La primera película rodada en Providencia

“Keyla” es el primer largometraje de la directora colombiana Viviana Gómez Echeverry. Alrededor de la película se tejen varios proyectos sociales en la isla.

Elsa Whitaker interpretando a Keyla en la película del mismo nombre. /Cortesía
Keyla sería la primera película de ficción rodada en Providencia. La isla es parte de Colombia, pero no ha sido tenida muy en cuenta por el gobierno central. Hace un par de años, Colombia estuvo a punto de perder el territorio con Nicaragua, en una disputa ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Nicaragua no se quedó con la isla, pero se les arrebataron 75 mil km de mar a los isleños. Este conflicto se contará en el primer largometraje de la directora colombiana Viviana Gómez Echeverry, el primer proyecto de la Old Providence School, una fundación sin ánimo de lucro. Las ganancias generadas de la distribución servirán para fomentar la educación y el empleo en la isla.
 
A Keyla la interpreta Elsa Whitaker, una isleña que ahora está ante una disyuntiva: no sabe si ser actriz o ser soldado. Ser lo último le ayudaría, al menos, a salir pronto de la isla, a soñar con otra vida.
 
El proyecto de Viviana Gómez y Raquel Imedio
 
Viviana Gómez Echeverry tiene 33 años, estudió Comunicación Social en la Universidad Javeriana y ahora da clases en la misma facultad. También estudió fotografía para cine y televisión en Madrid, España. Allí conoció a Raquel, la productora de la película Keyla.
 
Gómez es fotógrafa. Se encargó de la cámara en el documental La eterna noche de las 12 lunas y en El vuelco del cangrejo fue foquista. Este año se estrenará una película danesa sobre Antanas Mockus, Life is secret, en la que fue codirectora y fotógrafa. Combina el guion con la fotografía documental. Vive de la fotografía, pero sus proyectos personales los escribe y los dirige, y este es su proyecto más grande hasta el momento.
 
En 2003, Gómez viajó a Providencia para hacer un documental apoyado por la Unesco. Los objetivos: hacer que los pescadores entendieran que la isla es una reserva de biósfera desde el año 2000 y proponer cambios en sus hábitos de pesca sin que dejara de ser una actividad sostenible. Era un documental dentro de un proyecto más grande de conservación, “entre el discurso global de reserva de biósfera y la realidad local de los pescadores de Providencia y Santa Catalina”.
 
Estuvo allí durante cinco semanas y se dio cuenta de que en medio de la naturaleza existían una cultura y unas dinámicas sociales considerablemente alejadas y distintas del contexto colombiano continental. “Es un lugar de Colombia que pocos colombianos conocen. La gente de la isla se siente colombiana, pero no del todo. Tiene un pensamiento mucho más cercano a Jamaica, incluso desde el idioma (el creole, o inglés caribeño). Son costeños, pero también son parcos. No hay una identidad definida, clara. Y algo me llamó mucho la atención de la isla, y es que hay muchas familias rotas desde su concepción, cosa que pasa, generalmente, con mujeres extranjeras y hombres locales, aunque también hay casos al revés. ¿Qué sucede? Llega una turista, se maravilla con la isla, se enamora de un isleño ?porque además son bellísimos físicamente? y se queda a vivir por un tiempo. Tienen un hijo y meses después su vida citadina las llama, tienen problemas ?no es fácil acoplarse a vivir en una isla?, se devuelven a sus lugares de proveniencia y la familia queda rota. Las historias familiares siempre me han impactado, y me impacta mucho esa realidad en Providencia”.
 
Entonces empezó a escribir la película, a imaginarla, anclándola a esa realidad. Luego vino a visitarla su gran amiga española, Raquel Imedio, productora de cine, organizadora de eventos como Rock in Rio. Imedio venía del trabajo social, pero ante el desencanto con la corrupción en las fundaciones y ONG, las trabas en su trabajo con el programa de las narcosalas (o salas de consumo supervisado) en Madrid y el dolor por la pérdida de un primo en el atentado del 11M, decidió dedicarse a algo completamente distinto y empezó a hacer cine y a producir.
 
Fue Imedio la que vio el potencial de la isla. “Había un millón de otras cosas por hacer”. Uno de los objetivos es que la escuela ofrezca una educación diferente de la que se ofrece allí. “En los colegios de la isla las clases se dictan en español, y por ahí ya empezamos mal. Se produce un choque cuando tu educación debe ser en un idioma que no es el tuyo. Queremos impulsar una educación que sea más consciente de las necesidades de la isla y unimos ese proyecto al de la película. En la isla hay, además, una fundación que se llama The Lighthouse, que ha gestado ya una inquietud por lo audiovisual. Este es un buen momento para poder reunir a toda la gente interesada”, dice Gómez. Antes del rodaje, la directora y la productora dictarán unos talleres de entrenamiento para capacitar a las personas que se involucren “y que les quede la herramienta de la producción audiovisual”.
 
La idea de la película es que le dé visibilidad a Providencia. Los isleños no han permitido que entren las grandes cadenas de hoteles, en ese sentido se diferencia de San Andrés. Tienen una consciencia ecológica grande y apuestan por un turismo ecológico. Viviana Gómez y Raquel Imedio admiran la sencillez de la vida en la isla. 
“Es como volver a lo elemental, a tener una canoa o una lancha, salir a pescar, cultivar la tierra, dar cursos de buceo, tener una casa donde arriendas motos; a vivir tranquilo y feliz. Todos saben que por ahí hay muchos viajes de droga, para ellos es un trabajo más, no es algo negativo. El narcotráfico golpea la isla como golpea a Colombia, y eso allá se erige como una posibilidad. Por eso nos interesa hacer otras actividades, poder suscitar otros espacios, porque hay jóvenes que salen del colegio y no tienen nada que hacer, no tienen dinero para salir de la isla e ir a estudiar en una universidad. Abrir posibilidades tal vez ayude a que haya menos gente que quiera hacer ‘viajes’ ”, dice Imedio. La labor social que se desprendería del proyecto de la película lidiaría con el impacto negativo de la inactividad, como lo hace el artista Fernando Arias con su fundación Más Arte Más Acción en Nuquí, Chocó.
 
Keyla es el primer largometraje de Viviana Gómez Echeverry. El guion (“reescrito más de 40 veces”, dice Gómez) cuenta la historia de una niña que vive con su padre. Su madre se fue cuando era niña. 
 
En su cumpleaños número 17 su padre sale al mar y no regresa. Su tío, Richard, le ayuda a buscarlo (Richard es interpretado por Felipe Cabeza, el instructor de buceo de la isla y dueño de Felipe Diving. “Es un ícono. Él descubrió la barrera de coral, de hecho hay un lugar preciso que se llama Felipe’s Place”, dice Imedio). Mientras viven esa situación llega a la isla la exmujer del padre, una española llamada Helena, que viaja con su hijo Francisco, el medio hermano de Keyla, de 13 años.
 
La película cuenta, entonces, cómo esa familia, en medio de esa coyuntura, termina por reunirse ante la pérdida de un ser querido. Pasa de ser una familia rota a una familia que puede reconocerse, reconciliarse. Y en la búsqueda, Francisco y Keyla se conocen, se encuentran como hermanos, a pesar del inicial choque cultural.
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