La rebelión del estereotipo

Katrina Day busca roles a diario en diferentes páginas de internet y se encuentra con personajes sexistas que perpetúan la idea de la mujer como objeto decorativo. Por eso empezó su pequeña revolución.

Katrina Day, fundadora de la página Some Lady Parts. / Cortesía de la entrevistada

Cuando un director le dijo casualmente a Katrina Day que en una escena donde la iban a violar no tendría ningún tipo de protección, salió corriendo. Otro día, en otro ambiente, pero también en Nueva York (donde vive y trabaja como actriz), un profesor le dijo que tenía que aprovechar que era bonita para conseguir más papeles. Casi siempre que busca trabajo se encuentra con llamadas a audicionar (casting calls, en inglés) donde describen el mismo personaje femenino: “Chica voluptuosa que va al gimnasio únicamente para seducir. No habla en la película” o “Veinteañera, típica damisela en apuros”. Las mujeres, en ese mundo de la actuación, parecen existir únicamente como utopías mudas que torturan o motivan a los hombres. Meros dulces visuales.

Por eso se cansó y abrió un blog, Some Lady Parts (“Algunas partes femeninas”), donde publica las descripciones más sexistas y ridículas de personajes femeninos que encuentra. Su crítica se volvió viral y ha puesto a conversar al gremio sobre la discriminación contra las mujeres. Aquí nos habla sobre feminismo, la actuación, los favores sexuales, la competencia entre mujeres y la indiferencia de los hombres blancos heterosexuales.

¿Qué la llevó a volverse actriz?

He estado actuando y escribiendo desde que tenía 12 años. Como crecí en el centro de Nueva Jersey, Nueva York estaba a sólo una hora en tren. Me obsesionaba Broadway y siempre le rogaba a mis padres que me llevaran a la ciudad. Creo que ya había decidido mudarme a NYC cuando tenía trece años. Finalmente tuve la oportunidad de hacer justo lo que quería cuando me aceptaron en la Escuela de Artes de NYU para estudiar actuación. Me mudé a la ciudad cuando tenía 18 y no he mirado hacia atrás desde entonces.

En varias entrevistas ha mencionado que parece que las mujeres están entrenadas para mantenerse en silencio e ignorar todo lo malo que les dicen y hacen. ¿Por qué permanecer en silencio es una actitud generalizada?

El silenciamiento de las mujeres es un problema global que se mete en todos los rincones de la sociedad, incluyendo la industria del entretenimiento. Creo que la forma específica en que este problema se expresa en mi industria tiene mucho que ver con lo competitiva que es. Hay muchas mujeres aspirando a convertirse en actrices y nos ponen a todas a enfrentarnos en nuestros caminos. Nos dicen que si decimos lo que estamos pensando, nos volvemos “difíciles” o nos comportamos como “divas”, hay un millón de chicas que nos pueden reemplazar en un instante. El mito de que las mujeres son intercambiables es uno de los aspectos más descorazonadores de esta industria.

¿Recuerda cuándo empezó a adoptar el silencio como forma de reaccionar a las cosas?

Cuando entré a la escuela de actuación ya tenía el hábito de morderme la lengua en vez de decir lo que pensaba. Esa forma de reaccionar nos la imponen a las mujeres desde el principio. Nos dicen que debemos ser amables y corteses, no vestirnos ni comportarnos como “putas”, y siempre ser modestas.

¿Por qué los hombres parecen no percatarse de toda la basura que reciben las mujeres?

Los hombres —especialmente los blancos heterosexuales— no habían tenido que pensar sobre sus identidades étnicas o de género. El cuerpo masculino siempre ha sido aceptado como el “cuerpo neutral” en las artes y en todas partes. Por eso no tienen la costumbre de pensar sobre el sexismo, mientras que las mujeres se pasan toda la vida mirándolo de frente. Nuestros sentidos están más afinados para percatarse del sexismo porque tenemos más experiencia interceptándolo.

Algunas actrices con las que he trabajado me han dicho que es común que los directores les pidan favores sexuales. ¿Le ha pasado algo similar? ¿Qué les diría a las niñas que están pensando en volverse actrices?

Afortunadamente, nunca me han pedido favores sexuales ni he experimentado abuso físico en mi trabajo. Pero sé de muchas actrices que sí. Lo que sí he recibido es acoso verbal, que me ha hecho sentir insegura en mis ambientes laborales.

La actuación es un trabajo físico que requiere contacto con otras personas. A diferencia de otros trabajos, todo tu cuerpo está involucrado. No se pueden poner las mismas reglas y los mismos límites en un set o en un ensayo que los de un ambiente de oficina. No es inherentemente inapropiado que un director te toque o te hable sobre temas muy íntimos. Es muy común que estés simulando intimidad sexual o violencia en alguna producción, y por lo tanto estés teniendo mucho contacto físico con otros actores. Pero por eso mismo es que hay tantas medidas de seguridad que deben respetarse, y por eso es que cada actriz debe tener su propio conjunto de valores sobre lo que es y no es aceptable según sus propios estándares, aquello con lo que se siente cómoda.

Eso es lo que les diría a las jóvenes que estén pensando en volverse actrices: nadie puede decirte qué pensar, qué sentir, ni con lo que debes sentirte cómoda. Sólo tú puedes decidir eso. No importa qué tan pequeño sea tu papel o qué tan inexperta seas, mereces tanto respeto como el productor de películas más famoso del mundo. Nadie puede evitar que cuentes tus historias. Nadie tiene el derecho de silenciarte, aunque la gente en posiciones de poder te diga lo contrario.

Temas relacionados