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Permiso para leer

El pasado fin de semana, en el municipio de Piedecuesta, Santander, unos promotores de lectura fueron desalojados de la plaza principal, al parecer, por interrumpir las actividades que se desarrollaban en las conmemoraciones de la Virgen del Carmen. El curioso hecho, sin precedentes, abre nuevamente la polémica por el uso del espacio público.

Imagen de una de las escenas que suelen darse al paso de la Bibliomotico por los poblados de Santander. Cortesía

Sebastián Peña y Saulo Lizarazo son dos docentes que viven en Piedecuesta. Motivados por acercar a los ciudadanos de su municipio a la lectura, decidieron construir con su propio dinero, e invertir un considerable tiempo de sus vidas, en dar luz a la Bibliomotico. Esta armazón de metal montada en una motocicleta lleva un buen tiempo recibiendo donaciones de libros y compartiéndolos en espacios como parques o casas de cultura, de manera gratuita y espontánea.  

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La iniciativa de biblioteca rodante y sus actividades puede seguirse en Facebook como Literatónica. En sus programaciones, obedeciendo a prácticas similares en Colombia y en el mundo, incluyen parques y espacios públicos donde expanden sus libros y a la vez la mente de niños y adultos que se acercan a curiosear el material que exponen. Aprovechando la afluencia de público en la celebración del día de la Virgen del Carmen en la plaza principal de Piedecuesta, decidieron ubicarse en un costado del parque para realizar sus actividades habituales. 

Con sorpresa encontraron que sobre las cuatro de la tarde del domingo 14 de Julio, un funcionario de la Alcaldía les indicó que debían desalojar el sitio e “irse a trabajar a otro espacio”. Con la solicitud, miembros de la Policía, quienes decían seguir instrucciones de sus superiores, amenazaron con imponerles comparendos e incluso decomisar la bibliomotico. Los promotores, con bastante molestia por lo ocurrido, terminaron recogiendo los libros y retirándose para evitar perder el esfuerzo de sus vidas, no sin antes transmitir en vivo su inconformidad en redes sociales.

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Nuestro ejercicio básicamente es promover la lectura” dice Sebastián Peña, “no vendemos ningún producto, no hacemos ninguna campaña política o parecida, no cobramos por ninguna de las actividades, simplemente llevamos la lectura por la convicción de que es importante”. Indica Sebastián que no hubo ningún tipo de mediación, que el tono no fue ni cordial ni amable y que incluso los efectivos de la Policía amenazaron con imponer sanciones por su actividad: “uno de los policías llamó al camión para recoger nuestra bibliomotico y por la forma en que actuaban lo vimos como una amenaza que podían cumplir; dado que ha sido construida con tanto esfuerzo y dedicación decidimos quitarle los libros a las personas que leían en ese momento, niños incluso, y retirarnos”; la molestia es notable de este docente santandereano cuando recuerda el episodio.

Al ser consultada por los hechos, Ingrid Figuera Castellanos, Secretaria del Interior del municipio de Piedecuesta, manifiesta que la administración municipal no está en contra de este tipo de actividades sino que por el contrario aplaude iniciativas como esta, al tiempo que lamentó si la situación generó inconformidad con los promotores de lectura. “Para esa fecha existía un permiso previo para el evento promovido para la conmemoración de la Virgen del Carmen, situación que generó inconformidad con los promotores de la lectura, pues se encontraban ubicados en un espacio que sería utilizado para la ceremonia”. Señaló que no hubo una prohibición para la instalación de la Bibliomotico sino que “se desconocía la realización de esta actividad, razón por la cual invitamos a los promotores y a la ciudadanía a que se acerquen a la Secretaría del Interior para solicitar el permiso, cumplir con los requisitos y agendar dichas actividades y evitar el cruce con otras que se tengan programadas”.

A la luz del abogado y docente Jaime Rivera Murillo, era absolutamente probable que los promotores sí recibieran una amonestación e incluso que el vehículo les hubiese sido decomisado. “El código de policía deja la puerta abierta para este tipo de interpretaciones y tiene cierta dureza con actividades como las de promover la lectura en este caso, o la de las famosas empanadas”. Señala que el código no hace propiamente una distinción y es netamente contravencional, es decir, que advierte o impone. “El peligro está en que hay conductas que pueden ser reprochables pero también no hay claridad en qué otras conductas no peligrosas también sean objeto de arbitrariedades”.

La situación genera un precedente que afecta una de las prácticas más populares en el ámbito de la promoción de lectura, que incluye un uso abierto y libre de espacios públicos para ese fin. Los parques, plazoletas y escenarios similares han sido por años utilizados por entidades privadas y públicas, promotores y artistas de todo tipo para que las personas se acerquen a leer sin necesidad de tramitar ningún tipo de permiso. La lectura y su promoción facilitan el acceso a la información que es uno de los derechos fundamentales del ser humano.  

Mientras crece la polémica, la Bibliomotico, ha advertido que encenderá sus motores para buscar otros escenarios donde extender las alas de los libros para que vuelen libres entre las personas que quieran leerlos en los próximos fines de semana. Señalaron que van a continuar promoviendo la lectura así no haya un permiso para leer.

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2019-07-21T13:47:32-05:00

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Isaias Romero P. / @yopoetrix

Cultura

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