La religión en clave criminal

La película 'De hombres y de dioses', basada en hechos reales, se estrena la próxima semana en el marco del Festival de Cine Francés.

Vestido con una chaqueta de cuero, el guionista y productor Etienne Comar parece un personaje de una novela de aventuras. De hecho, un productor de cine tiene que ser un aventurero. ¿A quién si no a un personaje con sentido del riesgo se le ocurriría financiar una película? ¿Más aún cuando el riesgo se multiplica y el productor es también el guionista de la historia?

El talento decidió la suerte de Monsieur Comar con un guión que juzga las divisiones religiosas, sus guerras políticas disfrazadas de combates místicos, traducidas en actos de terrorismo y persecuciones a nombre de la intolerancia.

Des Hommes et des Dieux (De hombres y de dioses, Beauvois, 2010), narra la convivencia de siete monjes en Argelia, su secuestro y su posterior asesinato en 1996.

El fundamentalismo y el Islam combatiendo contra el Cristianismo o viceversa: opuestos que se atraen y que han protagonizado tragedias recientes.

¿Para qué sirve entonces la religión en una guerra? ¿Para salvar a sus devotos o para sacrificarlos en nombre de Dios o de Allah?

La película narra un problema político, social y humano, visto a través de unos monjes que consideran sus opciones ante la libertad de quedarse o de irse cuando los amenaza una guerra”, asegura Comar. “Un tema que le puede interesar a cualquiera, pues las preguntas de los monjes son las mismas de cualquier ser humano que se vea amenazado y dudando como ellos. Aunque los monjes reaccionan en función de sus convicciones religiosas, de su concepción del cristianismo y de la religión católica.

¿Monjes que viven con un carácter contemplativo, sin olvidar sus temores ante el mundo que amenaza?

Considero que es muy difícil escribir una película sobre personas que parecen santos y tienen una fe ciega en lo que hacen. Por eso preferí humanizar las dudas de los monjes, mostrándolos como religiosos, pero también como seres humanos que se preguntan si Dios los abandonó. Creo que la religión puede ayudar a superar algunas situaciones y a que se hagan ciertas elecciones en la vida, pero cada quien tiene su respuesta. Hay personas que pueden ser héroes y dar muchas lecciones de valentía sin tener fe, como también hay personas con una vida religiosa profunda, que son totalmente cobardes. Por ejemplo, muchos miembros de la Resistencia Francesa eran profundamente laicos, así como también tuvimos representantes de la Iglesia que fueron unos traidores. Lo que se plantea acá es si los monjes deben tomar una decisión a nivel individual o colectivo; si les conviene lo que quiere cada uno o si tienen que decidir entre todos.

El guión, al recrear una tragedia real, representándola en la ficción, ¿Influye en la realidad o es sólo una ilusión suponer que una película transforme la perspectiva del espectador ante las guerras religiosas?

Después de la tragedia se conoció un testamento muy hermoso, escrito por el hermano Christian, en el que habla de la comunión entre cristianos y musulmanes, y de su voluntad por acercar las religiones. En 2006, cuando quise escribir el guión, me sorprendió que, con el paso del tiempo, significara algo totalmente distinto con sus referencias al choque de civilizaciones. Por eso la película tiene un mensaje de reconciliación y reconocimiento de ambas religiones. Algo que ha tenido mucha repercusión en Francia y en otros países occidentales, donde nos preguntamos acerca de la coexistencia entre las comunidades religiosas. No se trata de que los cristianos hagan proselitismo y quieran convencer a los demás de que su religión es la mejor, sino de que traten de vivir con ambas religiones. En la película se muestra que tan pronto como las religiones se inmiscuyen en política, empiezan los excesos. Se cita a Pascal: «Nunca se ha matado tan bien como por motivos religiosos». Evidentemente, los políticos se apoyan en la religión para matar. Pero no creo que ningún principio religioso, cristiano o musulmán, quiera combatir o dominar al otro. Lo que pasa es que la manipulación política permite utilizar las religiones como un arma.


¿Sucede entonces lo que aseguraba un titular de prensa sobre la religión como otra forma del poder y de su corrupción: “Matad que a Dios le gusta”?

Christian, el prior de la película, probablemente haya sido el teólogo más importante que haya estudiado las relaciones entre el Islam y el Cristianismo. Estudió durante toda su vida el Corán y la Biblia. Era católico y cristiano, pero conocía a la perfección el Corán y siempre intentó buscar una correspondencia con la Biblia. En el Vaticano lo consideraban loco. De hombres y de dioses, de alguna manera, es su historia, pero no la contamos explícitamente. Durante la guerra de Argelia, era un joven cura francés al que un policía musulmán defendió del Frente de Liberación de Argelia, que quiso matarlo. Cuando trató de ver otra vez al policía para agradecerle, se enteró de que lo habían degollado. Así que además de su amor por Argelia, tenía una deuda personal con esa religión y con ese hombre que le salvó la vida. Fue un hecho que lo marcó para siempre.

Una vida que, sin embargo, estuvo determinada por el giro de una circunstancia política y colonial: la relación entre Francia y Argelia. ¿No cree que es difícil mantenerse al margen de estos hechos, incluso aunque se tenga una postura religiosa?

Los monjes son contemplativos, pero esto no evita que se encuentren en una situación muy frágil sin saber cuándo están en el ámbito político y cuándo no. Los monjes de la película pasaron muchos años en el lugar donde vivían sin intervenir en política. Estaban en contacto con una población a la que atendían y ayudaban y podría decirse que esto ya era una posición política. Pero nunca tomaron partido entre un ejército corrupto y los terroristas, porque para ellos, en ambos casos, eran fuerzas sin legitimidad. Además, no podían elegir porque los mataban o los deportaban. Así que siempre corrieron un riesgo que terminó por llevarlos a la muerte y desempeñaron una función política en el sentido griego de la palabra, es decir, en la vida misma, en la vida que los rodeaba, no en el sentido de la política tradicional e ideológica. Y aunque no creo que no haya que mezclar religión y política, cuando hay una dictadura o un movimiento antidemocrático, estoy de acuerdo en que hombres de valor y fe aprovechen los principios de la fraternidad y la libertad en sus discursos, así sea algo riesgoso.