Testimonio fotográfico

Retratos de la otra Colombia

En el Centro de Paz, Memoria y Reconciliación se exhibe la obra del fotógrafo español Álvaro Ybarra Zavala, un testimonio gráfico de la guerra y la paz en el país. El objetivo es convertirla en muestra itinerante en las regiones donde fue concebida.

Álvaro Ybarra Zavala, autor de la obra fotográfica.Óscar Pérez

Hace 15 años, Álvaro Ybarra Zavala llegó al Chocó porque quería ser testigo de la guerra colombiana. Corría 2002, año de la masacre de Bojayá, y en los pueblos del entorno de los ríos Atrato y San Juan estaba enseñoreada la muerte. Lo que vio aquella vez fue el comienzo de una paciente obra fotográfica, complementada en las montañas del Cauca, las selvas del Caquetá y el sur del Tolima, hasta lograr una muestra significativa del fragor de la guerra, las comunidades que la han resistido y las expectativas de que la paz suscrita entre el Gobierno y las Farc germine en un país donde por estos días se hace historia.
Nacido en Bilbao (España), marcado por las secuelas que en el pueblo vasco y en su familia dejaron la guerra civil y la confrontación con ETA, intentó ser abogado, pero pudo más la fotografía y, cuando fue posible, el deseo de recorrer el mundo pisando la historia. Primero en la “salvaje y apocalíptica” Ruanda y después en Congo, constatando con sus propios ojos la violencia contra las mujeres o la barbarie extendida en medio del hambre y los excesos. A su regreso entró a apoyar a la agencia fotográfica francesa Vu y luego ganó una beca en CNN en Estados Unidos. Pero tenía la cuenta pendiente de Colombia.
La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados le dio los contactos; los sacerdotes y monjas de la misión agustina o de la Diócesis de Quibdó el lazo con las comunidades, y desde su primera incursión surgió el guía y amigo que le permitió moverse con seguridad entre actores armados: Jovanny Salazar, un pacifista auténtico que pasa por Bogotá o Medellín brevemente porque prefiere persistir en su vocación social en la Colombia profunda, aquella que justamente muestra Álvaro Ybarra Zavala en su obra fotográfica, ahora convertida en libro y en exposición que puede verse en el Centro de Paz, Memoria y Reconciliación en Bogotá.
Por su consistencia profesional, a instancias de acreditados medios de Francia y Estados Unidos, entre 2006 y 2007 estuvo en Irak y luego en Afganistán, pero apenas cumplió sus compromisos retornó a Colombia. Como siempre a Chocó, aunque después al enclave de Tumaco o a las montañas de Nariño, para constatar el “monólogo de miedo” de sus pobladores o “la ceguera social” a la hora de encarar esos escenarios de conflicto y olvido. Hoy afirma, con absoluta convicción, que “no existe una sola Colombia, existen muchas y todas ellas tienen el mismo denominador común: el deseo de superar la guerra”.
Alguna vez Gabriel García Márquez, al referirse al escenario de sus Cien años de soledad, manifestó que “por fortuna Macondo no es un lugar sino un estado de ánimo”, definición que Álvaro Ybarra Zavala asumió para rotular su proyecto fotográfico, a través del cual quiso documentar “las diferentes verdades que llevan más de 60 años enfrentadas en una encarnizada lucha y que constituyen la base del conflicto que ha vivido Colombia”. Un trabajo que ya se expuso en España y que va a ser llevado a Nueva York y a Cartagena, pero que el autor pretende convertir también en una muestra itinerante por los mismos territorios que la vieron nacer.
Ybarra Zavala quiere llevar su libro y exposición Macondo a las regiones donde hoy avanza la paz entre contendientes que aspira a ver convertida en paz social. En caso de pérdida, a manera de epígrafe, el texto señala lo que debe hacerse con su obra: “Por favor devolverla a la sociedad colombiana”. Y así lo recalca él: “La obra pertenece a este país que quiero ver reconciliado”. La escritora Lauren Walsh, además editora gráfica del libro, reconociendo que la fotografía es una herramienta que ayuda a la memoria, lo ratifica: “El Macondo de Ybarra Zavala ofrece otra posibilidad: la de registrar el pasado, verlo y comprometerse con él”.
No fue fácil que la obra se viera. Estaba previsto que fuera en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, pero sus organizadores desistieron con el argumento de que las imágenes podían generar polémica. El autor tiene su visión: “Prejuicios que respeto. Ahora está colgada en un sitio a donde diariamente llega la gente que debía verla”. El catedrático Germán Rey, directivo de la Fundación García Márquez de Nuevo Periodismo Iberoamericano, que la apoya, escribe en el libro y resume su criterio: “Toda guerra es desalmada. Pero en lo profundo de nuestras memorias es donde residen trazos del alma como los que nos muestran esas fotografías”.