“Lo que queda después de la guerra”

Después de cosechar premios en Guadalajara, Lima, San Sebastián, Polonia y Croacia, se estrena “Oscuro animal”, de Felipe Guerrero, documentalista y editor caleño radicado en Argentina. La cinta, con gran contención, da visibilidad a las mujeres víctimas de la guerra.

“Oscuro animal” se rodó durante 2014 en el Magdalena Medio, el río La Miel y Bogotá. / Cortesía

Oscuro animal del realizador caleño Felipe Guerrero, como buena ópera prima es arriesgada, radical, y propone una experiencia distinta. Utiliza un camino prácticamente inexplorado por el cine argumental colombiano. No usa diálogos y su forma narrativa aspira a superar la anécdota, la historia. “Cuando hacía la película quería siempre quitar, quitar y quitar, recomponer”, explica el director. Esta construcción por omisión es uno de los aspectos más atractivos y fuertes de la obra.

La cinta confía en que el espectador se dejará llevar por las sensaciones, la composición de las imágenes, cuidadosamente elaboradas, y la atmósfera. Pero, además de proporcionar una experiencia sensorial, lo más importante es su indagación en los efectos de la violencia, en su resonancia. Y el hecho de abordar el impacto de la guerra desde la contención, tanto en la palabra como en la puesta en escena.

Las protagonistas son las mujeres víctimas y sobrevivientes del conflicto. A través de sus cuerpos y rostros se construye una historia llena de silencios, de frustración, de dolor, pero donde también cabe la esperanza. Es en el cuerpo de ellas donde se ha ensañado la guerra. Las tres protagonistas son víctimas directas, por distintos motivos, del conflicto armado en Colombia, la violencia asesina del paramilitarismo, el machismo generalizado y la necesidad forzada de dejar su tierra y emigrar a la ciudad. Son excelentes las actrices de teatro Marleyda Soto (La tierra y la sombra), Jocelyn Meneses y Luisa Vides, premiadas en Guadalajara.

La película opta por el silencio, el mismo de las protagonistas cuyas voces han sido acalladas. Y cuyo dolor es tan profundo como indescriptible. Oscuro animal apela a la inteligencia del espectador al no contar nada en detalle. En los rostros de las protagonistas se deberá adivinar su historia y sus pérdidas. La guerra no se muestra directamente, pero sí sus consecuencias y su impacto. Las mujeres tienen que lidiar con lo que queda después: la destrucción, la ausencia y los muertos. La cinta toma partido por ellas y por las niñas y muestra cómo la solidaridad de género las salva.

Guerrero es documentalista, tiene una larga trayectoria como montajista y está radicado desde hace varios años en Argentina. Sus largos documentales son Paraíso (2006), sobre la memoria histórica del país, y Corta (2014), sobre los trabajadores que cortan la caña de azúcar. A propósito de Oscuro animal dice que una de sus preocupaciones es la representación del paramilitarismo en la televisión y el cine colombiano: “Me molesta mucho esa representación (…) hay un peligro de caer en una estilización. No me interesa el paramilitarismo en sí mismo, sino eso que ellos generan, ese oscuro animal, esa sensación que tiene que ver con violencia de género, violencia explícita (…) Me interesa lo que queda después de eso: un aire espeso y enfermo”.

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