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Poética de lo cotidiano, entre la dimensión material y viva del fotograma

Outtakes From The Life Of A Happy Man es el último video-diario realizado por el director Lituano en el año 2012.

El largometraje funciona a manera de reflexión de esa soledad del cineasta. De ese pasado que tejemos en la imagen y que siempre nos devuelve esa imposibilidad de volver a vivirlo. Cortesía

Un obturador de plano focal protege al rollo de película contenido en un chasis. La mano gradúa el diafragma de la cámara. Luego ajusta el foco. El motor de la cámara acumula la tensión producida por un resorte de cuerdas. La bolex funciona como un reloj. Mekas observa por medio del visor, acto seguido activa el mecanismo de bobinas dando cuerda a la cámara. La luz ha atravesado el lente y se ha impreso en el fotograma. Mekas ha filmado la vida. Outtakes From The Life Of A Happy Man es el último video-diario realizado por el director Lituano en el año 2012. De la mano de una idea de un cine que apunte a enriquecer el panorama, que sea “imperfecto pero libre”, la edición número 21 de la MIDBO ha preparado una retrospectiva de esta “matrona” del cine avant-garde.

La anatomía del cine de Jonas Mekas fluctúa entre la nostalgia y la experimentación de un documental que nos presenta un recuerdo que pareciera ser un solo presente en cada proyección, un presente instantáneo y eterno. En el caso de Outtakes From The Life Of A Happy Man, Mekas retoma material de archivo viejo en el cual documentó sus días en Nueva York y su retorno a Lituania. La sucesión de imágenes y esa voz que lleva un pasado a cuestas, hacen del filme una serie de secuencias en donde entre cada corte se asoma la vida. Como si se tratara de una herida, Mekas abre en llamaradas los pasos sobre Central Park, los pies de Diane, el cielo, la luz, a su hermano Adolfas y a una niña en una clase de violín. De manera paralela está la música, las palabras y la voz. Mekas empieza diciendo que mientras todos duermen, el cineasta está despierto, observando tal y como es la vida. Por medio de este gran poema audiovisual, Mekas desentraña la morfología del hermoso ejercicio del hacer cinematográfico.

El largometraje funciona a manera de reflexión de esa soledad del cineasta. De ese pasado que tejemos en la imagen y que siempre nos devuelve esa imposibilidad de volver a vivirlo. Porque, a pesar de que la memoria al ser registrada por la cámara se vuelve reproducible, la vida no. Y Mekas acierta en Outtakes From The Life Of A Happy Man al ponernos de frente una cantidad enorme de imágenes, que se van rápido, que no alcanzamos a contemplar, imágenes que como collage de fragmentos vitales, se desvanecen en esa gran pantalla. A modo de leitmotiv vemos a Mekas montando los fragmentos del material grabado en la bolex. Sus manos cortan y empalman pedazos de vida en donde el espacio habla con el tiempo. Mekas reorganiza su relato, lo vemos editar el tiempo. Just Images dice la voz emblemática. Son sólo imágenes, imágenes cualquiera, de un día cualquiera, de un hombre cualquiera, de una cámara cualquiera en una ciudad cualquiera. Sí, es sencillo, pero también es propio.

Mekas toma la cotidianidad y captura esa poesía invisible de una reunión entre amigos, un desayuno cualquiera, un día de nieve en nueva york o simplemente un recorrido en la ciudad. La diferencia radica en que además de esos actos cotidianos, logro ver al hombre que esta detrás filmando. Veo a Mekas ver, y toda la morfología de ese cuerpo que está observando por medio de una cámara impregna al fotograma de vida. Es entonces, cuando en estos video-diarios de Mekas subyace la anatomía de un cuerpo simbólico. Su corazón se ha traducido en el pulso, el pulso del movimiento de la cámara al filmar y el pulso del montaje al decidir sobre el material filmado. Sus pulmones son los silencios, los suspiros entre imágenes, coros de iglesia y la pantalla en negro. Sus ojos, son esa mirada extendida a una cámara que captura luz.

La luz, ese lenguaje mediante el cual la vida se comunica con el cine. Mekas compone un relato por medio de hechos a los cuales el tiempo les ha pasado encima. Se nota en su voz. Just Images replica Mekas, son sólo imágenes. Nos vemos cara a cara con la banalidad. Miramos, de frente, a una secuencia de sólo imágenes. Sin embargo, estas imágenes son la columna de un recuerdo, de un fragmento, irreemplazable. Son esa frustración de una vida que no alcanza a ser eterna pero sigue siendo en su ausencia de un lugar, ausencia que intenta encontrarse por medio del cine. Las manos cortan y empalman fotogramas, la voz narra, la imagen vive. La soledad del cineasta que se queda despierto observando mientras el resto de personas mueren. Son sólo imágenes. Jonas Mekas sigue ahí, alumbrando el camino, disparando luz desde el proyector como si se tratara de un día soleado. Ese proyector que funciona como un sol, hace que del cine salga impregnada con toda la luz de ese día cualquiera que ese hombre cualquiera decidió grabar con una cámara cualquiera.

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Valentina Giraldo Sánchez

Cultura

Poética de lo cotidiano, entre la dimensión material y viva del fotograma

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