'La princesita' de la pantalla

Fue la niña consentida del cine en la década de 1930 y se retiró de los medios en 1961 para dedicarse a la diplomacia.

La diva se retiró del cine a finales de la década de 1940. / AFP

Shirley Temple seguirá siendo una niña para el cine. El espectro cromático no tuvo la oportunidad de definir su rostro, y sus habilidades histriónicas quedaron en puntos suspensivos porque su talento fue puesto a prueba durante sus años de infancia, en los que protagonizó importantes cintas de alcance mundial. Sin embargo, después ella misma tomaría la decisión de probarse, de jugarse la vida en serio, afrontando retos diplomáticos y representando a Estados Unidos en distintos países.

En realidad pocos ojos lograron abstraerse de su habilidad actoral condensada en la estatura de una niña de menos de cinco años tratada como una celebridad que había dedicado la vida entera a repasar sus líneas y a atraer miradas desde el otro lado de la pantalla. Eso era Shirley Temple en plena niñez, una experimentada figura que con su corta edad tenía más horas de grabación que cualquiera de sus colegas de 20 o 30 años.

A pesar de su fama y muy en contra de su natural inmadurez, llegaba de primera a las jornadas de grabación, sabía a la perfección sus parlamentos, cortos o largos, y sabía de qué manera expresarse en la actuación o en la danza. La frase “niña prodigio” fue pronunciada en varias oportunidades para valorar sus capacidades y aplaudir su dedicación a un oficio al que llegó sin pensarlo demasiado.

Shirley Jane Temple nació el 23 de abril de 1928 y antes de cumplir tres años ya estaba en clases de teatro, danza y canto en diversas escuelas de arte en su natal Santa Mónica, en el estado de California. Gracias a esa experiencia certificada no tuvo problema para asumir su primer reto profesional: ser la imagen infantil de Educational Pictures, empresa dedicada a la realización de cortometrajes.

Con largometrajes como Carolina y Como vueltas a la tierra debutó en la gran pantalla. A pesar de que había figurado en roles de poca importancia para la historia, Temple intuía que la cámara la consentía y que su registro en blanco y negro tenía la particularidad de llenar de color a quienes la veían. La inocencia y la ingenuidad, así como su destreza para comunicar a través del baile, hicieron que directores como David Butler, Walter Lang y John Ford la incluyeran en sus filmaciones y le dieran la confianza para seguir desarrollando sus talentos.

Entre 1930 y finales de la década de los 40, Shirley Temple realizó memorables trabajos cinematográficos. Cintas como The Little Colonel (La pequeña coronela), Curly Top, Wee Willie Winkie (La mascota del regimiento), Heidi, A Little Princess (La princesita), The Bachelor and the Bobby-Soxer y Fort Apache, algunas de ellas de distribución mundial, fueron muestras evidentes de la magia que tenía aquella niña prodigio para las cámaras de cine.

Por esas películas y por muchas otras más fue considerada la estrella más taquillera de Estados Unidos y a partir de sus intervenciones en la gran pantalla la Academia de Artes Cinematográficas optó por crear el Premio Óscar infantil, y la primera niña que tuvo la estatuilla en sus manos fue Shirley Temple. Esa imagen tan consolidada se volvió un arma de doble filo porque ejecutivos de la industria intentaron alterar su fecha de nacimiento para prolongar su infancia.

En su rostro de adolescente algunos productores siguieron buscando una inocencia que ya no existía y la diva decidió marginarse del celuloide en 1949, cuando aún existían muñecas con su nombre en el mercado y se escuchaban en la radio algunas de la canciones que fueron creadas para que ella las interpretara. Al poco tiempo se dedicó a la televisión conduciendo sus propios espacios de variedades (Shirley Temple’s Storybook y The Shirley Temple Show, ambos en la cadena NBC), que se emitieron hasta 1961.

A partir de entonces, Temple cambió de oficio y emprendió una ardua campaña para posicionar al Partido Republicano. Fue nombrada delegada ante las Naciones Unidas por el presidente Richard Nixon en 1969 y cumplió labores diplomáticas en naciones como Ghana (entre 1974 y 1976) y Checoslovaquia (entre 1989 y 1992). La política se convirtió en su principal motivo de existencia y, aparte de algunas asesorías en televisión, dejó a un lado su vida actoral.

Shirley Temple murió el 10 de febrero a los 85 años en su casa en Woodside, California. Hoy, el mundo recuerda a la niña prodigio y llora a la Princesita en blanco y negro.

 

 

 

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