Dramafónicos

Quinta Picota: sobre dramas y teléfonos

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La Compañía Quinta Picota trabaja bajo la propuesta de desarrollar historias vía telefónica, con la intención de mantener vivos los elementos esenciales del teatro, a partir de la narración sonora y el uso del foley.

Muchos son los recursos que ha utilizado el teatro a lo largo de la historia para mantener el espectáculo vivo y la emoción en transferencia. Esta transacción hace referencia a la necesidad de que el teatro, a través de su experiencia, proporciona un estímulo para que la emoción nazca y transforme el pensamiento. La palabra, por ser tan flexible, es un arma que le da al interprete una plataforma para llegar a ese acuerdo con el espectador. El uso desmedido de la misma influye en la construcción de dicha experiencia. En el ajetreado tiempo de las no certezas, lo virtual construyó un nuevo terreno para la manifestación de lo escénico. Algunas de estas propuestas contaron con un apoyo no muy notable en su circulación a través de espacios digitales, como otras iniciativas, un poco más conservadores en su quehacer, desarrollaron prácticas que evitaban el uso de la imagen como primer recurso. Este tránsito fue un retroceso en el tiempo y nos llevó a habitar la era de la radio. Así, aparecieron podcast, programas de radioteatro y eventos de toda índole apoyados en la palabra.

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En el medio del huracán de propuestas para uno u otro medio, Quinta Picota, una compañía teatral con más de diez años de experiencia en el quehacer escénico, se abanderó de una oferta sonora muy particular, que combinaba recursos del foley (empleo de elementos sonoros construidos para ambientar atmosféricamente la escena, muchas veces recreados con implementos domésticos), la intimidad de la llamada telefónica y, desde luego, la construcción de historias a través de la palabra, con la intención de generar una experiencia diferente con respecto a las que habían emergido hasta entonces.

“Evoquen la poesía de los utensilios domésticos”, menciona Betty, una de las niñas protagonistas de Mar de Luz, última creación del proyecto Dramafónicos, de Quinta Picota, que cuenta con tres espectáculos en este nuevo formato. La frase, que en apariencia cuenta con la ingenuidad infantil, es una reflexión sobre uno de los recursos del quehacer teatral más significativos para el acto escénico: la convención. Evocar la poesía no es otra cosa que hacer un pacto para jugar, y este es el fin máximo del teatro. La construcción solo es posible si convergen dos en el acto de complicidad, alguien que invita al juego y otro que lo juega con total apertura. Las distancias parecen hacerse más cortas y el encierro parece abrir nuevas posibilidades para el viaje.

Dramafónicos constituye una parte esencial para entender el diálogo del artista con sus medios en tiempos de confinamiento. Este proyecto con tintes de radio, que invade el hogar para transformarlo por unas horas, como muchas otras de las propuestas que surgieron en estos tiempos, es memoria de un cambio contundente en las formas de producción, circulación y difusión. Muchas de ellas no cuentan aún con un estado de madurez que permita entender la reflexión que hay detrás y de cómo esto puede cambiar el teatro después del encierro, pero allí reside, casi como un niño en proceso de crianza, una actividad cargada de tenacidad y constancia.

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Dramafónicos se construye en el espacio doméstico y para asistir a ella, todo el proceso, incluso la taquilla, debe hacerse a través del teléfono celular. Las funciones, que no son diseñadas para el consumo masivo, emplean el recurso de la conferencia telefónica para su desarrollo, de ahí que su capacidad se reduzca a máximo dieciséis oyentes. Actualmente, está en temporada la obra El Señor Happy, “una ficción policiaca inspirada en hechos reales, que consideramos una pieza para adultos, en la que un hombre está viviendo una fiesta muy intensa en su casa, que termina con la llamada a la policía y posteriormente desemboca en una tragedia”, menciona Iván Carvajal, dramaturgo del proyecto. La obra estará en circulación durante las siguientes dos semanas.

El ciclo cerrará con el estreno de Mar de luz, una obra inspirada en La luz es como el agua, cuento de Gabriel García Márquez, que pretende ser “una fantasía familiar, una invitación al despertar de la fantasía de niños y adultos, una invitación a jugar con el mayor recurso que tiene el ser humano: la imaginación”. Además, cada relato cuenta con una serie de ilustraciones, las cuales llegarán a las casas de los espectadores antes de cada función.

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