Retrato de un malogrado

Publicada originalmente en 2006, esta novela anuda los cabos sueltos de la vida de Juan Roa Sierra, supuesto asesino de Jorge Eliécer Gaitán. Un relato tan vívido que produce empatía.

Miguel Torres, director del grupo de teatro El Local, también es autor de ‘Los oficios del hambre’ (1988) y ‘El incendio de abril’ (2012).   / El Tiempo
Miguel Torres, director del grupo de teatro El Local, también es autor de ‘Los oficios del hambre’ (1988) y ‘El incendio de abril’ (2012). / El Tiempo

Las variaciones de la historia son más poderosas —o por lo menos creativas— que la historia oficial. Miguel Torres requirió de esa premisa antes de sentarse a escribir El crimen del siglo, aunque tenía algunos obstáculos. La historia contaba, casi con seguridad, que Juan Roa Sierra había sido el asesino de Gaitán; detallaba, con constancia, que Roa Sierra planeó solo el homicidio y tenía una mente defectuosa, lábil. Tenía en contra también el hecho de que cualquiera que leyera su novela ya sabría el final: Gaitán caería, a medio morir, en la acera de la 7ª con Jiménez, con tres balas incrustadas.

¿Habría algo más que contar? Sí, faltaba por contar el detalle, la minucia, de lo que se encarga la literatura y que no alcanzan ni la historia ni la sociología. Miguel Torres tenía el reto de llenar un grave espacio de la biografía de Juan Roa Sierra, un hombre desconocido, de cuya vida poco se sabe con certeza, cuyas reflexiones existenciales son todavía motivo de especulación. Y lo logra, en muchos sentidos, con sobrado mérito. En El crimen del siglo lo interesante no es el asesinato de Gaitán, sino conocer con imágenes, con hechos, como hace la literatura, el proceso que recorrió Roa Sierra para decidirlo.

De modo que Torres, utilizando una tercera persona cercana a Roa y a quienes lo rodean, entrando en sus mentes de tanto en tanto, retrata al asesino mucho más allá del mito. Torres fija a Roa en su justa medida; está loco y al mismo tiempo ama profundamente su hija. Roa Sierra tiene miedo y rencor a Gaitán, se queja de no tener trabajo pero lo busca con poco ahínco, cree en tesoros escondidos y en el Mohán, siente que es, primero, la reencarnación de Gonzalo Jiménez de Quesada y luego, con el tiempo, de Francisco de Paula Santander. Roa, en El crimen del siglo, no es sólo quien mató a Gaitán y quedó hecho jirones la tarde del 9 de abril de 1948: es, sobre todo, el hombre que se disfraza de Santander frente a un espejo y de repente se ve como un payaso, una mera caricatura de sí mismo, y decide encerrarse días enteros sin hablarle a nadie, ni a su hija, ni a su expareja, ni a su madre.

Y todo eso lo concibe Torres sin tantos circunloquios ni frases filosóficas; la profundidad está en los actos, en la forma en que los enlaza y teje, recordando cada tanto que Roa morirá. Ese final, ya avanzada la lectura, se vuelve misterioso a pesar de la certeza que ya existe. Esas consecuencias, aunque ya muy conocidas, provocan al lector una sensación de iluminación y, a la vez, de oscuridad. Sabemos cómo terminará el libro, pero no sabemos qué hay en medio de ese camino: la decisión de Roa de asesinar a Gaitán por rechazarlo cuando le pidió trabajo, su persecución, la planeación, su arrepentimiento, su encierro final.

Y esa senda tiene, por ejemplo, párrafos extensos y musicales, plenos de detalles de la oralidad de 1948. Ala, chinito, chato, son términos naturales que juegan en ese espacio. El ritmo de Torres recuerda, en algunos pasajes, a Saramago en Historia del cerco de Lisboa, donde utiliza esa misma técnica: una orquesta de incisos y variaciones en la narración.

Alrededor de Roa, por encuentros nada afortunados, se va tejiendo una cerca: de repente no quiere asesinar a Gaitán, pero es obligado; de golpe el lector se siente cercado también, compasivo frente a Roa, que responde sí, señor, ¿lo va a matar?, sí, señor, y que espera a Gaitán y luego se trunca todo y se lo ve, a Roa, en la calle, descarnado, recordando a su esposa, su hija, su madre, y le pesa su vida, la vida de un malogrado.

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@acayaqui

El crimen del siglo será presentado en la Feria del Libro mañana, a las 7:00 p.m., en el salón León de Greiff.