Conflicto armado en Colombia: antiguos enemigos hablan sobre la verdad de la guerra

hace 1 hora
Mudanzas

Qué gran desperdicio

Qué gran desperdicio que te hayas acostumbrado a tanta dicha. Que por momentos la moderes, la controles, como quien raciona un pedazo de pan para varios días.

El resistir, decía Ernesto Sábato, está en los gestos pequeños. Archivo

Qué gran desperdicio que olvides tararearla o, en cambio, conmoverte con ella en silencio. En cualquier caso, recordar por qué te sabes contento, agradecerles a tantos por formar parte de ello.

Qué gran desperdicio reemplazar esa pena que llevas a cuestas por un entusiasmo que aún no está. Que hoy, cuando la tristeza está en su especial esplendor, no alcances a disfrutarla, porque la sientes implacable, salvaje, insoportable. Qué gran desperdicio que no puedas apreciar la fortuna que sueltan las lágrimas en su andar, que no te percates de que son capaces de triturar el dolor hasta tornarlo líquido y que su sal lleva consigo aquellas palabras que no tradujeron lo que sentías dentro.

Qué gran desperdicio imaginarte en los zapatos, en los senderos de otro y no sortear tus propias desdichas, tus propias satisfacciones. Que no te des el lujo de desafiar tus propias ilusiones, de resistir a tus propios fracasos. Qué insensatez que todo lo quieras para ya, y en cambio, no te des el gusto de esperar que el tiempo sea consecuente, no te dejes fascinar porque lo que ansías llegue siempre de una manera distinta a como lo imaginas.

Qué gran desperdicio que conozcas la recompensa de la persistencia y aun así no te atrevas a desgastarla hasta que nazca tu talento. Qué gran disparate que quieras arruinarlo apartándolo de tu rutina o lo arruines, de una vez por todas, relevándolo por la duda de qué tan bueno eres para ello. Cómo si ser bueno en algo fuera la gran odisea. 

Qué gran desperdicio creer que la libertad está en los ideales de las grandes batallas y no en la plenitud de los pequeños momentos: el abrazo de un amigo, el café con los abuelos, el almuerzo cotidiano con tus padres, el beso de quien quieres, la tristeza transitoria, aun cuando se siente que nunca acabará, y también, la dicha de todo lo que se siente como vida, aun cuando parece tan fugaz.

Resistir, como diría Sábato, no está en un acto heroico, sino, mejor, en algo más pequeño, en una vela que no se apaga y te incita a seguir mirando, buscando dentro. En esa pizca de libertad que aún te queda allí, en esa rebeldía que evita que la inercia te aplaste, que la resignación te convierta en alienígena, en autómata. Resistir es mirarte al espejo y reconocer que no te estás desperdiciando. 

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Juliana Londoño

Cultura

Qué gran desperdicio

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