Reflexión a partir de Beethoven

El editor de la revista ‘Gramophone’ y firma autorizada en ‘The Huffington Post’ y ‘Strings’ hace un balance del encuentro cultural.

El pianista británico John Lill, quien interpretó la ‘Sonata Waldstein’, fue uno de los invitados memorables del I Festival Internacional de Música de Bogotá.   / Cortesía Teatro Julio Mario Santo Domingo
El pianista británico John Lill, quien interpretó la ‘Sonata Waldstein’, fue uno de los invitados memorables del I Festival Internacional de Música de Bogotá. / Cortesía Teatro Julio Mario Santo Domingo

El Primer Festival Internacional de Música de Bogotá fue un enorme éxito. Expandió la fe de la ciudad en sí misma y fue un gran paso para ponerla en el mapa internacional de la música clásica. Cuando Gustavo Dudamel y su Orquesta Simón Bolívar presenten la Novena sinfonía de Beethoven en junio, esta ciudad podría explotar en la escena mundial. Fue más que sólo una celebración musical de la más alta calidad, fue un valiente ejemplo de un nuevo modelo de cómo la música clásica puede servir a su comunidad, al reunir a la gente para atraer nuevos negocios.

Además de las metas sociales y artísticas alcanzadas, el festival definió la visión que tiene Ramiro Osorio de los teatros públicos como espacios de trabajo, al punto que esa visión ahora puede servir como plantilla para la replicación y la localización. Su expansión está planeada en Cali y otros centros de la música colombiana, como Medellín y Cartagena, que lo realizarán próximamente. Como el festival lo demostró, la de Osorio es también una visión única en Colombia, una que tiene contrastes con el Centre de Réalisations et d’Études Artistiques de René Martin en Nantes. La idea de que la música clásica de esta calidad y el acogimiento por parte de la comunidad sean atractivos para los inversionistas extranjeros se debe a InvestinBogota.org, que me hospedó. Los inversionistas con un portafolio cultural deberían tomar nota.

Varios aspectos se destacaron desde la perspectiva de Los Ángeles.

Concepto

El festival parece haber actuado como si su misión fuera anticipar y satisfacer la demanda, reclutar actores de alta calidad y poner precios que la gente podía pagar, o incluso gratis. Al hacerlo, el cálculo podía ser que el teatro redujera gastos generales y operara con un presupuesto eficiente de costos. Fue un enfoque ampliamente democrático: el precio de las entradas bajó también para los ricos y las corporaciones, a excepción de aquellos que desearon pagar igual a sus posibilidades.

Química

Una parte igualmente grande de la historia fue la audiencia, una demografía que haría llorar a las orquestas de Norteamérica y que plantea interrogantes sobre las consecuencias de los programas de divulgación de las orquestas. De hecho, la audiencia del festival se dio a conocer a través del voz a voz. Los músicos con los que hablé dijeron que el público de Bogotá fue igual o superior en calidez y apertura de su corazón, así como en la inocencia y frescura de su respuesta, que el de centros como Berlín, Viena, Londres, Tokio y Nueva York.

Calidad

Fui a 25 de los 56 conciertos y quedé anonadado por un conjunto brillante de artistas internacionales y colombianos, su amplia gama de estilo y diversidad. Había artistas encontrando fuentes de la juventud, como el británico John Lill, quien halló a un Beethoven profundamente consolador en Bogotá. Siempre un hombre del pueblo, Lill tocó una incomparable ‘Sonata Waldstein’ después de haber hablado conmigo al respecto al principio del día, sentado en el piano vertical de su camerino. Había estrellas brillantes, como Andrei Korobeinikov, un volcán Rachmaninov cuya lectura del ‘Opus 111’ de Beethoven paralizó a un auditorio lleno de jóvenes y viejos, familias con hijos, parejas de novios e incluso críticos (de Madrid, Buenos Aires, Ciudad de México y Los Ángeles), quienes al final, como en todas las grandes presentaciones, no sabían si reír o llorar, así que gritaron. Tal respuesta de la audiencia se dio con frecuencia durante el festival.

Queja

El Cuarteto Manolov de Colombia, que atrajo altos elogios de todos los críticos que lo escucharon, no se presentó en el Teatro Mayor. Una pista: el Cuarteto Manolov podría compensar la reciente derrota de Colombia en fútbol, si vence a la orquesta Simón Bolívar de Venezuela en un concierto especial , ¡cuando Gustavo Dudamel esté en Bogotá la próxima semana!

Temas relacionados

 

últimas noticias

Howard Phillips Lovecraft: el terror como mito

El barrio que nació de la basura

La mirada de Hebe Uhart

La galaxia de “Universo Centro”