Retrato de una reina

Una sugestiva exposición que estará abierta hasta el 21 de octubre muestra cómo ha cambiado la manera de retratar a Isabel II.

La reina Isabel es quizás uno de los personajes en el mundo que más han sido retratados a lo largo de toda su vida. Para conmemorar su Jubileo de Diamante, la National Portrait Gallery en Londres decidió reunir sesenta retratos de la monarca, en diferentes épocas y estilos, muchos de éstos con un tono irreverente, producidos por artistas de la talla de Andy Warhol, Lucian Freud y Annie Leibovitz.

El objetivo de la exposición, llamada “La reina: arte e imagen”, es claro para el curador, Paul Moorhouse, quien lleva organizándola tres años y quien señala que había una gran expectativa para que se expusieran retratos convencionales. “Desde diferentes caminos, cada artista se ha apropiado, manipulado y reinventado la imagen de la reina, produciendo una nueva iconografía que refleja y ha influenciado las nuevas percepciones que se tienen sobre la realeza”, afirma.

De esta forma, se puede apreciar como durante la primera década de su reinado, los que la retrataron se enfocaron en su elegancia, glamur y juventud. La fotografía realizada por Cecil Beaton el día de su coronación, por ejemplo, es una muestra de la suntuosidad de la monarquía. Isabel luce su capa, su cetro y corona, como sus antecesores de siglos pasados. Las fotos realizadas por Dorothy Wilding también capturan la esencia de pertenecer a la realeza.

Durante los sesenta el mundo experimentó grandes cambios sociales, la imagen pública de la reina fue más informal y se buscó resaltar su papel de madre y cabeza de familia. En la siguiente década, la monarca se acercó mucho más a la gente y la figura inasequible se fue diluyendo. Inclusive la televisión realizó un documental sobre su familia y se vio a una persona que se dejaba tomar fotos desde su barco Britannia, sonriendo, como la instantánea tomada por Patrick Lichfield.

Sin embargo, esa familiaridad y cercanía, según el curador Moorhouse, fue un paso riesgoso que dio pie a una nueva irreverencia que también puede ser vista en la exposición. Es el caso de la portada del disco de la banda Sex Pistols, diseñada por Jamie Reid, en el que se muestra a la reina con los ojos y la boca vendados y un letrero que dice “God Save the Queen”, en 1977, año en el que se celebraba su jubileo de plata. El disco fue censurado por la BBC por comparar la monarquía británica con un régimen fascista y aún hoy en día sigue causando controversia por profanar la imagen de la reina.

En los ochenta, la aparición de la princesa Diana, esposa de su hijo mayor Carlos, le robaría un poco de protagonismo a la reina. Adicionalmente, la intrusión de la prensa amarillista en sus vidas privadas fue una constante durante los años siguientes. En los noventa la situación empeoró y la desintegración de la familia real, que luchaba por recuperar su identidad, se percibía ante la opinión pública. Tres de los cuatro hijos de la reina se divorciaron y en 1997 la princesa Diana falleció en un accidente de carro, lo que generó de nuevo especulaciones sobre el futuro de la monarquía. Ese momento, esa inestabilidad, es capturada por varios artistas como Justin Mortimer que muestra a una reina difuminada y fragmentada, con la cabeza separada de su cuerpo.

En el siglo XXI continúan los cambios y según Moorhouse la pregunta que hay que hacerse es qué representa la reina hoy en día. Cada artista tiene una respuesta y una percepción diferente. Chris Levine, por ejemplo, presenta un holograma de Elizabeth II, realizado en 2007, en el que aparece con los ojos cerrados, casi meditando. Levine no niega el gran afecto que le produce la reina. Por su parte, Lucian Freud pinta a la reina en uno de sus particulares retratos, poco favorecedores, con papada y un aspecto desgastado; mientras que Hew Locke presenta una escultura llamada Medusa, adornada con objetos de plástico, como flores, gorilas y escorpiones. En una entrevista concedida a la agencia AFP, Locke aseguró que él no era ni republicano ni monárquico, pero que se sentía extraño por haber crecido en un país suramericano —Guyana— donde los libros del colegio tenían un emblema de la reina porque eran una colonia británica. “Es extraño. El jefe de tu estado era blanco cuando todo el país era negro”, aseguró.

Después de haber recorrido Escocia, Irlanda y Gales, la exhibición permanecerá abierta en Londres hasta el próximo 21 de octubre.

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