La jácara literaria

Historia de la literatura: “Eneida”

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La primera parte da cuenta de las aventuras y las dificultades que tiene Eneas durante sus viajes. La segunda relata las luchas y batallas que él debe sortear para cumplir su objetivo final: fundar el pueblo latino.

En esta séptima entrega voy a dar un salto en el tiempo hasta el siglo I a. de C. para referirme a la gran obra de Virgilio, el poeta romano que se encargó de presentar a César Augusto un poema épico, al estilo de la Ilíada o la Odisea de Homero, con el propósito de dotar a Roma de una epopeya fundacional que representara la identidad del pueblo latino y cuya trama central sería la fundación de Roma.

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Publio Virgilio Marón (Publius Vergilius Maro) nació en el año 70 a.de C. en el norte de Italia, en lo que se conoce hoy como Pietole, en la provincia de Mantua. Lector atento de Homero, quien pervivía en el mundo latino 700 años después, porque como afirmó el académico Herman Funke en la Historia de la literatura de Akal: “Los romanos, tanto como los griegos, “aprendieron de Homero”. La primera obra literaria en lengua latina, un don Livius Andronicus, fue una traducción de la Odisea de Homero en el metro vernáculo saturnino” (128). Virgilio leyó con mucho cuidado tanto la Ilíada como la Odisea, y a partir de esa lectura minuciosa construyó una obra que no solo unifica los aspectos centrales de los poemas mencionados, sino que les sirve a los latinos como símbolo de identidad.

El poema, escrito en latín, está edificado también a partir de la guerra de Troya y, al igual que la Ilíada y la Odisea, la narración de la Eneida comienza in medias res con un grupo de troyanos que logran escapar de la ciudad después de su fatal derrota. La flota se dirige por el Mediterráneo a Italia, al mando de Eneas. Este último es un guerrero troyano, príncipe de Dardania (hijo de la diosa Afrodita y el mortal Anquises), que debe salir de la ciudad antes de ser exterminado por los griegos, cuando ya se han tomado la ciudad y esta arde en llamas. Lo acompañan su padre y Ascanio, su hijo. Su esposa, Créusa, ha muerto durante la matanza y toma de la ciudad por parte de los aqueos.

Eneas es advertido por el fantasma de Héctor que debe salir de la ciudad lo más pronto posible, porque le espera una gran misión. En los libros I a VI se narran los viajes de Eneas hasta llegar a Italia y en los libros VII a XII se detallan las conquistas de Eneas en Italia. La primera parte está construida con la misma estructura que la Odisea, es decir, da cuenta de las aventuras y las dificultades que tiene Eneas durante sus viajes, que si bien no son de regreso a casa, constituyen el baluarte de la fundación romana; la segunda, en cambio, relata las luchas y batallas que, al igual que la Ilíada, debe sortear Eneas para cumplir su objetivo final: fundar el pueblo latino.

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El héroe dura siete años peregrinando hasta que finalmente es recibido en Cartago por la reina Dido (Elisa de Tiro). Allí toma lugar una de las historias de amor más dramáticas de la historia de la literatura antigua. La reina Dido, después de las intervenciones de la madre de Eneas, Afrodita (Venus, en la mitología romana), y de Eros (Cupido, en la mitología romana), se enamora perdidamente de Eneas. Pero este último no cede porque tiene claro su destino y no puede detenerse ante nada. Virgilio utiliza este episodio para acrecentar la virtud de Eneas, porque el fundador de Roma debe sortear todos los tropiezos que amenazan su integridad.

Una vez se ha marchado su amado Eneas, Dido se quita la vida y maldice todas las futuras generaciones de él. Esta situación es también un recurso narrativo que utiliza Virgilio para justificar la milenaria enemistad de Roma con Cartago y que condujo a las guerras púnicas ocurridas entre 246 a. de C. y el 146 a. de C. Luego, de camino a Italia, Eneas se encuentra con el fantasma de su padre, Anquises, quien ha muerto en la penosa travesía y le pide que vaya a verlo al Averno (el inframundo). De esta manera, al igual que en la Odisea, Eneas viaja al mundo de los muertos, ve a sus antepasados y compañeros muertos en la guerra de Troya, así como a la sombra Dido.

Por fin llega con su flota a Italia, donde es recibido por el rey Latino, quien le ofrece a su hija Lavinia por esposa. Pero Turno, rey de los rútulos, era pretendiente de Lavinia antes de que el rey se la ofreciera a Eneas, y decide declararle la guerra. Los dos líderes consiguen alianzas de varios pueblos vecinos y comienzan varias batallas que terminan con la muerte de Turno a manos de Eneas. Al igual que en las obras homéricas, los dioses y diosas intervienen a favor y en contra del héroe y sus disputas se humanizan de forma permanente.

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Juno: esposa y hermana de Júpiter (Hera, en la mitología griega) odia a los troyanos; Júpiter (Zeus) ordena y trata de restituir la intervención divina; Venus (Afrodita), ante todo, defiende y protege a su hijo; también intervienen Neptuno (Poseidón), Mercurio (Hermes), Cupido (Eros), Vulcano (Efesto), Saturno (Cronos), Minerva (Atenea) y Febo (Apolo), siempre con alguna función específica en la narración.

De esta forma, a partir de numerosas figuras literarias, como la aliteración y la onomatopeya, Virgilio logra crear un poema épico a partir de la tradición heredada de los griegos y adaptada a la mitología romana que servirá de referente literario e identitario para el pueblo romano. Posteriormente, serán Rómulo y Remo, descendientes de Eneas, quienes terminarán de consolidar el mito de la fundación de uno de los imperios más grandes de todos los tiempos.

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