Realidad de acero

En esta ópera prima de la poeta Silvia Avallone, la ficción se inspira en la realidad.

Como no hay mejor forma de conocer algo que experimentándolo, los dejo con un pequeño diamante de todo el tesoro que encierra este libro: “No se aman las palabras, no te cambian. Las palabras no arreglan las cosas”.

De acero, novela escrita por Silvia Avallone, transporta al lector a una Italia manchada por el hollín y el impregnante aroma de los hornos de la Luchini, una fábrica de acero, cosecha de esperanzas, donde decenas de miles de personas se ganan la vida, partiéndose el lomo como animales bajo el calor volcánico de las máquinas, rieles, calendarios de chicas desnudas, peleas, desesperos y aburrimiento. No se trata de la belleza y el pasado de Roma, la elegancia y presunción de Milán, lo ancestral y misterioso de Pompeya, o del encanto de los italianos, no, se trata de la realidad, porque como dice la autora, ella acaba ganando, hagas lo que hagas o pienses lo que pienses. La realidad es exigente.

La historia gira principalmente en torno a tres personajes. Alessio, uno de los trabajadores de aquella siderúrgica, fuerte, rubio, de facciones varoniles, perfectas y constantemente asediado por las chicas, es el hermano de Anna, esa muchachita preciosa de rizos pardos, sonriente, aventurera, coqueta y apasionada que encontró en Francesca, la chica más fascinante, callada y rara de playa Via Stalingrado a su mejor amiga, hermana, amor, dicha y compañía. ¿Cómo dos ángeles pueden vivir en medio de un oxidado barrio de la ciudad de Piombino, lleno de colmenas de edificios, de personas iguales y de pocas novedades? Son misterios con los que la vida nos sorprende, al igual que esta, más que libro, historia de muchas vidas.

La relación intensa que mantienen Anna y Francesca, los problemas que enfrentan con sus familias, la percepción que ellas tienen de la vida, sus deseos, sentimientos, frustraciones, rabias: toda su personalidad, se inyecta en nuestros ojos, se transmite por las venas y finalmente nos impacta el corazón y las entrañas, generando de esta forma el propósito que a mi parecer es el más importante de un escritor: conmover al lector, generarle emociones, ¡sacudirlo!

Con De acero recordé instantes de mi pasado, ese torbellino violento de imágenes que nos sacude de un momento a otro sin previo aviso. También me identifiqué con algunos de los personajes y por momentos quise convertirme en otros, porque la magia de los libros permite estas fantasías. Las descripciones casi cinematográficas de los lugares y situaciones, la perspectiva del yo que nos adentra en las intimidades de los personajes y la narración omnisciente, se convierten en la mezcla perfecta para seducir a quien se atreva a explorar este libro y perderse encantado en sus palabras, esas pequeñas pociones mágicas que los escritores utilizan para expresarse y con las cuales, la mayoría de las veces, muchos nos sentimos identificados.

De esa forma, estos artistas de la palabra se apropian de nuestra voz, porque retratan nuestra esencia... nuestro ser, porque son hombres comunes y corrientes, pero tienen la ventaja de conocerse, e incluso conocernos mejor que nosotros mismos. Ellos caminan con el don, y si lo aprenden con fervor y disciplina, si lo ponen en práctica eficazmente, se convierten en esas personas que se atreven a decir, a crear e inventar.

Destaco la correcta elección del título por parte de Avallone, como relaciona el metal con el tema primordial, la amistad: ambos son resistentes, buenos conductores de energía, se dilatan, se contraen, mientras uno nace de las ardientes calderas de las fábricas, la otra lo hace de las llamas entrañables del corazón de dos o más personas, y ambas también corren el riesgo del desgaste, del peso implacable de los años. En definitiva, la narración de esta novela, tan poderosa como el acero mismo, nos deja una enseñanza: Hasta el más fuerte vínculo interpersonal puede ser presa de la erosión.

De aceroEditorial AlfaguaraSilvia Avallone