Reseña

“Un mar en calma, los cuentos de amor y sexo”, de Beatriz Mendoza

Noticias destacadas de Cultura

Un mar en calma, los cuentos de amor y sexo son nueve relatos expresados con una prosa elaborada en cuidadosos detalles, al límite impreciso muchas veces con la crónica. No en vano su autora, Beatriz Mendoza, es también periodista.

Mientras avanza en la exploración del tema de la sexualidad y el deseo, desde un plano rigurosamente literario, Beatriz Mendoza nos da pistas sobre el método, de modo que pareciera basarse en esa incierta dualidad que se enmarca en la nominal lucha de contrarios, una de las leyes dialécticas más controversiales de la naturaleza. Sus relatos discurren a modo de proceso en medio del desenvolvimiento armónico en el comportamiento de parejas, sus sentimientos, la sexualidad y las costumbres, no mostradas en su movimiento y sin ambigüedades, desde su ojo de halcón, filtrándose en ese vacío que es la atmósfera en sus conexiones. La autora deja la percepción de que nada es estático, que en esa dinámica de tensiones entre parejas se percibe una conexión interna que se dispersa en un aparente juego de vanidades y que se transforma en sus exclusiones recíprocas.

Le sugerimos leer Beethoven: el maestro de la dificultad

El lector se integra de tal manera a ese juego de seducción que incita al deseo, procedimiento propuesto indirectamente como parte de la apropiación del contenido que resulta integrándose, al hacer del texto un dispositivo erótico que orienta esa atracción recíproca que surge entre el lector y la escritura. Al terminar de leer este libro queda la sensación de haber participado en cada aventura, pues el texto, en tanto sugestión, debe hacerlo como recurso para sostener al lector en vilo. Esto se logra gracias a la solvente capacidad de describir esas sensaciones y esos deseos que nos desnudan ante el proceso contradictorio que es la vida.

Debiéramos precisar que este libro no se trata exactamente de un análisis de las actitudes vitales ante la naturaleza del amor, como tampoco del comportamiento ante las relaciones sexuales, aunque es evidente que a lo largo de cada relato se mantiene un alto interés por el erotismo. Son, en cambio, historias concisas que resultan inquietantes, y algunas perturbadoras, en las que Beatriz Mendoza consigue contrastar diversas condiciones entre los personajes de estas escenas que parecen ser caldo de cultivo en la vida real. La condición humana mirada desde varias perspectivas nos lleva a centrarnos en lo diverso que es el teatro de la vida, cuyas líneas hablan a través de una literatura extensa, para comprobar, una vez más, que establecer relaciones de pareja representa un aspecto determinante en nuestra cotidianidad, que nos atrae desde la adolescencia y nos acompaña hasta decir no más, lo cual incluye, cómo no, la vejez.

Los temas, diversos, excitantes, nos permiten entrar en contacto con las experiencias íntimas, con la vida personal y los sentimientos, que son tomados como materia de estas situaciones, casi siempre tan solo descriptivas: el volcán que erupciona en medio de los girones de piel de un inválido y la suavidad de las entrañas de quien es su mujer; los cuadros emocionales, más que sexuales, de esa primera vez en que un inhabilitado por la guerra es valorado en su hombría, desde el momento que sufrió aquel accidente que lo dejó maltrecho e informe; una infidelidad planeada por una mujer que decidida, desparpajada, enfrenta a un seductor de largo recorrido que ya había intentado, sin lograrlo, atraerla con la carnada de hacerla su confidente. Sin moralejas ni complejos, entendemos de la gracia contenida en esos árboles solitarios que aumentan en verano la luz del mundo. Los encuentros sexuales entre amigos desde la infancia, mejor dicho, entre mejores amigos, una amistad que ha crecido durante toda la vida, ocupa otro de los impulsos relatores. Como de extraño también es la cercana relación entre un estudiante universitario y la empleada doméstica en una pensión de estudiantes; ella sueña con tenerlo siempre cerca, no separarse de esa coyuntura formidable, así no hayan experimentado el placer en la cama.

Si le interesa leer más de Cultura, le sugerimos: Beethoven y Napoleón Bonaparte

Hay un relato abierto que se cierra en la penumbra de una habitación sin salidas formales, de la espera para cuando “él decida venir a buscarla en el cuarto de atrás de la casa”. Solo el amor que crece en el silencio, que pudiera considerarse como una estrategia para provocar el deseo de quien lee. Otra mujer, menuda y pueblerina, protagoniza uno de los cuentos para destacar, pues guarda la cruda sorpresa de los irreprimibles deseos de una maternidad tardía, concretada en una noche de pasión, una seducción en la que se palpa el cansancio de un mar de olas picadas. Aquí el texto presenta otra manera diferente de acercar al lector, que consiste en motivar su condición como expectante. No obstante, sin perversiones eróticas, con un objetivo que se abstrae de la excitación como recurso, Beatriz Mendoza logra una narrativa erótica de manera intensa.

El amor entre parejas del mismo sexo no podía faltar y está por partida doble, entre hombres y entre mujeres. Las historias del placer, las mejores logrados a mi parecer, intentan ser más psicológicas que descriptivas, de manera que no es literatura erótica propiamente lo que en ellos hallamos, aunque se trate de personajes que se encuentran en el mismo espacio como objetos de la seducción, o acaso en virtud de ello, que se penetran desde las miradas mismas, comunicando los sentimientos y las sensaciones que se despiertan. En pocas palabras: son relatos de amor y de sexo, de fuego y placer. Después de una historia común de desperdicio, el lector se encuentra con los deseos de seguir explorando, de dar expresión a las resistencias del placer, en la búsqueda de un buen motivo para disfrutar y para reír, para gozar la vida.

Eso es este libro, “Un mar en calma, y otros cuentos de amor y sexo”, publicado recientemente bajo el sello de Icono, una editorial independiente que se forja su prestigio a partir de buenos libros, como este del cual hoy nos ocupamos.

Comparte en redes: