‘Lo perpetuo de lo inútil’

Tatiana Mejía y Daniel Cuartas construyeron juguetes a gran escala (‘Titanes’), que mueven sus extremidades y tienen una personalidad que supera el objeto plano.

Tatiana Mejía y Daniel Cuartas hicieron el esfuerzo de no convertir sus ‘Titanes’ en cuerpos tridimensionales. / Sergio González

“Ligo y desligo, atraigo y retiro en 48 horas a tu ser amado sin que se entere. Dominado: mente, cuerpo y espíritu. Absoluta reserva”; reza el Indio Amazónico, el brujo o yerbatero, sujeto a una pared y rodeado de otros cuantos de su especie en el teatro Pablo Tobón Uribe, en el centro de Medellín.

Es un semidiós, también, uno que cobra vida en la imaginería de Tatiana Mejía, su creadora, quien creció en Bogotá, cerca al teatro de marionetas de Jaime Manzur, y luego regresó a Medellín, su tierra natal, la ciudad “wannabe Miami”, como dice, donde expone ahora sus ilustraciones, varias piezas bidimensionales bajo el nombre Titanes. Lo perpetuo de lo inútil.

Mejía, quien estudió diseño gráfico, se apasionó desde muy joven por la mitología griega, los paganismos, la astrología y hasta el esoterismo. Con un “sincretismo” en su cabeza concibió sus juguetes: Adán, un hombre con extremidades de serpiente que encanta y envenena, y Eva, una mujer con tentáculos que seduce, apresa y mata.

Luego llegaron la mujer pescado, el hombre cangrejo, la mujer buey, el hombre tigre, pasó por Mahoma, Jesús, Buda, el Divino Niño, y dibujó cuanto profeta o ser con cualidades inhumanas, como el Indio Amazónico, para ridiculizar sus dotes a cambio de proveerles sólo una, que, dicho sea de paso, ella considera mejor o al menos más certera: la de marionetas.

Con su nostalgia por el objeto antiguo, además, donde desaparece lo virtual y adquiere vida lo rudimentario, a sus figuras les hizo un corte en cada articulación para que quienes las tuvieran pudieran manipularlas a su antojo, y fue ahí de donde se sujetó Daniel Cuartas, quien acababa de ganarse un premio otorgado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) al presentar el proyecto más innovador de Colombia para discapacitados visuales.

Él, que estudia ingeniería mecatrónica, encontró belleza en la combinación grandilocuente y popular de Mejía por dos fijaciones especiales: la discapacidad, con la que dialogaron sobre lo que podría entenderse como anatómicamente correcto, yéndose por distintos laberintos de descreimientos y credos como la biomecánica, y el ilusionismo, por lo que decidió asumir el reto de otorgar movimiento involuntario a las piezas mediante autómatas.

Así construyeron entre ambos los juguetes a gran escala y algunos de ellos, con la mayor economía visual posible, abren y cierran los ojos, abren y cierran la boca, mueven sus extremidades y cuentan con un carácter o personalidad más allá del objeto plano.

Pero no es cualquier cosa. Cuartas le escribió al escultor cinético Theo Jansen, quien es conocido por la construcción de enormes figuras que simulan esqueletos de animales que caminan usando la fuerza del viento en las playas holandesas (que, a propósito, se basaron en ellas al crear unos detectores de minas antipersonas), y le pidió permiso para reproducir sus algoritmos y darles movimiento a las patas del hombre cangrejo de Mejía.

Según explican ambos, no se sacrificó lo plano, pues se esforzaron por lograr una intervención elemental y por no convertir a los titanes en cuerpos tridimensionales, aun con un engranaje detrás, y manifiestan: “Es perpetual useless”. Tal vez hagan pronto lo inútil de lo perpetuo, con los mismos dioses, o sin ellos.

 

[email protected]

Temas relacionados
últimas noticias

Por el recuerdo de las viejas gambetas

Escritor fantasma

En el Pacífico todos son músicos