Las raíces de una libertad

En el bicentenario de la independencia de Cundinamarca, con la edición de su último libro “Las guerras federalistas contra Nariño y Santafé de Bogotá”, se rinde homenaje póstumo a su máximo historiador: Roberto Velandia.

“Sigo recorriendo los caminos de la historia de Cundinamarca: archivos, bibliotecas, museos, relicarios familiares, escaparates, alacenas y baúles, en los que se guardan papeles viejos, manuscritos y fotografías de las gentes de antaño, que sus descendientes no se han atrevido a botar”. Lo escribió el historiador Roberto Velandia Rodríguez en 2008, cuando ya andaba por los 85 años y había escrito más de 50 libros, casi todos dedicados a pueblos y personajes de su departamento. Su vida tuvo un propósito: rescatar la personalidad histórica de esta región tan desconocida como cercana a Bogotá.

Cuando Roberto Velandia falleció el domingo 20 de noviembre de 2011 en Girardot, acababa de concluir la segunda edición, en once tomos, de la “Enciclopedia Histórica de Cundinamarca” y daba los últimos retoques a su trabajo “Las guerras federalistas contra Nariño y Santa Fe de Bogotá”. Era su doble contribución a la conmemoración de los 200 años de la independencia de Cundinamarca, que se realizó el pasado 16 de julio. Aunque no alcanzó a sumarse a la que él denominó “trascendente efemérides”, su obra completa ya había resumido el significado y presente de este instante memorable.

En sus últimos días, su consejero y asistente personal fue su hijo Germán Velandia Peláez, quien le ayudó a ordenar el impresionante inventario de documentos que recaudó durante más de 50 años de investigación histórica. Después de su muerte, reviviendo con gratitud las horas en que además de esposo, padre y abuelo fue también narrador de hogar, su heredero intelectual empezó a transcribir en computador decenas de cartas y notas que su padre dejó escritas en una clásica máquina de escribir que nunca dejó de usar. Fue como volver a revivir la magia de sus palabras en su enorme biblioteca.

Secretario de la Academia Colombiana de Historia durante 20 años, miembro de número de otras tantas agremiaciones regionales similares, reconocido por sus pares en España, Puerto Rico, Panamá o Uruguay, la obra de Roberto Velandia merecía un homenaje aparte. Lo que su hijo Germán Velandia asumió es que esa exaltación a su memoria no podía ser otra que editando su último esfuerzo por rescatar el legado de los próceres que proclamaron la independencia de Cundinamarca el 16 de julio de 1813, y en especial al teniente general Antonio Nariño, “quien la encarnó en toda su plenitud”.

Así nació la edición conmemorativa del Bicentenario de la Independencia de Cundinamarca, que a la vez representa un reconocimiento póstumo a su autor: Roberto Velandia. “Las guerras federalistas contra Nariño y Santafé de Bogotá”, que describe los momentos críticos ocurridos entre 1811 y 1814, cuando santafereños o cundinamarqueses, bajo las banderas del centralismo, “aprendieron a manejar las armas combatiendo a quienes se autodenominaron Provincias Unidas y enarbolaron las banderas del federalismo”. Los tiempos de la “Patria Boba”, como lo resumió años después Nariño en su periódico “Los Toros de Fucha”.

El aguerrido periodismo de Nariño que desde La Bagatela condujo a Jorge Tadeo Lozano a la renuncia a la presidencia de Cundinamarca en 1811; el gobierno del precursor y sus continuas expediciones para minar la resistencia realista; o la rebelión de Antonio Baraya y los centralistas que precipitó la guerra civil. El día a día de una época de contrastes, descrito a través de cartas, manifiestos, proclamas, leyes o decretos oficiales que dejaron su rastro, y que Roberto Velandia situó en los escenarios concretos de la confrontación. La mismísima Bogotá, sitiada por los federalistas en enero de 1813, pero defendida por Nariño hasta la victoria.

El contexto, las voces, los combates o los tratados de paz encarnados por los protagonistas de la secuencia histórica que condujo a la Declaración de Independencia de Cundinamarca del 16 de julio de 1813. El día en que investido como Teniente General y Presidente del Estado, Nariño, le hizo saber al mundo que Cundinamarca era “un Estado libre e independiente, separado para siempre de la corona y el gobierno de España y de toda autoridad que no emanara del pueblo o de sus representantes”. Dos meses después, partió hacia el sur para enfrentar al invasor Juan Sámano, pero aquello fue el principio del fin de la primera República.

Como lo describió el propio Roberto Velandia en esta obra que ahora publica su hijo Germán , “el periodo de prueba de la nación colombiana”. La época en que se conformaron los primeros partidos políticos, se aprendió a formar gobiernos, a redactar constituciones y leyes, o a suscribir tratados de paz. La primera historia republicana en Colombia, protagonizada por “los hombres del 20 de julio de 1810 y el 16 de julio de 1813, cuyas cenizas fertilizarán eternamente los surcos de la historia y la sangre derramada en los patíbulos y los campos de batalla, que son la raíz de un árbol cuya más bella florescencia fue la independencia, la libertad y la República”.

 

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