Puerto Candelaria: entre la realidad y la ficción 

Puerto Candelaria es realismo mágico. Es una banda que se ha presentado más veces en el continente asiático que en su región natal antioqueña. Su líder, Juancho Valencia, nombrado también como El Sargento Remolacha, es un excelente músico que siempre anda en su bicicleta, inclusive ha recorrido Colombia entera en ella. Todo Puerto es una elocuente familia. Dudo que una cara larga dure mucho tiempo al estar con ellos.  

Puerto Candelaria, una banda salida del circuito comercial de la música en Colombia. Cortesía

Su música fantasiosa, llena de jovialidad estados sombríos y tal cual hace la literatura al pasar de la prosa al verso, señalan desde la música que no hay una mejor forma de ver la realidad que con la ficción. El espíritu aniñado del Puerto, aviva las penas con gozos satíricos para confrontar las tristezas de los días agrisados en un Macondo en donde más de 3.000 almas divagan en la penumbra de la inequidad, violencia e intolerancia.  

La musicalidad de Puerto Candelaria se trata de una fusión de músicas colombianas tradicionales con el jazz y otros ritmos. No es una banda que se escuche mucho en la radio, o se nombre en la prensa o se observe en la tv, a decir verdad, estaría equivocado si lo afirmo. 

Las ventas no son la preocupación de la música autóctona -no se podría pensar así-, pero sí lo es el reconocimiento y la prevalencia de los ritmos, las danzas, la cultura material e inmaterial de un territorio. Escuchar con prioridad ritmos que obedecen a un mercado musical, tiende a contribuir al desconocimiento de los ritmos que se llevan en la cotidianidad, en la historia y la tradición, pero que son de poco interés y conocimiento en todos los ámbitos, en la sociedad, la administración pública, en los negocios, las tribus urbanas modernas y los nuevos gustos de las gentes azuzadas por el deseo de pertenecer a un modelo inventado o copiado, que aparenta ser perfecto, pero en realidad es una falacia que debilita una identidad propia, forjada por largas luchas, ausencia de oasis de paz y carencia de autovaloración.  

Puerto Candelaria se instaura con el interés de crear música propia de las regiones de Colombia; que era y es poco estudiada desde academias de arte, para así tener la posibilidad de mostrarla a nuevos públicos. Si se habla de música fusión en Colombia, hay que señalar primeramente al maestro Carlos Vives con su Provincia y a Puerto Candelaria como los pioneros en este género -aclaro que este dato no es positivista y es libre al debate-. En el trasegar, llegarían agrupaciones póstumas de fusión de músicas tradicionales de todo el territorio colombiano. 

Esta agrupación nace en el año 2000, en medio de un arrebato de amigos músicos paisas de diferentes academias musicales de Medellín, por incursionar en los ritmos colombianos y en otros sonidos como el jazz y la música electrónica. No fue tarea sencilla conseguir encantar los públicos con la propuesta del Puerto, que buscaba hacer uso de la imaginación para poner a pensar a quienes escucharan su música y yéndoles muy bien, quizás poder entretenerlos.  

Al comenzar con su proyecto musical, había una vorágine a la cual Puerto Candelaria se había de enfrentar. Y, era que nadie iba a creer que músicos nacidos en los cementos de Medellín, acostumbrados a paisajes rodeados de montañas, podrían incursionar en ritmos musicales autóctonos de regiones bordeadas por el Río Magdalena y Las Llanuras del Caribe. El maestro Juancho, argumenta que la música autóctona o folclórica, se trata de aquella que se tiene en la cotidianidad, son esas décimas que se entonan mientras se trabaja en el campo, se batea en la mina, se recolectan frutos, se arroja la atarraya o se pasea al perro en las calles. La música tradicional no es hecha por músicos de oficio, sino por gentes que llevan en sus genes un legado.  

Para los años en que comenzaron a realizar su música, padecieron un verdadero calvario al no poder encontrar una casa disquera que pudiera apersonarse del proyecto y grabarles unas canciones que el maestro Juancho tenía en mente. Estas músicas jocosas y de bailes burlescos, les parecía a los productores y empresarios, así como a los músicos contemporáneos a Puerto Candelaria, que la propuesta no hacía más que tomar del pelo.  

La propuesta de Puerto Candelaria va más allá de simplemente gozar y divertirse un rato. Para esto el maestro Juancho menciona al Dadaísmo, un movimiento artístico y literario que nació en los primeros amaneceres del 1900 y se basó en hacer oposición a la razón y una provocación al orden. De eso se trató la idea los Candelarios, estos amigos de juventud que conformaron una banda rodeada de imaginaciones y juegos. Una de las esencias de Puerto Candelaria, es estar compuesta por músicos que se hartaban de seguir tocando la misma música enseñada en las academias, amigos que comparten sonrisas e historias en toda ocasión que se encuentran juntos, y el empeño por la investigación y la práctica de los ritmos colombianos caribeños, como la cumbia magdalenense, los sonidos del porro sabanero, y los ritmos tropicales que se escuchan mayormente en las ciudades capitales como Bogotá y Medellín. 

La propuesta de Puerto Candelaria buscó llegar a sus públicos con experiencias sensoriales que podrían realizarse por medio de representaciones teatrales en sus canciones, danzas irreverentes y actos clown pensados no como disparatadas que hicieran reír a las personas, así como el Dadaísmo lo planteó, Juancho también imaginó hacer una crítica social a ese país al que Él se refiere como “un imposible”, un territorio que es imposible de encajar y encasillas en una similitud. Un país disímil que transita entre la realidad y la ficción, entre la vida y la muerte, entre el gozo y el llanto, tal cual, lo personifica Puerto Candelaria.  

 

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