Protestan en Buenos Aires a ritmo de tango por el cierre de las milongas

Decenas de personas protestaron a ritmo de tango por el cierre progresivo de las milongas, los espacios en los que los porteños practican el popular baile argentino.

Más de 100 personas bailaron en el Obelisco contra la clausura de salones de tango.EFE

En el acto, que tuvo lugar a pocos metros del emblemático Obelisco, la Asociación de Organizadores de Milongas (AOM) denunció que las cargas impositivas y la "incumplible" normativa está obligando a las milongas a funcionar cada vez más de manera clandestina.

"La milonga de por sí no es una actividad que genere grandes beneficios económicos", afirmó a Efe Dolores Jiménez, del colectivo El tango no se clausura, y explicó que, a pesar de que el año pasado se promulgó una ley para el fomento de estas salas, esta "nunca se reglamentó, así que los fondos no fueron distribuidos".
"Nadie se hace rico con el tango", resumió esta defensora de la milonga, una palabra que define tanto los espacios de danza como a un estilo particular menos técnico y algo más rápido que el tango.

También aseguró que la continuidad de las milongas existentes es "muy difícil" y las que intentan abrir no lo consiguen por unas reglas de seguridad demasiado estrictas.
Desde el grupo, exigieron que la agencia que controla las milongas "acompañe a los espacios y no se convierta en una máquina de impedir y de recaudar, como está sucediendo", y afirmaron que las salas van a seguir existiendo, aunque sea "bajo formatos clandestinos".

Jiménez contó que las Milongas, "que son el tango vivo", se distinguen de las tanguerías frecuentadas por los turistas en que estas son "espectáculos en el que uno mira". "En la milonga el tango somos todos", aclaró.

Marina Alcalde, una bilbaína participante en el Mundial de Tango de Buenos Aires, que se celebrará la próxima semana, reconoció que su sueño era vivir en la capital argentina por las milongas, lugares "de encuentro de vecinos".

La española, que se inició en este arte a los quince años y viaja todos los años a la capital argentina, admitió que "es muy triste llegar y observar que se están cerrando muchísimas milongas".

 

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