tus labios, todos tus labios; pero una vez me decido, te rechazo.

¿Por qué te rechazo? No lo sé, amor mío. Los amores prolongados irremediablemente se contaminan de repugnancia, de discusiones acres, de un aburrimiento y una indiferencia a veces inexplicables y abruptos, y también predecibles y agobiantes. Hicimos el amor, creamos el motor del cosmos, y de él ya no quedan sino la tristeza y la destrucción, que en el fondo es el amor.

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Y como no hay cosmos, entonces me voy. ¿Por qué me pides que me quede si eros ya murió? Sí, la amistad es la muerte del amor y el nacimiento del raciocinio, pero yo no quiero madurar ni hacer de este matrimonio una amistad. Dime, ¿qué gran novela muestra cómo dos amantes se vuelven amigos? No hay historia que resista esa trama, así como yo no resisto el amor que intima con la muerte.

Así que me voy y al dejarte también dejo algo de mí entre las sábanas. No te preocupes, hablaré mal de ti, criticaré hasta tus gemidos alguna vez eróticos y hoy ya vacíos. Criticarte será algo masoquista, y es mejor así, para al fin desprenderte de ti y de esa parte de mí que ya no es mía sino tuya.

Adiós. Y no te preocupes: amarás a otro pronto porque si yo soy también cualquier otro podrá ser.

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