¿Quién debe morir? (Relatos y reflexiones)

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Es increíble que esta pregunta la tengamos que formular al inicio del siglo XXI en un tiempo inmensamente complejo para todos, en una Pandemia que no tiene precedente por sus dimensiones, la velocidad de su propagación y la incapacidad tácita de la ciencia para responder con rapidez, que se extendió en dimensiones que van en más de 15 millones de contagiados y que de alguna manera nos dejó a todos desarmados filosóficamente, políticamente y económicamente. 

A veces subestimamos la filosofía pues creemos que es una práctica inútil, que no tiene impacto en la realidad, pero todo, todo lo que vemos a diario, desde la invención de la Internet hasta la ropa que llevamos, se debe en gran medida a los cambios de pensamiento, a las estructuras de pensamiento que han permitido nuestros avances y que han permitido un lugar, una manera y una lógica para pensar nuestro mundo. Sin la filosofía no hubiéramos llegado a la luna, sin los pensamientos de Giordano Bruno o Galileo los Europeos no hubieran podido llegar ni entender la dimensión del mal llamado “descubrimiento” de América, y así mismo sin las ideas y la filosofía de la ilustración, la democracia, el Estado de derecho y las independencias de los países americanos no hubieran sido posibles.

Muchos filósofos y pensadores han intentado imaginar lo que nos depara esta pandemia, y no dan en el clavo, no logran descifrar qué es lo que sucede, qué es lo que revela este “espejo” de todos nosotros, de nuestras sociedades, de las efímeras fronteras que limitan nuestro mundo cultural. Hoy los valores de Occidente perecen en la danza del totalitarismo, los valores tan duramente luchados por el liberalismo hoy están completamente amenazados. La libertad individual, la autonomía, los órganos legislativos, la justicia. Las instituciones parecen venir de un mundo vetusto que no pudo actualizar la democracia para el tiempo que vivimos. 

Es por esto que la política aparece como el lugar más luchado hoy, las elecciones de Estados Unidos y el futuro de la social democracia europea son las batallas más importantes para toda una corriente de pensamiento que se inició en la Grecia Antigua y hace 600 años en el Renacimiento.

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América Latina, la rezagada de Occidente, sin embargo sufre hoy, gracias a la Pandemia, una crisis profunda. Y la pregunta de fondo, irónica, de todo esto, es de nuevo el valor de la vida. En Bogotá el 38% de los 1287 muertos pasaron por una UCI (Unidad de Cuidados Intensivos), la mayoría murieron en sus casas, sin acceso oportuno a una unidad de cuidados respiratorios; de los 1287 muertos por Covid, 33 eran de los estratos 5 y 6 y en cambio, 813 pertenecían a los estratos 1 y 2.

Treinta y tres personas tan solo de los estratos 5 y 6 muestra un sistema fallido que no hemos podido arreglar. El virus, como lo dice Byung-Chul Han, “es solo un espejo de la sociedad que vivimos”. ¿Qué significa que de 1287 muertos 813 sean pobres?, significa que nuestra ecuación social es perversa, aniquila a los pobres en el más triste de los darwinismos. A NINGÚN político o política se le ha ocurrido señalar lo perverso de que las UCIS no tengan la capacidad para atender a todos y todas las que las necesiten. Porque no hay recurso que valga más que la vida, no hay préstamos, no hay reservas, no hay nada que valga más que la vida. Si usted tiene 3 hijos y los valora, no hace cuentas para ver a cuál debe salvar, usted hace hasta lo último para salvarlos a los 3. 

Una sociedad que pierde esta claridad perdió su norte, una civilización que no pone a la vida como el valor esencial, empezó su descenso a la deshumanización. Más que la muerte me preocupa el silencio de todos. Tener que escoger salvar vidas por no tener respiradores, con los bancos abarrotados de dinero, con los fondos de los más pudientes quietos, y con la corrupción galopante, nos deja claro el nivel de nuestra barbarie.

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Porque como dice Paolo Giordano “No tengo miedo de caer enfermo. ¿Y de qué tengo miedo? De todo lo que el contagio puede cambiar. De descubrir que el andamiaje de la civilización que conozco es un castillo de naipes. De que todo se derrumbe, pero también de lo contrario: de que el miedo pase en vano, sin dejar ningún cambio tras de sí”.

Una pandemia como esta debería ser capaz de producir cambios profundos en nuestros sistemas, en la filosofía que rige nuestro mundo,el llamado a una consciencia crítica, que ponga en el centro de la agenda política el valor de la vida y el buen vivir, es la tarea más importante a la que debemos aunar todos nuestros esfuerzos. 

Si la democracia se cae, si la pandemia nos hace fracasar, si el Estado no existe para nosotros, espero que nuestra única opción no sea “descargar la aplicación CoronaApp y quedarnos en casa.”

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