Revivió el vampiro nacional

Aprovechando la superstición y el miedo que envuelven a la fecha, el pasado viernes 13 de octubre en la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, se realizó el lanzamiento mundial de la versión restaurada de Pura sangre, el clásico de 1982 con el que Luis Ospina estableció para siempre al vampiro nacional por excelencia.

Archivo particular

Una noche de cielo despejado y frío intenso, acompañada por un buen canelazo hirviente y crispetas en la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, fueron el escenario perfecto para el estreno mundial de la versión restaurada de Pura sangre, producción que se proyectó en la gran pantalla por primera vez en 1982, generando polémica en los espectadores colombianos y posicionando a su director, Luis Ospina, como uno de los grandes cineastas nacionales de todos los tiempos. Este re lanzamiento se realizó como parte de las actividades de la tercera edición del Bogotá International Film Festival –BIFF-.

Precisamente Ospina, junto a uno de los actores de la película, Humberto Arango, y Rito Alberto Torres, subdirector técnico de la entidad cinematográfica, hicieron la presentación para los asistentes, recordando los hechos y elementos en que se inspiró la producción, las revueltas que causó ésta, y dedicando la restauración al director de fotografía, el cubano Ramón F. Suárez, quien nunca pudo ver su trabajo recuperado a través de la digitalización pues falleció hace poco menos de un año.

Pura sangre relata cómo la extraña enfermedad de un magnate azucarero ha hecho que éste tome una apariencia macabra, similar a la de los vampiros de los cuentos de terror, pues además la afección le demanda continuas transfusiones de sangre de jóvenes muchachos, para lo cual su hijo encontrará una retorcida solución; la historia se inspiró en el denominado “Monstruo de los mangones”, un hombre que atormentó a la sociedad caleña de las décadas de los 60 y 70, causando la muerte de alrededor de tres decenas de niños, a quienes abandonaba en terrenos baldíos después de violarlos y asesinarlos.

De igual modo, la producción toca otros temas como la corrupción y el narcotráfico que en ese momento comenzaba a vivir su furor en el país. Posiblemente, por incluir elementos de realidad en una ficción que mezcla el horror con el humor negro al mejor estilo del cine clase b, la película fue tan polémica. Inclusive, Humberto Arango recordó para el público como en un teatro en Medellín hubo una revuelta al final de la proyección de tal magnitud, que ese carrete de material fue destruido, pues en pantalla “se habían visto muchos homosexuales”.

La película es un homenaje al legendario escritor, artista y cinéfilo Andrés Caicedo y contó con la participación de otro pionero del cine nacional, Carlos Mayolo, en el papel del cínico conductor, cuyo nombre solamente puede calificarse como una paradoja, Perfecto. Estos dos cineastas y artistas, junto al director Luis Ospina, son conocidos como los fundadores de El Grupo de Cali y cambiaron para siempre la cultura del país en los años 70’s y 80’s, creando algunas de las obras de su séptimo arte más relevantes, incluida ésta, que fue el primer largometraje de ficción del director quien hoy en día está casi completamente volcado al documental, y que se vio digitalizada y revivida gracias a la labor de Patrimonio Fílmico.

Pura sangre le mostró al país de 1982 su realidad a través de una ficción que instauró al Drácula criollo, y la sociedad de ese entonces no estaba preparada para verla. 35 años después, fue un deleite observar en pantalla nuevamente a los jóvenes Humberto Arango, Carlos Mayolo y Florina Lemaitre, entre otros actores, hablando a través del humor negro sobre la inseguridad de un país que hoy en día, tres décadas después, aún batalla contra la violencia. Con las estrellas de un viernes 13 como testigo, Ospina reafirmó que sus películas son atemporales y son un tesoro de la cinematografía nacional.