¿Quién es Andrés Felipe Solano, ganador del Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana?

Retrato del cronista y novelista bogotano, quien cuenta en el libro recientemente galardonado, “Corea: apuntes desde la cuerda floja”, su experiencia en ese país.

Andrés Felipe Solano nació en Bogotá en 1977. / La República.

En 2007, Andrés Felipe Solano colapsó. Se había pasado los últimos 10 años de su vida editando crónicas para revistas nacionales, quería olvidar a una mujer con quien salía, no tenía plata. Se cansó de ser el clásico periodista citadino de escritorio —así como se hastió de estudiar literatura en la Universidad de los Andes y la dejó medio semestre —.Por esos días, cuando necesitaba sacudirse el ropaje, apareció una convocatoria de la revista Soho: requerían a un periodista que viajara a Medellín para vivir —y contar— seis meses con el salario mínimo ($484.500 pesos mensuales).

Todo esto influyó en su decisión de irse a Medellín. Pero había algo más: cuando estaba a punto de cumplir 30 años, Solano empezó a leer los perfiles del periodista estadounidense Gay Talese y los artículos del escritor satírico Terry Southern. Sintió la necesidad de hacer un trabajo de no ficción extenso. Su trabajo, publicado en noviembre de 2007, fue finalista del Premio Nuevo Periodismo entre 370 textos postulados por diferentes medios de comunicación de 29 países. Solano fue elegido miembro del grupo Nuevos Cronistas de Indias, que recoge a algunos de los mejores periodistas narrativos de América Latina. Ahora mismo esa crónica es ejemplo de cabecera en las facultades de comunicación del país. Solano lo sabía: en la inmersión estaba el escape para escabullirse.

En 2010, la revista británica Granta seleccionó a los 22 mejores escritores menores de 35 años en español. Solano fue el único colombiano del listado, que incluye firmas que se han ido consolidando en la narrativa de la región: Alejandro Zambra (Chile), Federico Falco (Argentina) y Antonio Artuño (México). Sus crónicas y cuentos han aparecido en publicaciones extranjeras como “Gatopardo”, “Rolling Stone” y “Río Grande Review”. Buena parte de sus piezas están en la revista Arcadia. En una de ellas, por ejemplo, describe así el carácter de Leonard Cohen: “Recién llegado a Nueva York sostuvo la cabeza de Janis Joplin entre sus piernas por la época en que la cantante era una leyenda salvaje a la que le perdonaban no afeitarse las axilas y los dos vivían en el Chelsea Hotel”.

Ocho años después de escribir la crónica que más lo ha marcado en la vida, Solano, autor de novelas como “Sálvame, Joe Louis” y “Los hermanos Cuervo”, retomó ese relato para contar detalles de lo que pasó después. “Salario mínimo. Vivir con nada” es el primer título del relanzamiento de la colección Mirada Crónica de Tusquets Editores (España), dedicada a publicar periodismo narrativo del continente y que contó, en el caso del colombiano, con la edición de la cronista Leila Guerriero.

Una nueva oportunidad llegó para el autor: una residencia literaria de seis meses en Corea del Sur, donde conoció a Soojeong Yi, su actual esposa. Después de un período en Colombia, la pareja viajó a Salamanca (España) y de allí a Seúl. En ese punto comenzó a germinarse “Corea: apuntes desde la cuerda floja” (Universidad Diego Portales, Chile), libro que acaba de ganar el Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana 2016, tras el fallo de un comité presidido por el escritor mexicano Juan Villoro. Por este reconocimiento, realizado durante el Hay Festival Medellín, Solano recibirá $40 millones y una escultura del artista Hugo Zapata, mientras que cada finalista (William Ospina, Juan Gabriel Vásquez y Tim Keppel) recibirá $5 millones.

“Llegué a Seúl con dos maletas y sin trabajo. Pero más que salvarme del aburrimiento con el libro, creo que fue un laboratorio intenso para entender y ahondar en muchas cosas de mi vida: mi relación con la escritura, con la nueva ciudad donde estaba, con Colombia, con mi esposa”, contó el escritor a este diario hace unas semanas. El libro roza el diario íntimo y la crónica periodística: allí Solano intenta hacer un acto de desdoblamiento sobre su experiencia como locutor radial para un noticiero en español y su rol como esposo. También captura los patrones de conducta de esa ciudad colapsada y vertiginosa.

Sobre sus planes inmediatos, el autor cuenta: “Ahora me siento mucho más cómodo en mi casa en Corea; es un sitio más amplio y se siente más propio. Con el trasteo de nuevo a Madrid me sentía algo raro, pero he aprendido a asimilarlo. Ahora yo regresaré primero a Corea porque tengo proyectos con el Instituto de Literatura y Traducción Coreana”.

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