Primeras ediciones de Mutis y García Márquez se exhibirán en México

Las primeras ediciones son la obsesión de los bibliófilos y el azote de los bibliómanos. Para ambos, un lujo costoso, sobre todo si solo busca apaciguar esa curiosa enfermedad y no la reventa y el lucro.

Álvaro Mutis y Gabriel García Márquez en Cartagena, durante la celebración de los 80 años del escritor de Cien años de soledad. Archivo

La distancia del tiempo, la fama del autor, la dificultad de encontrarlas y su escasez, hace que el precio suba a veces a tonos sublimes y desorbitantes, que serían obscenos si no hubiera gente dispuesta a pagar tanto. La plusvalía que pesa sobre la edición príncipe de un libro muy codiciado lo infla en vil metal y lo lleva a los mismos niveles de la obra de arte en las subastas. Un libro en primera edición de un autor muy reconocido como García Márquez puede costar 20.000.000 (ver Cien años de soledad a la venta en internet) mientras que la primera edición -si se admite la comparación- de La ciudad y los perros de Vargas Llosa cuesta 1232 euros (unos 4 millones). La diferencia es que la edición de la segunda constaba de 20000 ejemplares, pero la primera constaba de 8000.

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Las primeras ediciones más difíciles de conseguir de García Márquez son las anteriores a Cien años de soledad, cuando solo había tres obras en la bibliografía y aún la aureola de celebridad no había descendido sobre su cabeza. Los funerales de la mama grande fue publicado por primera vez en la colección ficción de la Editorial de la Universidad Veracruzana en 1962. Por dicha edición el autor recibió 1000 dólares de anticipo. El libro se convirtió en el título 34 de la colección ficción inaugurada por el editor y escritor Sergio Galindo en aquella editorial fundada en 1957 como un plan de ampliación cultural de la Universidad Veracruzana (al mismo tiempo que la editorial, nacía la carrera de letras y de antropología). El responsable del contacto para hacer posible dicha publicación fue Álvaro Mutis, quien a su vez había publicado el título número 19 de la colección: El diario de Lecumberri (1960). Para entonces García Márquez se había trasladado a México con toda su familia y los intentos por ganarse la vida como guionista no arrojaban los resultados esperados. Álvaro Mutis sería una suerte de padrino y mananger encargado de introducir a su colega en la vida social y cultural de México, conseguirle algún empleo e ingresos rápidos por publicidad, y el viaje que hicieron a Veracruz en 1962 para apaciguar la nostalgia del mar (según cuenta Gerald Martin) fue determinante para que el autor decidiera establecerse en el nuevo país. Mutis fue el intermediario para que Sergio Galindo incluyera el libro de cuentos en el catálogo de la editorial universitaria.

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Tanto el libro de García Márquez como el de Mutis son a esta fecha igual de inconseguibles. Ni siquiera la casa editorial posee ejemplares en sus arcas y el archivo de los correos institucionales con el intercambio de correspondencia a los jóvenes autores (García Márquez contaba entonces con 35 años) también se extravió en los cambios de sede y en las purgas de archivos y en las manos silenciosas de los bibliómanos de turno. Para abril de 2019, en el marco de la Feria Internacional del Libro Universitario FILUV2019, dedicada a Colombia, los dos ejemplares en primera edición serán exhibidos en Xalapa en un sarcófago de cristal y en un lugar especial del recinto.

El responsable de este feliz hallazgo ha sido Mario Muñoz, actual director de la revista La palabra y el hombre de la misma casa, tan antigua como la editorial. Mario era estudiante de la Universidad Veracruzana cuando compró Los funerales de la mama grande en Xalapa. Recuerda que guardó el libro sin leerlo hasta cuando estaba planeando su tesis universitaria y el entonces director de la editorial Sergio Pitol (lo fue por un año) le prestó El coronel no tiene quién le escriba de un autor colombiano. Resultó ser el mismo autor, para él desconocido entonces, de quien ya poseía el ejemplar de los cuentos en su biblioteca personal. Poco después se publicó en México Cien años de soledad y entonces Mario Muñoz se sumó a los miles de admiradores de una obra cumbre de la literatura latinoamericana y decidió escribir su tesis pregradual sobre la misma.

El ejemplar permaneció en su biblioteca hasta que Mario salió del país y los encargados de administrar sus preciados bienes de estudiante se distrajeron y el bibliómano de turno se llevó los ejemplares más valiosos como trofeos de caza. Pasaron años hasta que en un tenderete de libros usados a la salida del Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarias en Xalapa volvió a encontrar el ejemplar a precio de chilaquil-vil. Así que compró por segunda vez su libro y lo puso en el puesto 34 de la colección completa. Ese es el libro que será exhibido en Xalapa la primera semana de abril de 2019 cuando los bibliófilos y bibliómanos acudamos a verlo tras el cristal del sarcófago.

Pregunto a Mario Muñoz si tuvo oportunidad de conocer a García Márquez. Dice que esa oportunidad la facilitó y arruinó al mismo tiempo la inmensa generosidad de Sergio Pitol cuando lo invitó a la despedida de amigos que le harían a los García Márquez en la Ciudad de México antes de partir a los años de Barcelona. Horas antes de ir la fiesta, Pitol tuvo la generosidad de abrir una botella de agua que alguien cambió por vodka y Mario tuvo que irse a dormir la formidable borrachera antes de la despedida a los García Márquez. La segunda oportunidad pudo hacer sido cuando García Márquez visitó Xalapa para la filmación en la hacienda El Progreso del pueblo El progreso, cerca a Tlacotalpan, de La Viuda de Montiel dirigida por Miguel Littin, pero tampoco esta vez pudo coincidir con García Márquez y tuvo que conformarse con leer el Diario de filmación escrito por Jorge Rufinelli publicado también por la Editorial Universidad Veracruzana. Este diario, advierte, es más inconseguible que los dos anteriores, y el bibliómano de turno añade otro ejemplar más a la lista de rarezas.

 

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