Los Orquesta Juvenil de Medellín invitada al cierre del Festival de Música de Cartagena

Los jóvenes que hacen parte de la Red de Escuelas de Música compartirán escenario con el violinista Maxim Vengerov. Aquí la historia de vida de algunos de sus integrantes.

Joaquín Sarmiento.

Un niño es una hoja en blanco sobre la que se escribe su historia, y es durante la juventud cuando las posibilidades suelen aparecer más amplias y fértiles. Por esa razón urge aprovechar la frescura y la creatividad de los primeros años. De oídos a esto, desde 1996 viene implantándose un programa cultural y social que debe ser un marco de referencia para las demás ciudades colombianas: la Red de Escuelas de Música de Medellín. Es un proyecto consciente no sólo de la vitalidad propia de los menores, sino también de su vasto potencial tantas veces desperdiciado por motivos negligentes o injustos. Adicionalmente a su inherencia artística, esta iniciativa nace como una respuesta alternativa contra algunos de los males que aquejan a las sociedades latinoamericanas, como la desigualdad, la falta de oportunidades laborales y académicas, o la violencia en cualquiera de sus dimensiones. Se trata de una voluntad colectiva que ha hecho fructificar el talento y el optimismo de miles de niños, adolescentes y jóvenes de Medellín sin solicitar a cambio nada más que el agradecimiento que pueda suscitar en sus allegados.

La décima entrega del Festival vino colmada de talento joven. Este año Cartagena recibe a la Orquesta Sinfónica Juvenil de la Red de Escuelas de Música de Medellín, que se presentará en el concierto de cierre mañana, en el auditorio Getsemaní del Centro de Convenciones, junto al destacado solista ruso Maxim Vengerov (violín). La agrupación es liderado por Juan Pablo Noreña, director titular de la Orquesta, quien empezó su participación en la Red de Escuelas en 2010, vinculándose a la Sinfónica dos años más tarde, tras ser elegido por convocatoria nacional, lo cual supone “un privilegio y un honor grandísimo” para él. Llama la atención la avanzada experiencia de un director tan joven, sin embargo, en lugar de apabullarse, Noreña considera que su trabajo con jóvenes es apasionante, gracias en parte a la cercanía generacional que tiene con los estudiantes, y por el vínculo emocional resultado del fuerte componente socioafectivo que incorpora la propuesta curricular de la Red, cuyo alcance llega incluso a las familias de alumnos y formadores.

“La Red de Escuelas de Música es un proyecto muy importante porque se acerca a las comunidades, independientemente de que sean de estrato alto o bajo. Nos trata a todos por igual”, comenta Juan Sebastián Asuad, quien con 17 años se debate entre hacer una licenciatura en violín en la Universidad de Antioquia o dedicarse al canto popular. Cursaba quinto de primaria cuando el sonido de unos instrumentos musicales llamó su atención un día en que caminaba de la mano de su papá por el barrio San Javier de la Comuna 13 de Medellín. “Pa: yo quiero entrar a averiguar”, le dijo, y desde entonces es la muestra vívida de que existen grandes cualidades en los seres humanos que solamente afloran gracias a influencias externas como el trabajo y la disciplina, a diferencia de otras que pueden permanecer ocultas en un sueño apático. A pesar de haber atravesado la pérdida trágica de su primer maestro en un accidente de tránsito en 2011, Juan Sebastián, como otros estudiantes, se mantuvo firme por amor a la música: “Fue como partir la historia de la Escuela de Música en dos, porque el nivel que teníamos con Juan Camilo Zapata era altísimo y eso generó mucha depresión. Algunos se salieron, la escuela se dividió y tocó empezarla desde cero. Yo me quedé porque no vi en la muerte de Camilo un motivo para renunciar sino para hacerme más fuerte y continuar con el legado que él nos dejó”. Como esta, numerosas historias se entretejen alrededor de la Red de Escuelas; historias de evolución personal, familiar y comunitaria que conmueven más allá del poder del arte en sí mismo. Es la insondable potestad de la música la que es capaz de transformar la escena más terrible en un valle de belleza y a la criatura más estéril en fuente de ingenio.

De acuerdo con Daniel Franco, violinista —quien a sus 22 años lleva cuatro como formador en la Red, tras ser estudiante en ella—, esta nueva generación de intérpretes busca recuperar la proyección que la Orquesta tuvo en años pasados y considera el FIMC como la plataforma idónea para lograrlo en este momento, cuando todas las miradas están puestas sobre Cartagena. Es grande la responsabilidad que tiene la Orquesta Sinfónica Juvenil, pues el Festival abre el espacio para el talento de estos 70 músicos del más alto nivel entre los 12 y los 24 años que prometen el oro en el broche de cierre.

* Periodista.

 

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