Revisión latente en Colombia: una línea de polvo en el arte contemporáneo

Basada en la revisión histórica del arte colombiano sobre la problemática narco en Colombia realizada por el curador Santiago Rueda, el Museo de Arte Contemporáneo presenta Una línea de polvo: Arte y drogas en América Latina, una muestra que reúne 44 artistas latinoamericanos.

Imagen de la obra de la artista Zorayda Díaz, que hace parte de la muestra 'Una línea de polvo: Arte y drogas en América Latina', que se presenta en el Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá hasta el 7 de diciembre. Cortesía

Las situaciones caóticas están en el cotidiano: en cada hueco de una calle no arreglada por ineficiencia o corrupción, en los rostros disfrazados del descuido de una sociedad, en los ríos tristes y cansados de cargar residuos tóxicos con gran hediondez; en la carente tolerancia humana, la misma que se ignora y con la que es posible conseguir una rutina llevadera. A nivel histórico, Colombia se desborda con hechos de violencia y corrupción durante los últimos cincuenta años, siendo tal vez el narco la eventualidad más nombrada, parodiada, relatada, deformada, diversificada, discutida, controversial en distintas formas y finalmente asimilada; el narco se instaura como posible hecho delator de muertes y problemáticas políticas, económicas, de seguridad pública y ambiental de este país.

Es así que este tema dentro de las expresiones artísticas como el cine y la literatura se percibió como una verdad no contada. Con la chispa artística que los caracterizan, se han llevado grandes reconocimientos a nivel mundial gracias a un tema latente y colombiano casi imposible de combatir. Partiendo de esta premisa, en las artes visuales su aparición se logró de manera tardía. Es desde este incidente que el investigador y curador Santiago Rueda, en el 2008, logró crear una revisión en el arte sobre el narco como punto de partida para la creación artística.

“Más que un ensayo teórico, este es un texto histórico y debe ser considerado como tal (…), entendiendo que la función del historiador de arte es la de ser, siguiendo a Vitor Serrao “un intérprete político comprometido con el futuro”. Este texto intenta hacer real dicha demanda de tomarle el pulso al presente”, redacta Rueda en el texto ganador al Premio Ensayo Histórico, Teórico o Crítico sobre el Campo del Arte Colombiano 2008, titulado ‘Una línea de polvo: Arte y drogas en Colombia”, ensayo con que inspira la actual exposición en el Museo de Arte contemporáneo y que ha estado en distintas latitudes latinoamericanas no solamente, evidenciando el arte colombiano que gira en torno al tema narco, sino permitiendo diálogos trasversales que aseguran la incidencia en Latinoamérica y que desde el arte, encuentra una ranura para manifestar las cuestiones que se encuentran frente al tema.

Si un historiador de arte está comprometido con el presente, el artista, según la perspectiva de Rueda, consigue interpretar desde una conciencia de libertad su modo de entender el mundo, y desde el tema que se pone sobre la mesa, consigue buscar historias en concreto desde los años noventa, en los que se empiezan a conocer obras de carácter político de artistas como Miguel Ángel Rojas, Fernando Arias, Wilson Díaz, Víctor Escobar, Leonardo Herrera, entre otros.

“En el 2011 se me ocurrió llevar esta investigación a una muestra antes de que alguien más lo hiciera, y personalmente estaba dejando de ser un investigador para volverme un curador”, explica Rueda, quien comienza a convertirse en curador a partir de este ensayo en el 2008, investigación que lo llevó a Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, México y Uruguay con los once artistas que componen la revisión artística en su ensayo, pero que para la actual muestra titulada ‘Una línea de polvo: Arte y drogas en América Latina’ , la conforman 44 artistas.

En el MAC de Bogotá, el primer y segundo piso se disponen a relatar de manera poco usual los proyectos artísticos que aquí se exhiben. Con humor, y en ocasiones de manera soterrada, los artistas buscaron hablar sobre la cocaína, su producción, efectos, resultados y raíces en las distintas posiciones frente a la legalización de las drogas en el país con trabajos como el del artista colombiano Fabián Montenegro, ‘Proyecto Snow’, una empresa constituida de manera legal pero que atribuye su creación de manera jocosa a los elementos que se destacan en el consumo de drogas (obra que ha estado acompañando a Rueda desde la creación de la exposición en el 2011). En el proyecto de calle de Christian Abusaid, el artista hace referencia a una planta alucinógena en grandes carteles de colores vivos con su nombre científico: Datura Innoxia. Por otro lado, se exhibe la obra de la artista colombiana Sofía Reyes con ‘Antes/Después’, quien tras tener una adicción a la heroína, pierde a su novio y hace un relato casi autobiográfico mediante pequeñas frases sobre madera.

El artista colombiano Alberto Baraya, a partir del paisaje y la pintura, logra escenificar a los animales exóticos, propiedad de mafiosos y narcotraficantes, en un estado que tiene que ver con elementos políticos, culturales, ambientales y económicos. El artista boliviano Alfredo Román presenta dos proyectos: en uno, representa el escudo de un partido político que dice ‘cambio cocaína por azúcar’, mientras que en una camiseta se manifiesta ‘tu cocaína es mi progreso’. “La coca en Bolivia es una planta sagrada y enfrenta una crisis en medio de esta guerra que es pertinente nombrarla”, explica el curador.

Los 44 artistas que allí se encuentran, manifiestan episodios históricos en Colombia y en Latinoamérica de un estado omnipresente y latente que, a partir del arte, dan cuenta de cuestiones sin respuesta, manifestaciones subjetivas vividas en carne propia, el valor a las tradiciones siendo este un punto de partida que apreciar y por supuesto, a los notorios resultados y consecuencias que desatan un sinnúmero de protuberancias negativas que afectan a la sociedad (la violencia, el daño ambiental y la corrupción son solo algunas de ellas). Es por eso que las artes dan cuenta reconstruyendo la historia, pero haciendo paso a un futuro no muy lejano con el que sus obras puedan ser el punto de partida. Como lo que manifiesta Rueda: “la investigación ha continuado pero en un campo más que teórico e histórico, a un campo activo que es la curaduría y las exposiciones que son como una especie de lucha activista”. El desarrollo de esta investigación se mantiene en curso mientras que por lo pronto la exposición estará abierta al público hasta el 7 de diciembre.