Las reliquias se toman Usaquén

Esta vez no se trata de los tradicionales mercados de pulgas de la capital, sino de la XXVIII Feria del Coleccionismo y Antigüedades.

Muestra de lo que se verá en la XXVIII Feria del Coleccionismo y Antigüedades. / Cortesía
Muestra de lo que se verá en la XXVIII Feria del Coleccionismo y Antigüedades. / Cortesía

La feria es organizada por la Asociación de Anticuarios de Colombia, que se lleva a cabo este fin de semana, desde el 25 hasta el 28 de abril, en el antiguo claustro de la iglesia de Santa Bárbara, Usaquén.

De todo, exclusivo, no lo encuentra usted en ninguna otra parte, diría el ‘culebrero’ llanero que, cada viernes, en el septimazo, vende desde ungüentos para aliviar una molestia física, hasta pócimas para curar un mal de amor. Sin embargo, en una feria de anticuarios, aunque hay objetos inimaginables, no se encuentran precisamente estas cosas.

Sillas del siglo XVIII, un modelo popular en la época de los virreyes, antes de la independencia; una escultura de Santa Catalina, réplica antigua de los santos caracterizada por su desgaste natural; una réplica del busto del dramaturgo francés, Moliére; y un piano alemán fabricado antes de la segunda guerra mundial son piezas que se podrán apreciar en la Feria.

Desde hace 15 años se realiza, cada semestre, la “única feria profesional de antigüedades de Bogotá, que ya se encuentra muy bien posicionada en Latinoamérica y que reúne a destacadas personalidades del mundo artístico como pintores, arquitectos, diseñadores, decoradores, coleccionistas y personas amantes del arte y de los objetos antiguos”, asegura Alfonso Guzmán Pinto, presidente de la Asociación.

Sin embargo, uno se preguntaría ¿por qué categorizar como ‘profesional’ una feria? ¿Cuál podría ser la diferencia entre esta, y los mercados de pulgas? Aunque estos últimos, inclusive, son patrimonio, declarados de gran interés cultural con el acuerdo 154 del Concejo Distrital de Bogotá, lo cierto es que “al comprar una pieza en un mercado de pulgas o una feria de calle, se corre el riesgo de obtener una pieza que no es original, para lo que se necesita tener muy buen ojo”.

Tal vez el público cambia. Mientras que en un mercado de pulgas, un domingo, se ven deportistas, familias, universitarios, turistas, una variedad de personas para un variado nivel de bolsillos – se pueden conseguir objetos y artesanías desde mil pesos-, en la feria profesional de anticuarios los precios oscilan desde 200 mil hasta artículos de 10 o 12 millones de pesos, aproximadamente.

El precio de las piezas, por supuesto, es directamente proporcional al gran valor que guarda cada una de ellas, al riguroso cuidado con el que los dueños las han conservado. Para que una pieza sea considerada antigua, debe tener una data de aproximadamente 100 años, y como diría Francis Bacon refiriéndose al valor de lo viejo, lo antiguo, es preciso tener “una vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar, y viejos autores para leer”, finalmente, lo que ha permanecido perenne en el tiempo jamás pierde vigencia, siguen siendo tesoros que cobijan historias, momentos que se han petrificado en el tiempo y siempre están ahí, para recordar un presente que ya pasó.

 

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