Quindío: una taza de café y una invitación abierta al turismo

Con olor a semilla recién molida y pino, y sabor a neblina y arequipe, el departamento se ha posicionado como una parada obligada y un destino perfecto para los viajeros en Colombia.

La diversidad de aves en la zona cafetera es una de las principales atracciones del Quindío. Cortesía

 

Cuando todavía las quimbas y las alpargatas pisaban los suelos andinos, las mulas trazaban caminos y los campesinos trabajaban jornadas de ocho tabacos, los arrieros de las montañas cafeteras descansaban donde se cruzaban con la noche. Por eso en las fincas nunca faltaba un plato de comida y una cobija de sobra para el que llegara en la penumbra, ni mucho menos una taza caliente del elíxir cuya semilla le dio vida a toda una región: el café.

“Pedagogía del afecto”, así le llama Oswaldo Becerra a uno de los principios de los labradores del campo de antaño, el de mantener las puertas de sus hogares abiertas y estar preparados para acoger generosamente a cualquier visitante. Él, un campesino ataviado con carriel, poncho y guitarra al hombro, llegó a Bogotá a reafirmar que aún y más que nunca, décadas después, su pueblo sigue listo para la llegada de convivados.

En la XXXVII Vitrina Turística Anato 2018, Becerra le contó a los “negociantes encachacados”, como él mismo les llama, las razones para tornar la mirada hacia el Quindío, esa región ubicada en el centro-oeste del país que huele a semilla recién molida y pino, que sabe a neblina y arequipe, y que se ha posicionado como una parada obligada y un destino perfecto para los viajeros en Colombia.

La costumbre de los arrieros nunca se perdió. De esos pobladores generosos y acogedores que daban la bienvenida a través del estómago y el calor de una buena historia, nacieron las haciendas cafeteras en las que hoy cientos de turistas pueden vivir de manera auténtica la vida en el Eje Cafetero. Acompañados por horizontes azules inundados de cafetales y el sonido de los insectos y las aves, quienes se hospedan en este tipo de alojamiento pueden vivir en carne propia lo que hay detrás de esa pepa marrón, sus procesos, características y posibilidades.

La Hacienda Combia, por ejemplo, existe hace 132 años. Después de pasar por cuatro generaciones, se convirtió en un hotel experiencial que ofrece un recorrido en el que los asistentes exploran cada elemento de la naturaleza que forma equilibradamente los 36 aromas del café, desde la polinización, las características fisicoquímicas del suelo, el sol, la sombra y el agua. En este tour, cuya idea nació con el fin de unir la agricultura, el diseño, la arquitectura y la ecología, los turistas disfrutan de una cata de café, tejen su propio canasto con fibras de bambú para luego recolectar las cerezas, pintan su propia taza y construyen con sus manos una escultura que representa la fusión entre conciencia, arte y tierra.

Cada una de las fincas tiene su propio verde, su clima y su sabor; cada una trae consigo unas fotos viejas, una familia campesina, unos muebles añejos, unas tertulias antes de la siesta y un desayuno aliñado con ternura. Cada una es tan única como los granos de café que crecen de sus suelos, por esa razón, hay para todos los gustos, presupuestos e intenciones.

Pero esto no es lo único que ofrece el Quindío. Declarado en el 2011 como Paisaje Cultural Cafetero por la Unesco, esta región invita a la aventura, al avistamiento de sus más de 560 especies de aves, a realizar parapentismo y trekking en los bosques de niebla y disfrutar de un fiambre montañero, a recorrer las rutas cafeteras en un Jeep Willys o acampar al lado de las colosales palmas de cera, a visitar los infaltables parques temáticos y descubrir sus pueblos encantadores, como Salento, Calarcá, Filandia, Quimbaya y Pijao, un municipio a la orilla del Río Lejos que no tiene afanes ni segundos contando, miembro de la Red Internacional de Ciudades Sin Prisa.

Cada año las cifras del turismo ascienden. En el 2017, acogió a más de 850.000 visitantes, provenientes en su mayoría de Cundinamarca, Valle del Cauca, Antioquia, Tolima y Cauca, pero también de países como Estados Unidos, Ecuador y Alemania. “El café siempre ha estado detrás del desarrollo del Quindío, lo hemos aprovechado también como valor para que extranjeros conozcan sus procesos y nacionales reconozcan sus orígenes”, manifiesta Juan David Pachón, Secretario de Turismo, Industria y Comercio del departamento.

Pachón asegura que todos sus municipios se está fortaleciendo para ser competitivos ante la creciente llegada de nuevos viajeros en “temas de bilingüismo, capacitación de empresarios, desplazamientos terrestres, procesos de educación ambiental, involucramiento de la comunidad y cumplimiento de las certificaciones con las normas de sostenibilidad”.

De esta manera, el Quindío crecerá para el mundo, a la vez que aviva las cadenas de pequeños productores, artesanos locales, familias que hicieron de su hogar un pequeño hotel y músicos tradicionales. La cultura de los refranes y las mulas, de arrieros y café, de alpargatas y montañas, de sabor y memoria, está con sus puertas tan abiertas como el campesino que hace décadas tenía lista una taza de café para recibir al arriero que lo cojiera la noche.

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REDACCIÓN CULTURA

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Quindío: una taza de café y una invitación abierta al turismo

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