Pilar Quintana: “El escritor debe ser capaz de ponerse en el lugar de otro”

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Autora de “Cosquillas en la lengua”, “Coleccionistas de polvos raros”, “Conspiración iguana”, “La perra” y la colección de cuentos “Caperucita se come al lobo”, Pilar Quintana ganó el Premio Alfaguara de Novela 2021 con “Los abismos”, su más reciente trabajo.

El gusto por la literatura viene de su niñez, de cuando su mamá le contaba cuentos. Con la convicción de que la voz de autor es algo intrínseco a cada escritor, Pilar Quintana afirma que su estilo literario es directo y puntual. “Así me sale la escritura”. Para ella, la literatura es el espacio en el que puede decir todo lo que piensa, en el que se puede expresar a pesar de los tabúes sociales que le demandan no hacerlo. Es el lugar en el que se siente libre. Partiendo de las dudas, pensando si será interesante lo que está escribiendo, si lo está contando de la forma adecuada, el horizonte de su pluma es la verdad y el punto de partida es la experiencia. Una vez está segura de ello, no queda otra cosa por hacer más que escribir.

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Autora de Cosquillas en la lengua, Coleccionistas de polvos raros, Conspiración iguana, La perra y la colección de cuentos Caperucita se come al lobo, Pilar Quintana ganó el Premio Alfaguara de Novela 2021 con Los abismos, su más reciente trabajo. “Venía hace años intentando hacer una historia sobre una niña. Antes de La perra lo había intentado y no se me daba el tono. Aquí volví a intentarlo y terminé la novela”. Según cuenta Quintana, uno de los retos más grandes en la construcción del libro fue la elaboración de los diálogos. A través de ellos es que la voz de la narradora, que es la voz de una niña, aun cuando el personaje ya ha superado su infancia, es fiel al tono y a la historia. Para la autora, “el escritor debe ser capaz de ponerse en el lugar de otro”. Desde esta premisa construyó Los abismos.

La novela narra la vida de Claudia, quien a pesar de haber vivido una niñez común y sin preocupaciones, en una familia que parecía feliz, terminó enfrentando el matrimonio conflictivo de sus padres. Entre las confidencias imprudentes de su mamá y la amargura y el mutismo de su papá, Claudia construyó su vida en medio de los silencios y de las pocas palabras que escuchó. El relato es íntimo y se construye evocando la memoria del hogar, conduciendo al lector a través de las obsesiones de una niña que, poco a poco, despidió su infancia.

“En nuestro apartamento había tantas plantas, que lo llamábamos la selva (…). Las mariposas iban sin miedo del comedor a la sala. A veces, por la noche, se metía un murciélago que volaba bajo y como si no supiera para dónde. Mi mamá y yo gritábamos. Mi papá agarraba una escoba y se quedaba en la mitad de la selva, quieto, hasta que el murciélago salía por donde había entrado (…). Me encantaba correr por la selva, que las plantas me acariciaran, quedarme en el medio, cerrar los ojos y escucharlas. El hilo del agua, los susurros del aire, las ramas nerviosas y agitadas. Me encantaba subir corriendo la escalera y mirarla desde el segundo piso, lo mismo que desde el borde de un precipicio, las gradas como si fueran el barranco fracturado. Nuestra selva, rica y salvaje, allá abajo”, así empieza Los abismos, historia que a pesar de ser ficción se alimenta de espacios que le dan un aire de verdad, de verosimilitud.

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Esta novela, según los jurados del Premio Alfaguara, “se adentra en la oscuridad del mundo de los adultos a través del punto de vista de una niña que, desde la memoria de su vida familiar, intenta comprender la conflictiva relación entre sus padres”. Según ellos, es una historia que rompe fronteras y es universalizable.

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